DOMINGO 3 DE SEPTIEMBRE DE 2017

XXII DOMINGO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA: JEREMÍAS 20,7-9: Las palabras del profeta dejan entrever que la gracia y la fuerza del Señor son más fuertes que sus propios problemas, cuando dice: “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido”.

El profeta quiso callar, dejar su misión, no anunciar más a su pueblo la injusticia y la opresión, no ser más el profeta del Señor, pero le era imposible, por ello expresa: “No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre”, pero le era imposible, porque había en su corazón una fuerza Divina que lo acompañaba e impulsa como fuego ardiente a seguir anunciando la paz. Que la presencia del Señor cubra nuestro ser, para seguir el ejemplo del profeta, continuar adelante, aún en las dificultades más grandes de la vida.

SALMO 63, 2-6,8-9: El pueblo de Israel no se cansaba de buscar a su Dios porque había descubierto la importancia de su amor, por ello exclamaba: “pues tu amor es mejor que la vida, mis labios te glorificaban, así quiero en mi vida bendecirte, porque tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas; mi alma se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene”. Sintamos con el Salmista, que por encima de los problemas está el anuncio del Evangelio.

SEGUNDA LECTURA: ROMANOS 12,1-2: El hacer la voluntad del Señor y entender que Él es bueno, agradable y perfecto, nos ayuda a dar gracia y aceptar los consejos del Apóstol Pablo cuando dice: “Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, Santa, agradable a Dios”.
Que en este domingo, día del Señor, cada uno de nosotros, con la gracia del Señor transformemos nuestras vidas y la de los demás, porque de esta forma agradamos al Señor.

EVANGELIO DE SAN MATEO 16,21-27: Jesús le indica a los discípulos la importancia del Sufrimiento aceptado con amor, para luego resucitar a la vida de gloria y les anuncia su dolor, muerte y resurrección al tercer día, poco entendido por Pedro. Dice el texto que Pedro lo tomo aparte y se puso a reprenderlo diciéndole:
“¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!”. Lo que Pedro no esperaba era la reacción de su maestro: “¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!”.

A muchos de nosotros nos cuesta entender, que la salvación ofrecida por Cristo fue en la cruz y la resurrección y no en los milagros, no en el dinero, no en el placer. El día en que lo entendamos, ese día tomaremos la cruz, seguiremos al Señor y renunciaremos a muchas cosas, porque el mensaje es claro: “¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”. Pidámosle al Señor que nuestros pensamientos y acciones sean los de Dios y no los de los hombres.

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