15 DE OCTUBRE

XXVIII DOMINGO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA: ISAÍAS 25,6-10: El profeta Isaías en este texto utiliza dos términos muy importantes para el pueblo de Israel: Monte, que significa cima, llegada, triunfo y Banquete que significa comunión, salvación. En el marco de estos dos términos hace el anuncio a su pueblo de lo que recibirán si siguen a su Dios: “Enjugará el Señor las lágrimas de todos los rostros, quitará el oprobio de su pueblo, nada les faltará y serán librados de la muerte”.
Si cada ser humano entendiera que su meta es la cima, llegar hasta Dios, no dudaría en amar, vivir y celebrar el verdadero Banquete, la Eucaristía, en la cual, Cristo seca nuestras lágrimas, nos bendice, nos libre de la muerte y nos introduce al reino de su gloria.

SALMO 23,1-6: Cuando los problemas quitan la paz, al orar con el salmo 23, la paz y la confianza retornan al corazón. La invitación es a contemplar la misericordia de Dios en este maravilloso salmo y entender que “El Señor es mi pastor, nada me falta. Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce, y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre”.

SEGUNDA LECTURA: FILIPENSES 4,12-14,19-20: Sin duda alguna, una de las frases más profundas del Apóstol Pablo es: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Frase pronunciada después de haber soportado hambre, cárceles, pero en todo momento sintió la presencia del Señor y la compañía de los hermanos en la fe, a quienes agradece por haber compartido con él las tribulaciones y los invita a poner la confianza en el Señor, teniendo la certeza que él los proveerá de todo lo que necesitan.

EVANGELIO: MATEO 22,1-14: La parábola del banquete es una invitación a que todos participemos de él, del reino de los cielos, a vivir y a disfrutar de la vida junto a El. A dicha invitación no obliga a nadie, ni presiona, el que llega es porque ha descubierto la ternura y la grandeza del banquete.

“Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda. Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron”.

Sin duda alguna el banquete al que Cristo nos invita a través de este Evangelio es a la Eucaristía y de manera especial la dominical, pero ¿cuántas veces la rechazamos sacando miles de escusas?. Que hoy el Señor nos de la gracia de participar siempre del banquete Eucarístico y estar siempre revestidos del traje de la boda para no ser rechazado, como lo indica el Evangelio. “Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”.

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