8 DE OCTUBRE

XXVII DOMINGO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA: ISAÍAS 5,1-7: Este cántico del profeta a su pueblo, cántico de amor, se convierte en tristeza y desolación, porque esperó con ansias el fruto de su viña, sus uvas, pero a cambio dio agraces. El profeta esperaba de su pueblo justicia y honradez y lo que veía era iniquidad y alaridos. “El profeta esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos”.
Cada vida es un don, un regalo de Dios, dada gratuitamente con amor y por amor, y el Señor espera de cada una, frutos de paz, amor, perdón, fe y esperanza. Mira tus frutos, y si estos corresponden al querer de Dios, estas por el buen camino y tendrás vida eterna.

SALMO 80,9, 12-16,19-20: El pueblo de Israel, arrepentido de sus pecados oró a Dios diciendo: “¡Oh Dios, vuélvete ya, desde los cielos mira y ve, visita a esta viña, cuídala, a ella, la que plantó tu diestra! Ya no volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos. ¡Oh Dios, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos! La invitación es al arrepentimiento, a volver la mirada a Dios, a amar la vida y a dar frutos de verdaderos hijos de Dios.

SEGUNDA LECTURA: FILIPENSES 4,6-9: El apóstol está invitando a la comunidad cristiana a no preocuparse, a no dejarse quitar la paz por los problemas, a no dividirse, sino a estar unidos en la oración, súplica, acción de gracias y peticiones, aprendiendo cada día de los hermanos en la fe, teniendo la certeza, “que el Dios de la paz estará siempre”, con cada uno de sus hijos, y, además, “custodiará nuestro corazón, porque él supera todo conocimiento”.

EVANGELIO: MATEO 21,33-43: En la parábola de la viña, a los siervos y al hijo del dueño de la viña, los labradores, después de apedrearlos y golpearlos les quitaron la vida. Con facilidad reconocemos que los siervos son los profetas y que el hijo de la parábola es Jesús. Dios Padre, en su infinito amor por su pueblo, no sólo envía sus profetas, sino también a su hijo amado para salvar a todos los hombres de todos los tiempos, pero el pecado no les permitió reconocerlos.
La parábola deja claro que esos labradores, cuando venga el dueño de la viña, recibirán el castigo: “A esos miserables les dará una muerte miserable, arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo”. Recordemos que del Señor venimos y que a Él debemos volver con un corazón lleno de frutos y que la Iglesia, a través del Papa, los obispos y ministros nos ofrece con sus sacramentos, la verdadera sabía para poder dar los verdaderos frutos.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*