¿QUÉ NOS DIJO EL PAPA A LOS COLOMBIANOS?

Queridos amigos lectores en la pasada visita apostólica de su Santidad Francisco, nos recordó lo que somos: hijos de Dios e hijos Iglesia; por otra parte nos invita a evangelizar, a dar esperanza y alegría, promover la humanidad, sanar el corazón, reparar las relaciones con el prójimo, con la creación y con Dios, no alejarnos de Él y reconstruir el tejido social desde la paz.

Una visita bastante cercana, llena de ternura y afecto. Nos habló del deseo de vida y de paz en los rostros de millones de jóvenes reunidos en la plaza de Bolívar en Bogotá.
El Papa con sus gestos nos enseñó a apreciar la vida, la importancia que tiene “cuidarla en cada persona, porque todos somos importantes y responsables los unos de los otros. Rompiendo con la frontera mental de muchas personas que comparten la cultura de lo provisional y egoísta. El lenguaje de su Santidad es cercano, de amigos en Cristo.
Los colombianos tenemos la misión de ser las manos y los pies del Cristo mutilado de Bojayá para acoger, trabajar por los pobres y necesitados. Este es un camino abierto porque “Cristo es más fuerte que el odio” Debemos de vencer el odio. Jesús sale a la calle a encontrarse con su pueblo, no los deja solos, los acompaña, les enseña a cargar la cruz con alegría y esperanza.
Descubrir el sentido y significado del dolor y del sufrimiento contemplando los azotes de Cristo; tomar la sabiduría de la cruz y el dolor, es la verdad del amor, sin sacrificio no hay victoria. Levantando al pueblo invisible de la calle, le ha dado voz a la vulnerabilidad y debilidad del pueblo humilde de Colombia, “La Iglesia de los pobres”.

La iglesia está muy presente, está viva, tiene la fuerza del Cristo Resucitado. La Iglesia está en el corazón de los colombianos, un pueblo que sufre mucho, que llora, es humilde, es tocado por las manos fuertes de Dios, acariciado por su ternura y misericordia. La Iglesia acompaña, orienta y ayuda a que los deseos del corazón Colombiano lleguen a su plenitud y a la Paz.
Al ver tantos niños que eran levantados para que recibieran la bendición de su Santidad, fue un signo de Dios, que indicaba que sí hay futuro y esperanza en la Iglesia.

Dios es más fuerte que el mal, el odio, la venganza. Colombia tiene sed de esperanza. Colombia tiene sed de un futuro diferente y gracias a su Santidad Francisco recordó la fuerza, la capacidad para construirla, sanarla y que no está sola. El Papa nos lo dijo: ‘No están solos, somos muchos que queremos acompañarlos hacia un futuro mejor.

Los sentimientos del Papa son los sentimientos de Jesucristo, lo expresa con la gente que ha sufrido, pero no es un sentimiento inútil. Esto ayudó a entrar en el corazón de Colombia, a percibir y a sondear la profundidad del dolor, del amor. Dios está en el corazón y tiene una fuerza mayor que la del odio.

El Papa ha sido un peregrino de fe, no solo tocó la tierra de Colombia, tocó el corazón, un peregrino de esperanza y caridad. Es un peregrino que empujó a Colombia a la unión con Dios, con el prójimo y la creación.

Un peregrino que dejo sembrado en el corazón la semilla de la paz, que ha esparcido la gracia de Dios, el perdón y nos ha dejado una herencia de gestos, sentimientos de Cristo, toda una teología de la dulzura, de la ternura, del amor y el perdón en los hermanos, con varias frases y en diferentes ciudades que les quiero recordar a continuación

“Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso”
En Bogotá nos habló de la Vulnerabilidad, con los niños y jóvenes de la calle recordando el cambio mental, social y cultural. Con una fuerte frase “¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan! ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande!”. Y la otra “No se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza”

Con la clase dirigente y los Señores Obispos “Los animó a dirigir la mirada a los que están excluidos y marginados en la sociedad actual, los que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados. Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad. Esta no se hace solo con algunos de ‘pura sangre ‘, sino con todos”
En Villavicencio habló de la Reconciliación, la sanación del corazón, de perdonar al que ha cometido delito e injusticia, reparar los daños cometidos al prójimo y a la creación por el alejamiento de Dios.

Indicó: “Sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brille la justicia y la paz”

“La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”
En Medellín el Espíritu Santo sacudió a la Iglesia Colombiana, la movió en su corazón, a ser una Iglesia dinámica que no se encierre, ni se enferme cerrando sus puertas a la Fuerza del Espíritu Santo.
“Ahora también la Iglesia es ‘zarandeada ‘por el Espíritu para que deje sus comodidades y sus apegos. La renovación no nos debe dar miedo”
“No podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales” El diablo entra por los bolsillos al corazón y a la mente de las personas.

En Cartagena todo se centró en lo esencial, en reconstruir los Valores éticos, morales y espirituales de Cristo que la sociedad Colombiana a olvidado. Con una herida en su ceja nos recuerda que también nos estrellamos con la realidad social de nuestro país, pero que la Iglesia puede ser accidentada o manchada por evangelizar, por la promoción humana pero nunca que se encierre, se arrincone, se enferme por quedarse en un estado de confort, en un estar bien. No más discriminación, exclusión, humillación, rechazo; todos somos importantes del más niño al más abuelo. La Iglesia, la parroquia es una familia donde se quiere y se vive, es el milagro de Dios.
La frase que más resalto y con la que cierro, es la que repitió de Gabriel García Márquez “Este problema cultural no se arregla ni con plata ni con plomo”, es con Dios, para El nada es imposible.

Lisandro Andres Cárdenas. Pbro

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