Bodas de Plata sacerdotales:

Pbro. Orlando Salazar Duque

El 18 de febrero de 1960, una humilde pareja de esposos campesinos, Laura Rosa Duque y Manuel Salvador Salazar, darían a luz a un hermoso bebé de ojos grandes y azules, cabello oscuro y piel clara, el quinto de una numerosa familia, a quien le darían el nombre de Orlando Salazar Duque. Un nuevo integrante de la familia del que nunca imaginaron se convertiría en un importante hombre que marcaría huella.

Desde su niñez, inquieto, algunas veces rebelde, travieso, lleno de sueños, siempre líder, siempre con su mirada puesta en el horizonte, lleno de la serenidad y humildad que las tierras campesinas del oriente antioqueño impregnan en los que crecen en ellas.
A pesar de la enfermedad que siempre agobió a su padre, y la pobreza que abordaba su hogar, entre el esfuerzo y el trabajo consagrado de sus padres, inició fervoroso sus estudios de primaria en la Escuela del Valle de María.

A la edad de 14 años, se presentó un suceso que marcaría su vida: la muerte de su padre. Sólo habiendo cursado tercero de primaria y con 8 años, se había visto obligado a abandonar el estudio en la escuela, para buscar la forma de emplearse en las labores del campo. Con el fallecimiento del padre, las monedas que ganaba eran para ayudar a su madre y sus hermanos en el sustento diario, pues eran diez hermosos seres que, desde muy pequeños, quedarían sin su figura paterna. Blanca, Jorge, Rubiela, Nubia, Orlando, Álvaro, Marta, Lucely, Víctor y Toño. Fue así, como en medio de una crisis cargada de humildad, y cobijado por el inmenso amor de una familia que creció en la honestidad y la oración, unida, además, por una maravillosa madre que nunca desfalleció, transcurrieron 10 años.

Sin embargo, él siempre se conservó inquieto ante la vida y ante Dios; siendo ya un adolescente asistía a grupos de oración realizados en la vereda, donde sintió el llamado de Dios a la vocación del sacerdocio.

Con las orientaciones del párroco, Monseñor Francisco Gómez, a la edad de 18 años, terminó la primaria en la modalidad nocturna; tiempo en el que se convenció de sus deseos por continuar una vida en el Señor, conservando su característica personalidad cargada de liderazgo, inteligencia y una gran facilidad para hacer amigos.

Con la ayuda de Monseñor Francisco Luis Gómez, ingresó al Seminario Campesino Cristo Sacerdote de Yarumal (Antioquia), Colombia, para “vocaciones tardías”, donde cursó y aprobó los estudios secundarios y filosóficos; luego paso al Seminario Conciliar de Santa Rosa de Osos, donde cursó el primero y segundo año de teología, concluyendo sus estudios teológicos en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Sabiendo superar las dificultades que se presentaron en el camino, terminó su formación sacerdotal y el 16 de octubre de 1992, a los 33 años de edad, recibe su ordenación sacerdotal en la Catedral Nuestra Señora del Rosario del Espinal, Tolima, por imposición de manos del excelentísimo Monseñor Abraham Escudero Montoya, quien siempre creyó en él.

Esa misma noche viajó con toda su familia a Santuario Antioquía, a celebrar su primera Eucaristía en la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá, donde impartió el sacramento de la comunión a muchos de sus sobrinos, retoños que ya formaban parte de su historia, en el Santuario Antioquia, la tierra que lo vio nacer y que fue testigo entre el azadón y los cultivos, de los profundos deseos de cumplir su vocación.

De este modo, dio inicio a un largo camino de obras que se materializaron con la construcción de su primera parroquia en Flandes, Tolima, “Divino Niño Jesús”, y los otros templos de los que ha sido gestor y partícipe en el hermoso departamento del Tolima, con la importante presencia y ayuda de Monseñor Abraham Escudero Montoya, que descansa en paz, Monseñor Pablo Emiro Salaz Anteliz, hoy obispo de Armenia y en este momento, Monseñor Orlando Roa Barbosa.
Se valora al Padre Orlando como un hijo, hermano, tío, compañero, amigo y, sobre todo, servidor del Señor, quien se ha encargado de impulsar el progreso y desarrollo de su familia, creyendo en sus capacidades, intercediendo por sus oportunidades y siendo testigo primero de lo que hoy llena de orgullo mencionar como la Familia Salazar Duque. Asimismo, ha sido partícipe de todos los logros familiares y los sacramentos de la segunda y tercera generación.

En estos 25 años de sacerdocio, el orgullo llena los corazones, al tener a un ser tan importante, empeñado en seguir soñando, persistente en sus propósitos y con un inmenso crecimiento espiritual pastoral y sacerdotal. Pero, sigue para él, un largo camino por continuar porque… “Antes de darte la vida, ya te había escogido, antes de que nacieras, ya te había yo apartado, te había destinado a ser profeta de las naciones”. (Jeremías 1,5).

Leidy Catalina Duque Salazar,
Abogada (Sobrina)

PALABRAS DE  SU SOBRINO ANDRES, PARA SU TÍO SACERDOTE  ORLANDO

Agradecemos a todos los presentes por poder compartir esta ceremonia tan importante para nuestra familia. Damos infinitas gracias a Dios por tener la oportunidad de celebrar estos 25 años de vida sacerdotal de nuestro querido José Orlando, años cargados de emociones donde hemos sido testigos de ver la manera como ha dedicado su vida al servicio de los demás, una persona siempre dispuesta a la escucha en todo momento para poder brindarnos el mejor consejo, la guía oportuna y sobre todo regocijarnos de Dios en el corazón.

Hay muchas maneras de las cuales nos podemos referir a Orlando: ya sea como el amigo, el hermano, el primo, el padre, el tío. Aseguro que es una persona a la cual podemos admirar y querer demasiado, pero en algo en lo que todos podemos coincidir es en que representa muchos sentimientos buenos y que logramos aprender mucho de él, sobre todo de cómo debemos tener a Dios en el corazón y en la vida.

En mi caso no tengo recuerdos de lo que era mi vida antes de estar en la ciudad, solo que el cambio tan fuerte que dieron mis padres fue una respuesta arriesgada para poder tener un mejor estilo de vida con muchas más oportunidades, ahora solo logro observar a mi alrededor de lo que está hecha mi familia: personas trabajadoras como siempre lo han sido, pero con una visión y una misión mucho más grande e inclusive sobrepasa nuestras fronteras y es capaz de juntarse con culturas extremadamente distintas.

Quiero que nos podamos transportar a lo que fue el comienzo de esta familia, un pasado lleno de dificultades muy fuertes, pero Dios sabía que estábamos hechos para cosas muy grandes; pero que íbamos a necesitar de un líder, esa persona que nos iba a guiar en nuestro día a día, por eso el hecho que hoy podamos tener una calidad de vida mucho mejor es posible gracias a ti, Orlando. Porque has sido ese guía espiritual y personal, esa roca tan fuerte que hace que esta familia nunca pierda la esencia ni las ganas de cada día ser mejor.

Estoy seguro que no hay ninguna persona en este templo que no se sienta agradecido porque en algún momento necesito de esa voz de ayuda y de aliento que solo tu pudiste dar de manera precisa y oportuna. Dios te puso en nuestra vida y por eso esta es una pequeña manera de agradecerte.

Es un día de felicidad, unión y sobre todo de celebración por estos 25 años de vida al servicio de los demás, en los cuales estamos deseosos que sea algo inolvidable para ti como lo has sido en nuestras vidas.

Esto es poco para lo que te debemos, pero es la manera más simbólica de agradecerte por el bien que le has hecho a nuestras vidas. Gracias.

Andres Ferny Salazar Jiménez.
Comerciante(Sobrino)

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