EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN Y CANONIZACIÓN

La santidad, la perfección, es necesaria para entrar al cielo, es una tarea de todos los días, se alcanza obviamente con la ayuda de Dios, y sin Él es imposible llegar a ser santo. La santidad es un mandato divino inscrito en el corazón del hombre y testificado en las Sagradas Escrituras, ‘Porque yo soy el SEÑOR vuestro Dios. Por tanto, consagraos y sed santos, porque yo soy santo’ (Levítico 11,44).

Es conveniente saber que la Solemnidad de todos los Santos fue instituida por Gregorio III (731-741), tras haber consagrado una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los santos y habiendo fijando el aniversario para el 1 de noviembre. Solemnidad que Gregorio IV extendió para toda la Iglesia, a mediados del siglo IX. Sea la oportunidad para mirar brevemente el proceso para reconocer la Santidad en la Iglesia Católica.

La Iglesia por mandato de Cristo, su Fundador tiene el poder de las llaves, es decir la autoridad, para “atar y desatar” (cf. Mateo 16,19 y 18,18), para ayudar a toda persona de buena voluntad a ver el rostro de Dios. Ella misma por el poder de las llaves estable modos a través de los cuales, se reconocen las virtudes heroicas de algunos fieles que se han santificado de tal modo que, al exaltarlos muchos recibirán ejemplo y ánimo para glorificar a Dios con su vida. Esto desde hace ya algunos siglos lo hace a través de un proceso, que tiene las etapas de: Siervo de Dios, Beatificación y Canonización.

El Canon 1403 declara que el proceso que se sigue en las causas de canonización se rige por una ley especial: Canon 1403 § 1.
En una causa de canonización de un fiel, se desarrollan varios procesos. En primer lugar, se debe proceder a la beatificación, que a su vez -normalmente- requiere dos procesos, uno de virtudes heroicas y otro por el que se declarar probado que Dios ha obrado un milagro por intercesión del fiel que se pretende beatificar. Una vez beatificado, para proceder a la canonización se debe declarar probado un nuevo milagro por intercesión del beato.

FASE PREVIA AL PROCESO DE BEATIFICACIÓN

La Iglesia pide que se introduzcan causas de beatificación de fieles que hayan fallecido con fama de santidad, y que ésta sea constante y difundida en diversos lugares. Por ello, para introducir una causa de beatificación se exige que transcurra cierto plazo. El Derecho exige actualmente que haya transcurrido un plazo de cinco años desde la muerte del fiel, y que no hayan pasado cincuenta años.
Existen dos vías para la beatificación: se puede introducir un proceso de beatificación por virtudes heroicas, o bien se puede empezar un proceso de martirio. Los recorridos procesales, en ambos casos, son distintos.

En todo proceso y también en el de beatificación y de canonización- hay un actor, que es quien asume la responsabilidad de impulsar el proceso hasta terminarlo. Puede ser actor del proceso de beatificación cualquier persona, física o jurídica, aunque en estos procesos, dados los grandes plazos de tiempo que se requieren, lo normal es que sea una persona jurídica: una diócesis, la familia religiosa a la que pertenecía el fiel, etc.

El tribunal competente para iniciar la causa de beatificación es el del lugar en que ha fallecido el fiel (Normae, 5, a). El postulador ha de presentar una biografía del fiel, todos los escritos del fiel -publicados e inéditos, como cartas, notas de conciencia, etc.- y una lista de personas que puedan testificar sobre la vida del fiel. También ha de añadir las razones que avalan la petición: difusión de la devoción privada, atribución de favores por su intercesión, etc.

Una vez introducida la causa por el actor, el Obispo ha de designar censores teólogos que examinen los escritos del siervo de Dios, los cuales deben certificar que en ellos no se contiene ninguna doctrina contraria a la fe y a las buenas costumbres. Una vez examinados los escritos, y si el examen de los escritos es negativo (no hay nada contrario a la fe y las buenas costumbres), el Obispo debe tomar la decisión de abrir o no el proceso. Si decide que la causa de beatificación se inicie, promulga un decreto por el que constituye un tribunal, nombrando al menos un juez y un promotor de justicia. En el decreto el Obispo ordena también la recolección de pruebas y de testimonios.
Si la causa es de martirio, se centrará en el momento de la muerte del siervo de Dios, pues se trata de demostrar que murió por odio a la fe. No importarán, por lo tanto, el modo de vivir las virtudes heroicas. Las pruebas que se han de aportar se referirán, por lo tanto, al momento de su muerte.
Una vez constituido el tribunal, en él se interrogan a los testigos, los cuales preferiblemente deben ser de visu (de vista); si no existen, o alguno aporta datos importantes, se pueden proponer testigos ex auditu (de oído). Se deben proponer un número notable de testigos que no pertenezcan al mismo Instituto de vida consagrada del siervo de Dios, si es el caso, y también a personas contrarias a la causa.

Una vez terminada la fase probatoria, se redacta un documento en el que se examinan los datos recogidos (la llamada positio) y se envían todas las actas a la Congregación para las Causas de los Santos.

EL PROCESO DEL MILAGRO

Se considera milagro, a estos efectos, un hecho que no es explicable por causa naturales y que se atribuye a la intercesión de un siervo de Dios. La mayoría de los milagros son de naturaleza médica, pero es posible investigar milagros de otro tipo.
Sólo serán relevantes los milagros que bajo ningún aspecto pueda ser explicable por causas naturales. En el caso de las curaciones, por ejemplo, se debe descartar una curación por causas médicas que aún no se explican, pero quizá algún día se conocerán. El postulador deberá buscar asesoramiento de un buen médico con recto criterio antes de iniciar el proceso.

LA CANONIZACIÓN

Por canonización se entiende el acto pontificio por el que el Santo Padre declara que un fiel ha alcanzado la santidad. El proceso de canonización es uno de los procesos especiales que están regidos por una norma específica. Por la canonización, se autoriza al pueblo cristiano la veneración del nuevo santo de acuerdo con las normas litúrgicas. La canonización actualmente es un acto reservado exclusivamente a la autoridad pontificia. El acto de canonización se suele celebrar en una Misa presidida por el Papa, y constituye una de las ceremonias más solemnes de la Iglesia Católica.

P. Antonio Devia Méndez
Vicario Judicial

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