¡SANTA MISA EN MÍ PARROQUIA, CELEBRACIÓN DE LA PASCUA DEL SEÑOR!!!

Cada vez que nos damos cita para una reunión, cada uno de quienes participan en dicho encuentro, saben a lo que van y al mismo tiempo se adecúan para lo que va a ser la conmemoración de un acontecimiento de vida pasado pero que aún tiene sus repercusiones.

La Santa Misa es el espacio sagrado donde por bondad de Dios participamos de una parte del cielo en la tierra. Es el actualizar la Última Cena del Señor con sus discípulos, allá en el Cenáculo de Jerusalén, pero también es Anunciar su Pasión, Muerte y Resurrección. Es una clara invitación a constatar que el Amor de Dios no son palabras, es vida concreta, es entrega, es anuncio perenne de salvación.

A todo lo anterior lo podemos llamar celebración litúrgica, es el acto que evoca y hace presente, mediante palabras y gestos, la salvación realizada por Dios en Jesucristo con el poder del Espíritu Santo. A su vez, comporta unas dimensiones propias que bien comprendidas son las que nos enseñan a interiorizar la serie de ritos y oraciones que hacemos en cada cita sagrada de la Santa Misa.

En la celebración litúrgica, que canta el Misterio de la fe cristiana, hay que aprovechar tres dimensiones fundamentales que permiten dar sentido integral a todo lo que hoy hacemos en la Santa Misa, así, tendríamos una mejor oportunidad para vivir el misterio de la fe, a saber: La Pasión, La Muerte y La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Las dimensiones las podemos resumir en:
a) Dimensión histórica: En la base del hecho de la primera alianza encontramos la Pascua, un acontecimiento históricamente bien situado: “El Señor nos sacó de Egipto con mano poderosa y brazo extendido…” (Dt 26, 8), y vivido en primera persona por los presentes: “Vosotros habéis visto con vuestros propios ojos lo que hice en Egipto…” (Jos 24, 7).

En la celebración de la Nueva Alianza intervienen elementos históricos que salvan en la Pascua. Adquieren un papel fundamental en la conmemoración que reactualiza la iniciativa de Dios, que se realiza en cada aquí y ahora. Se encuentra en la misma Alianza el Plan de Salvación y su finalidad. Es aquí donde se define no sólo lo externo de la conmemoración histórica, sino, ante todo, la realidad más honda que da conciencia del momento celebrativo por parte del Pueblo de Dios.
Es en este sentido, en que se afirma que la celebración anual, semanal, diaria del Misterio Pascual adquiere el valor que se da desde la Historia de la Salvación vivida por un pueblo y sellada por el mismo Hijo de Dios. Por ello cuando en tu parroquia se celebra la Santa Misa, esa realidad presente evoca, inmediatamente, el hecho histórico y pone de manifiesto el logro trascendente de la Salvación.

b) Dimensión Comunitaria: el hecho de la primera pascua afecta a un pueblo y señala el comienzo de su historia de modo tan decisivo y determinante que todos, en un futuro, deberán considerarse salvados en aquel acontecimiento: “Ese día (= anual conmemoración de la Pascua) dirás a tus hijos: Esto es en memoria de lo que por mí hizo el Señor cuando salí de Egipto” (Ex 13, 8).
Al lado de Dios como centro del acto celebrativo, aparece la comunidad, bien subrayada con la presencia del nosotros-vosotros. En consecuencia, sólo para quien vive en comunidad-comunión hay salvación.

En el Nuevo Testamento este carácter comunitario aparece más claro aún. Veamos sólo dos textos:
– Hechos de los Apóstoles 2, 42-46: el texto muestra la existencia de una comunidad y el “hecho celebrativo comunitario, visto como primera manifestación de una nueva realidad: la unidad de fe en la cual se reconocen quienes han aceptado el mensaje de Cristo y el don del Espíritu Santo”.
– 1 Corintios 10: es una confirmación de tal aspecto: la Iglesia brota de la comunión en el sacrificio de Cristo; es la cena del Señor la que edifica a los hermanos en la comunión con Cristo y entre sí: “La cena del Señor, que en el cuerpo sacrificado por nosotros y en la sangre derramada como alianza nos presenta la memoria objetiva de la muerte de Cristo, es el único banquete sagrado capaz de significar-realizar la comunidad, la Iglesia-Cuerpo de Cristo”.
c) Dimensión Mistérica: La celebración es una llamada a conmemorar un acontecimiento pasado, hacerlo presente, aquí y ahora en el Misterio, hacer perdurable en el tiempo la realidad de un hecho pasado. Esta dimensión aparece en las palabras de Cristo: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24) y en el testimonio de Pablo: “Cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga” (1 Cor 11, 26).

La Iglesia debe hacer presente su Muerte – Resurrección, su Pascua liberadora. Ahora bien, la celebración hace cabalmente presente toda esta realidad en el Misterio, ya que la liturgia es continuación y actuación de la historia de la salvación en el tiempo de la Iglesia.
Se trata de una celebración de acontecimientos o de misterios, es decir, de una comunicación de y con una realidad sobrenatural actuada mediante el rito. Aquí, en efecto, vive y se expresa la inefable riqueza de Dios, que se comunica al hombre por Cristo en el Espíritu. Por eso lo que hace continuamente la liturgia es evocación o memoria del Misterio de Cristo celebrándolo como Memorial.

Por tanto, cada celebración de la Santa Misa, en cada Parroquia, con la presidencia de cada sacerdote, conecta al hecho real de la liberación de la esclavitud del Pueblo de Israel; hace presente, el amor de Dios en la entrega de su Hijo para la Alianza Nueva y Eterna que se celebra con la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, verdadero Dios, verdadero Hombre, dando la Salvación definitiva. ¿Eres consciente de cómo estas celebrando hoy el Misterio Eterno del Amor de Dios? ¿Tus comportamientos en la celebración son los indicados e instituidos por quien tiene la autoridad delegada por Cristo? ¿Te estas apropiando del “oficio”, como laico, como sacerdote presidente de la asamblea que lo ha de hacer en la Persona de Cristo, o estas plagando el Rito de la Iglesia, fundada por Él, con los propios caprichos y “gustos” humanos, apartándote de lo indicado oficialmente?

Cada celebración eucarística en cada parroquia es la actualización del misterio de la fe, la Conmemoración de la Pascua del Señor, el Alimento de Ángeles para los hombres, el gran regalo del Amor de Dios para la comunidad y con ella a cada feligrés.

Etilio Aldana Lozano. Pbro. Servicio Diocesano de Liturgia.

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