FELIZ NAVIDAD O FELICES VACACIONES.

Hoy en día el valor de las tradiciones cristianas Navideñas, se enfrentan a la inanidad de su versión mercantilista. El comportamiento consumista que se observa con ocasión de la Navidad, que parece convertir la fiesta religiosa en una celebración del materialismo.

El hombre siempre necesita de la religión, y si no la encuentra o la rechaza, se busca un sucedáneo.
Cuando uno deja de creer en Dios, acaba creyendo en cualquier cosa.

Se ha desatado una peculiar batalla para eliminar signos y símbolos religiosos de las celebraciones navideñas. Algunos comercios, por ejemplo, han instruido a sus empleados para que deseen a los clientes unas “Felices Vacaciones” en lugar de una “Feliz Navidad”.

A lo largo de la historia, la Navidad ha sido una época de celebración, alegría, buenos deseos y regalos. Desear ‘Felices Vacaciones’ es marcar una diferencia y afirmar una separación. Y esto no es navidad.

Nuestra tradición es una fuerte espiritualidad, es un signo de la presencia de Dios en nuestra vida. Que nos ayuda a resolver el gran problema humano: cómo hacer frente a la muerte inevitable.

“Si uno sólo cree en el dinero, tarde o temprano descubrirá la gran limitación del dinero: no puede dar cuenta de nuestra condición mortal. Y cuanto más intenta uno esquivar esta realidad, más se le impone la evidencia de que sus posesiones no pueden dar sentido a su muerte. Es cometido de la religión proporcionar esa explicación. Las religiones son sistemas de creencias que nos permiten dar razón de nuestra existencia y nos reconcilian con la muerte.

Las ideologías como el comunismo, que prometían suplantar la religión, han fracasado de manera estrepitosa ante la vista de todos. Así que seguimos buscando algo que nos reconcilie con el hecho ineludible de nuestra propia muerte”.

Se supone que vivimos en una era escéptica. En realidad, nuestra época es de una credulidad atroz. La ‘muerte de Dios’, o al menos la agonía del Dios cristiano, ha venido acompañada por el nacimiento de una plétora de nuevos ídolos. Se han multiplicado como bacterias esperando el cadáver de la Iglesia Católica cristiana: desde extraños cultos y sectas paganas a las supersticiones tontas y subcristianas de movimientos. Esto no puede ser.

“Nuestra cultura padece la misma tendencia inflacionista. Las religiones existentes no son bastante grandes: exigimos de Dios algo más que lo que ofrece la fe cristiana. Por eso nos volvemos a lo oculto. Las llamadas ciencias ocultas no revelan ningún secreto genuino: solo prometen que hay algo secreto que explica y justifica todo. No nos dejemos engañar.

Debemos buscar el respeto por nuestras tradiciones cristianas, que en cuanto ritos hacen frente a muestra propia muerte y cruda realidad; nuestra espiritualidad tiene más sentido que las alternativas puramente comerciales de las mega multinacionales globalizantes, que quieren hacer las veces de religión.
El arte del ‘vive y deja vivir’, han transformado la Navidad en un día para todos: un día con un profundo sentido para los cristianos, pero también en una de las mayores fiestas seculares para los demás. No nos dejemos robar la esencia de la navidad.
La Navidad de este año parece tener un tinte “más dramático”, por el patio tan revuelto que tenemos, el del materialismo, derroche o consumo; fiesta de vanidad y de lujos. La perspectiva espiritual de la Navidad propone ser vivida de una manera más auténtica, desde “la fe y para la fe”, menos materialista y más llena de amor, fe y esperanza.

Los creyentes debemos aprovechar este momento de dificultad humana, para volcarnos más con aquellos que lo han perdido todo o no les queda nada más que perder. Empezando por darle la importancia a ayudar y pedir ayuda, la ayuda de la oración para que todos podamos vivir la verdadera navidad.

Benedicto XVI nos pedía “hemos de procurar que nuestra mirada no se detenga solamente en el horizonte de este mundo, en las cosas materiales, sino que se dirija a Dios.” En definitiva, somos los creyentes los que tenemos que sacar a flote el sentido religioso de la Navidad, aprovechemos para dar un tono sobrio a nuestras celebraciones y miremos al pesebre.

Que esta navidad nos recuerde que necesitamos una luz que ilumine el camino de nuestra vida y nos infunda esperanza, especialmente en épocas en que sentimos con más fuerza el peso de las dificultades”, y donde la estrella de Belén nos guíe e ilumine al igual que hizo con los Magos de Oriente.
“Que cada uno de nosotros aporte algo de luz en los ambientes en que vivimos.”

Lisando Andrés Cárdenas. Pbro

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