La Navidad tiempo de alegría

La época decembrina encierra en nuestra tierra colombiana un gran significado cultural, que enriquece y permite encontrar el gozo de la dulce esperanza de un tiempo que aunque se celebra a final de cada año no se deja opacar por el sudor y del cansancio de este gran recorrido.

Este tiempo se ve enmarcado por la alegría de esperar el nacimiento de Jesucristo. Compartir este nacimiento y hacerlo vivo en cada hogar, en cada familia, en cada persona, pero en especial que surja en el corazón de cada uno para que haga encender nuevas emociones, que tal vez por el cansancio cotidiano se encuentran apagadas.

Este es el verdadero significado de comprender este tiempo, como un momento en el que se deja a un lado las asperezas, y se sale al encuentro del nacimiento de Jesucristo como lo hicieron los pastores en búsqueda de aquella estrella que irradiaba la esperanza y el gozo de un cambio, y aun así dejando todo a un lado fueron en búsqueda de ella sin esperar nada a cambio.
Pues sin lugar a duda, este encuentro permite a la humanidad doliente y agobiada, a no perder la esperanza a pesar de las persecuciones, el resentimiento, la indiferencia y el odio, sino que se haga vivo el paso a la reconciliación y el perdón de saber que en nosotros nos nace el salvador, y ha apaciguado por medio de su inocencia y amor todo lo que generaba en nosotros intranquilidad y no dejaba alcanzar la felicidad del espíritu.

No obstante, recordamos el papel de María una mujer joven que mostró su humildad ante Dios desde el momento de la anunciación, con tales palabras tan sencillas que marcaron su papel en la historia de la salvación: <<yo soy la sierva del Señor, hágase en mi tal como has dicho>> (Lc 1, 38). En aquel momento María nos enseña a ser humildes, aceptando la voluntad de Dios, siendo su sierva dispuesta a acoger a Dios en la familia humana en nombre de la humanidad entera.
De esta manera, debe ser importante el papel femenino en la familia. La mujer como imagen viva de María, donde no solo sus obligaciones quedan ligadas a un servicio casero, sino que se hace de igual modo participe en el don de la vida y la enseñanza de principios y valores que ayuden a crecer a una familia saludable llena de la gracia de Dios.

Así mismo, María como mujer nos enseña la obediencia, José como Varón también se hace partícipe de la gracia en la historia de la salvación. Cuando aquel hombre le es conferida esta noticia solo decide callar, pero luego por medio del ángel se es confirmado todo. Enseñándonos en Él a escuchar a Dios y hacer lo que Él nos diga en nuestra vida, aunque no lo entendamos y a confiar en Dios.

Tanto hombre como mujer que hagan su opción vocacional a formar una familia, están invitados a dejarse seducir por el amor de Dios que incita a vivir en plenitud con Él, para hacer sensible y visible el amor en el crecimiento de su hogar.
Finalmente, no basta con solo preguntar ¿Me dejo alcanzar por él, me dejo abrazar por él, o le impido que se acerque? No. Debemos dejar acoger en nuestras vidas la ternura de Dios no solo saliendo al encuentro de Él, sino dejar que sea él quien me busque, quien me encuentre y me acaricie con cariño. Porque quien se acoge a la misericordia de Dios se ve reflejada la imagen en el hijo que busca redimirse una y otra vez para encontremos el perdón de nuestros pecados y Él pueda nacer en el calor evangélico de la gracia que conduce a la santidad.

José Ignacio Díaz Leal
Seminarista de tercero de filosofía

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