HOMILÍA EN ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS, DIÁCONO Y MINISTROS ESPINAL 25 DE NOVIEMBRE DE 2017

Queridos hermanos:

Nuestra Diócesis del Espinal está hoy de fiesta. Jonatan Collazos y Juan Gabriel Riaño nuestros hermanos diáconos, van a ser ordenados presbíteros. Dos nuevos sacerdotes se incorporan a nuestro presbiterio. También Henry Velásquez será ordenado diácono y otros de nuestros seminaristas recibirán ministerio de lectorado y acolitado. ¡Alégrate, Iglesia del Espinal que peregrinas en esta bendita tierra del sur del departamento del Tolima, porque hoy dos de tus hijos son elegidos para el sagrado Orden del presbiterado y uno para el diaconado! ¡Alégrate, Seminario Mayor La Providencia, porque hoy ves el fruto de la formación sacerdotal!. Estas son también nuestras ofrendas presentadas al Señor en los sesenta años de la creación de nuestra diócesis.

Saludo con particular afecto a los monseñores y hermanos sacerdotes aquí presentes; al padre Rector, Formadores y profesores del Seminario Diocesano, que en esta época y en años anteriores tanto han contribuido a la formación de estos candidatos al sacerdocio; a los sacerdotes con celebrantes que vinieron de otras jurisdicciones eclesiásticas, a los seminaristas; a las religiosas, a los fieles laicos, benefactores y amigos venidos de distintos lugares de nuestra Diócesis. Y un saludo muy cariñoso y agradecido para las familias Collazos Vera, Riaño Orjuela y Velásquez Sáenz. ¡Enhorabuena, queridas familias!

Reflexión acerca de las lecturas escuchadas

Amados hermanos: en una breve referencia a las lecturas, escuchamos en el libro de los números que la tribu de Leví fue dada al sacerdote Aarón para que le ayudara a desempeñar su ministerio, que era el sacerdocio. También escuchamos al Señor Jesús en su oración sacerdotal: «He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son. . . Uds. Queridos hijos que hoy son ordenados sacerdotes y diácono, como nosotros son dados al Señor Jesús. Son entregados como una ofrenda de amor del Padre al Hijo. Recordemos que Dios nos llama a la santidad. Para eso nos ha elegido. Los especialistas en mística han constatado que a la santidad se llega con la fidelidad a los pequeños deberes de cada día y de cada minuto.

Las recomendaciones de San Pablo a Timoteo nos caen bien a todos: “debes ser un ejemplo en tu modo de hablar y de portarte, en amor, fe y pureza de vida. Dedícate a leer las Escrituras, a animar a los hermanos y a instruirlos. No descuides el don que se te concedió con la imposición de las manos. Indudablemente el versículo 14 se refiere a la doctrina del sacramento del orden porque aparece en primer lugar, un rito, la imposición de las manos. Este rito, usado ya en el Antiguo Testamento para expresar la transmisión de poderes y de cargos (Dt. 34,9), tiene en el Nuevo Testamento, además de los significados de bendición, de curación y de otorgamiento del Espíritu Santo a personas ya bautizadas, el de consagración de determinados individuos para ciertas funciones públicas. En segundo lugar, se refiere al otorgamiento de un carisma, don gratuito permanente que en nuestro lenguaje teológico lo llamamos hoy, gracia sacramental que nos ayuda a cumplir los deberes de nuestro propio estado.

Breve referencia a lectores y acólito
Ahora quiero referir unas palabras a quienes van a ser instituidos lectores o acólitos; a quienes van a ser ordenados diácono o presbíteros.
Queridos hijos que van a ser instituidos lectores: Cuando proclamen la Palabra de Dios a los demás, no olviden, dóciles al Espíritu Santo, escucharla ustedes mismos y conservarla en su corazón, para que de día en día se acreciente en ustedes un suave y vivo afecto por la Palabra de Dios. Que su misma vida sea manifestación de Jesucristo, nuestro Salvador.

Quien es instituido acólito recuerde que participará de un modo especial en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia; que se le confía la misión de ayudar a los presbíteros y diáconos en su ministerio, y distribuir como ministro extraordinario la sagrada comunión a los fieles, incluso llevarla a los enfermos. Por lo tanto debe vivir más intensamente del sacrificio del Señor y procurar identificarse más plenamente con él.
Referencia a quien recibe diaconado
Querido Henry que resplandezca en ti un estilo de vida evangélica, un amor sincero, solicitud por pobres y enfermos, una autoridad discreta, una pureza sin tacha y una observancia de sus obligaciones espirituales. Que los mandamientos del Señor se vean reflejados en tus costumbres y que el ejemplo de tu vida suscite la imitación del pueblo santo; que manifestando el testimonio de tu buena conciencia, perseveres firme y constante con Cristo, que no vino a ser servido sino a servir.
Queridos hijos que van a ser ordenados presbíteros.

El sacerdote y Jesucristo

Por el sacramento del Orden, Jonatan y Juan Gabriel, hoy van a ser configurados con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Cabeza y Pastor. Cuando les entregue la patena y el cáliz, escucharán estas palabras misteriosas: “Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”.
Nada de cuanto constituye el sacerdocio procede de nuestra capacidad personal. (Fil 4, 13). Apóyense en Jesucristo, que es su Pastor y nada les faltará (cfr. Ps 22). Confíen en el Señor, que es el lote de su heredad y su copa; alégrense, porque les ha tocado un lote hermoso; con el Señor a su derecha no deben vacilar (Cf. Ps 15).

Espiritualidad del sacerdote

Quiero referirme ahora a la espiritualidad del sacerdote. Espiritualidad que brota del ser sacerdotal se articula, entre otros, en torno a estos ejes vertebradores, que les propongo hoy a ustedes y a todos los sacerdotes de nuestro presbiterio diocesano, así como a los seminaristas de nuestro seminario, futuros sacerdotes: intimidad con Jesucristo y fraternidad en el presbiterio diocesano.
1. Intimidad con Jesucristo. Ser ministros de la Palabra, administradores de los sacramentos y servidores del Pueblo de Dios, especialmente de los pobres y necesitados, nos exige llevar una vida espiritual intensa, que se alimenta en la oración y en el trato frecuente con Jesucristo. Nuestro ministerio y la comunidad cristiana exigen a los sacerdotes que seamos hombres de Dios. Si el sacerdote es “el hombre de Dios”, que pertenece a Dios y ayuda a conocerlo y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda comunión con Él, permanecer en su amor, dedicando tiempo a la escucha de su Palabra.
No debemos olvidar que Jesús nos llamó para estar con Él y para enviarnos a predicar (cfr. Mc 3, 14). Sin una fuerte espiritualidad, arraigada en el encuentro con Cristo en la Iglesia, corremos el riego de disolvernos en una religiosidad ética o intelectual (cfr. Benedicto XVI, Deus cáritas est, 1) o en un activismo social.

“Necesitamos sin duda momentos para recuperar nuestras energías espirituales y también físicas, y sobre todo para orar y meditar. Cultivemos la interioridad y encontraremos dentro de nosotros al Señor. Estar atentos a la presencia de Dios en la oración es una verdadera necesidad pastoral; no es algo añadido al trabajo pastoral; estar en presencia del Señor es una prioridad pastoral. En definitiva lo más importante” (Benedicto XVI, Discurso a los presbíteros y diáconos de la Diócesis de Roma, 13 de mayo de 2005). De ahí la importancia de los días de retiro espiritual y los Ejercicios Espirituales anuales.

La vida interior reclama la oración y los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Penitencia. Quiero que reparemos sobre la importancia de la Penitencia. Además de ser ministros, somos con los demás fieles sus beneficiarios. La Iglesia nos avisa que “en un sacerdote que no se confesase o se confesase mal, su ser sacerdote y su ministerio se resentirían muy pronto, y se daría cuenta también la comunidad de la que es pastor” (Pastores dabo vobis 26).

2. Fraternidad en el presbiterio. El Concilio Vaticano II nos recuerda que “los presbíteros forman un único presbiterio y una única familia cuyo padre es el Obispo” (Christus Dominus 28). Se trata de una relación de comunión sacramental nacida de la participación, aunque en grado diverso, del único sacerdocio de Cristo, del único ministerio ordenado y de la única misión apostólica (cfr. Pastores gregis 47).

La “íntima fraternidad sacramental” (Presbyterorum ordinis 8) debe llevarnos a los sacerdotes a prestarnos una ayuda mutua, tanto espiritual como material, tanto pastoral como personal, en todo momento y circunstancia, especialmente cuando notemos algún problema en el hermano sacerdote sea físico, espiritual, económico o moral, ya que somos una verdadera familia.
Queridos Jonathan y Juan Gabriel: ustedes no emprenden la tarea en solitario, sino que entran a formar parte de un presbiterio diocesano, presidido por el Obispo, y en una Iglesia particular, la nuestra del Espinal, en la que van a trabajar como en la viña del Señor.

Ustedes no nos han elegido a los que desde hoy les acogemos en la fraternidad sacramental del presbiterio. Ya ven que somos distintos por edad, por temperamento, por historia, y por las circunstancias que nos marcan. Pero, a la luz de la fe y en virtud del sacramento del Orden, somos sus hermanos: los que Dios pone en su vida como compañeros en el camino. Acepten a los sacerdotes que compartirán con ustedes el trabajo pastoral en nuestra querida Diócesis, desde el respeto amable y acogedor, y desde el perdón sincero y misericordioso. Cuando haya que practicar la corrección fraterna, debemos hacerlo desde la verdad, la caridad y la humildad.

Las vocaciones sacerdotales

Finalmente, quiero que todos sintamos la preocupación por nuestro Seminario Diocesano y por las vocaciones sacerdotales. Vivimos tiempos de crisis de vocaciones al sacerdocio, entre otras razones, porque existe crisis vocacional cristiana. Ustedes saben que me preocupa el tema de las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis. Necesitamos jóvenes dispuestos a oír la llamada que Dios les hace a ser sacerdotes de su Iglesia. Es cierto que la vocación es un don de Dios y lo da a quien quiere y cuando quiere, pero la vocación también es fruto de la respuesta que el llamado da en libertad y generosidad. Y es aquí donde cobra importancia nuestra intervención: la suya y la mía, junto con padres de familia, catequistas, profesores de Religión y laicos comprometidos en las realidades apostólicas de las comunidades parroquiales. No podemos seguir siendo espectadores del paulatino descenso del número de seminaristas por todas partes. Por eso, nuevamente hago una llamada para redoblar el esfuerzo en la pastoral vocacional con los jóvenes.

El Nuevo plan de pastoral.

Les recuerdo también, que ahora se nos pide asumir con responsabilidad y entrega generosa las indicaciones de nuestro nuevo plan de pastoral diocesano. Permeado del espíritu de la Nueva Evangelización. A Uds. Los vemos con la esperanza de ayudar a impulsar donde les corresponda servir, un trabajo pastoral que responda a los retos y desafíos de nuestra iglesia diocesana en estos tiempos nuevos.

En la escuela de María

Vivan su sacerdocio ‘en la escuela de María’, ‘mujer eucarística’. La Virgen vivió su ‘fe eucarística’, antes incluso de que la Eucaristía fuera instituida, por el hecho mismo de ‘haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios’. Nuestra Señora del Rosario, Patrona de nuestra diócesis, les acompañe siempre en su ministerio. No abandonen jamás la tierna y filial devoción a la Madre de Jesús, que es la Madre de los sacerdotes.

Queridos Juan Gabriel y Jonathan: sean siempre agradecidos con Dios, porque para siempre Él les hace sacerdotes: `sacerdos in aeternum’. ¡Que lo que Dios ha iniciado en ustedes, Él lo lleve a su más feliz cumplimiento! Amén.

Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo de la diócesis del Espinal

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*