PALABRAS DE LOS NEO-PRESBÍTEROS, EL DÍA DE SU ORDENACIÓN

Damos gracias a Dios con cantos de júbilo y alabanza por el don del orden sacerdotal, todo proviene de su infinito amor y misericordia. Hoy es el día donde la misericordia se manifiesta en el pueblo de Dios, donde Él mismo bendice a su esposa la Iglesia con nuevos ministros al servicio del Evangelio. En esta perspectiva, la gracia sacerdotal no es el resultado de una conquista humana o de esfuerzos humanos, esta realidad que hace presente el reino celeste no es más que obra del designio amoroso de Dios Padre. Es la divinidad que se hace presente y confirma su cercanía con la historia humana. De allí nace nuestra gratitud y nuestro ser, nace nuestro deseo de seguir con corazón de Cristo este ministerio sacerdotal.

En esta comunión de la Iglesia de Cristo, visible en la Iglesia Diocesana congregada en esta cátedra, queremos manifestar con filial afecto nuestros agradecimientos a Monseñor Orlando Roa por su cercanía y su deseo esperanzador de incorporar nuevos servidores para la viña del Señor. Gratitud a monseñor Juan Carlos y monseñor Pablo por su acompañamiento espiritual en este proceso de formación.

La misericordia que engendra compasión mueven nuestros corazones a releer nuestra vida desde la fe y experimentar la fraternidad sacerdotal en todo el clero diocesano: nuestros párrocos, profesores del seminario, formadores y presbiterio en general, a ellos, Dios les premie por su dedicación en la formación de los futuros sacerdotes.

A todo el pueblo de Dios que es testigo de las grandezas celestes, colme Dios de amor cristiano, para que continúen acompañando la evangelización, siendo apoyo en las actividades pastorales de los elegidos por Dios. Gracias a todas las comunidades que nos acogieron en los distintos apostolados, espacios propicios para nuestro desarrollo integral.
Gracias al seminario Mayor La Providencia por dar estructura sacerdotal y a nuestros hermanos seminaristas por saber acompañar este peregrinar.

A nuestras familias infinitas gracias por su celo formativo, pues en su compañía fueron creciendo nuestros anhelos de servicio a Dios y a la Iglesia. Dios, que es amplio en amor y generosidad bendigan todos los esfuerzos realizados.

A todas las comunidades religiosas que acompañan con sus oraciones y servicio pastoral a los sacerdotes, el Señor Jesús les conceda un puesto en el cielo.

A las autoridades civiles, policiales y militares, Jesús Sumo Y Eterno Sacerdote les conceda vivir con fidelidad la vocación al servicio de la comunidad. Unidos en el corazón de Cristo se podrá forjar la nueva Jerusalén.

Cristo Rey del Universo nos colme con su alegría y con su paz fortalezca nuestra voluntad e ilumine nuestra inteligencia para nuestra configuración con Cristo Cabeza de la Iglesia, de tal manera que podamos ejercitarnos en el conocimiento de Dios y la salvación de las almas.

El mismo Señor de la misericordia tenga en su santa gloria a Monseñor Abraham Escudero Montoya quien fuere iniciador de la formación sacerdotal desde la realidad diocesana.

Muchas gracias.

Jonathan Collazos. Pbro

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