LA IGLESIA QUEDA CON EL PODERÍO DE PEDRO; PODERÍO ESPIRITUAL DE CONTINUAR LAS NUEVAS NOTICIAS DE SALVACIÓN HASTA QUE EL VUELVA. (MATEO 14.28).

Comparar la Eternidad de un Dios Manifiesto “Epifanía”, llena de su mismo misterio es apenas comparable con la grandeza de los mares y del universo, mundo con sus Nebulosas, Galaxias y Pléyades de Estrellas. (Deuteronomio 32.11).

En el ambiente Divino Dios creo ejércitos celestiales y cortes angélicas como una participación de su divina grandeza que al estilo de los futuros guerreros se pasean ante su trono en alas de los vientos y de marchas como en las carreras de los futuros vehículos de las batallas futuras. (Apocalipsis 9.9).

En ese concierto Eterno los Serafines lo adoran y cantan los hosanna ante su majestad soberano (Isaías 6.2).

En la prehistoria cercana ya un rey llamado Antíoco IV Epifanes rey de Siria (I Mac 1.10), se dio este titulo con su orgullo real, no reconociendo a el gran absoluto en medio de sus esplendores divinos en una eternidad compartida con el padre, con el hijo, y con el espíritu santo, que se habían de revelar en la plenitud de los tiempos.

Este Dios maravilloso se pasea en toda su magnificencia coronada con el nacimiento de su hijo. (Mateo 21.9). Adorado por sencillos pastores y por reyes de la tierra de Saba y Ofir. (Mateo 2.2).

Este niño nacido como Dios hombre va hacer el aplaudido por los doctores de la ley a la edad de sus doce años. (Juan 5.37). En toda la plenitud de su edad mientras Juan lo bautiza viene la declaración de su padre celestial en el Jordán: “Tu eres mi hijo predilecto” (Mateo 1.17).

Se transfigura en el monte Tabor con Moisés y Elías y es otra Epifanía de su esencia divina. (Mateo 12.18).

Los cuatro evangelios son una síntesis de un hombre que se cubre de milagros con el mejor de sus mantos como Dios.
En el orden humano es recibido como rey un domingo anterior a la pascua Judía y entre ramos y olivos la multitud lo aclama como el hijo de David, entregándole la herencia de este rey maravilloso: “Que se abran las puertas eternales, entra el rey de la gloria”. (Mateo 21.9).

Su encarnación no tiene otra razón sino la salvación del género humano. Es entregado al peor de los tormentos: La Cruz y constituye la gran manifestación del desastre divino y humano; “No hay en Él parecer ni hermosura que a traiga las miradas”. Cayó sobre su humanidad la deuda de nuestros delitos y lo convierten en el peor de los fracasos de una existencia humana. Rechazado por su mismo padre, “¿por qué me has abandonado?”, para luego recibir no una corona de espinas sino la corona que perdura por los siglos y las edades (Isaías 53.2).
Muere como hombre nunca como Dios y así sella la deuda de Adán y de todos sus descendientes y sube como Dios a las alturas invisibles. (Mateo 4.6).

La teofanía se convierte en la Epifanía de un Dios hombre que descansa en la serenidad de su alma sin conocer la corrupción del sepulcro (Lucas 10.6).

Resucita glorioso al día tercero y en este relato se unen los 4 evangelistas, dejando la tumba vacía con su sudario y sus sabanas que lo tenían atado.

Los cuarenta días siguientes lo muestran en muchos lugares de la tierra santa y subiendo a su padre. Da las últimas instrucciones terrenales a sus 11 apóstoles para que continúen su obra redentora y culminar su asencion a los cielos. (Hechos 1.1 y siguientes).

La iglesia queda con el poderío de Pedro; poderío espiritual de continuar las nuevas noticias de salvación hasta que el vuelva. (Mateo 14.28).

Empieza la expansión de la Iglesia con estas gratas noticias de un Dios manifiesto nacido en el tiempo como hombre por obra y gracia de Espíritu Santo de las entrañas de una virgen. Su nombre es Jesús, Emanuel, hijo de David, hijo de Dios e hijo de Hombre y en Antioquía toman el nombre de cristianos (Hechos 11.26).

El espíritu santo es la promesa de no dejarnos en soledad; “No os dejare solos os enviare las fuerzas del Espíritu Santo”. (Lucas 3.16).

La Iglesia empieza hacer Católica y se expande por el mundo conocido: Roma, Asia Menor, Éfeso, Tesalónica, Corinto, Filipos, Galacia y Colosas entre otras ciudades.
Los apóstoles se enriquecen con la elección de Matías (Reemplazo de Judas Iscariote), de los diáconos y de insignes padres de la iglesia: Policarpo, Papias, Ignacio, Tito, Timoteo, y Filemón.

España y Portugal se enriquecen con la predicación de Santiago que va a dar el nombre a la misma ciudad de Compostela.
Las persecuciones afloran en muchos lugares de la evangelización: en Roma para defenderse los cristianos se refugian en las Catacumbas y la locura de los cesares quieren acabar con la Iglesia Católica y de Cristo: El foro, el circo, el coloseo, el anfiteatro de Flavio se llenan de sangra de los mártires. Uno de los escritores famosos es el conde de Chateaubriand y según su obra “Los Mártires”, en los siglos primero y segundo, la Iglesia se ve fortalecida con más de doscientos mil Mártires de todos los pueblos evangelizados.
El emperador Juliano el Apostata juraba que el final de la iglesia del Galileo lo tenia que terminar y en su agonía como militante contra el rey de Persia lanza bocanadas de sangre exclamando: “Venciste galileo”.

El primado de Pedro entregado por Jesús permanece a través de los siglos, de las persecuciones y de las herejías permanece incólume.

No se puede dudar es la Epifanía de la Iglesia a través de la historia.

“A nuestro santísimo padre Francisco, Feliz mente reinante, a nuestro Obispo Orlando Roa Barbosa, a toda la jerarquía eclesiástica y a todo el pueblo santo de Dios, Salud y vida eterna”.

Jesucristo y María reinan, gobierna e imperan.

Ricaurte Guerra. Pbro

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