25 de marzo de 2018 Domingo de Pasión

ISAÍAS 50,4-7; SALMO 22,8-9,17-20,23-24; FILIPENSES 2,6-11;
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN EL EVANGELIO DE SAN MARCOS 14,1-15,47.

En este Domingo de Ramos, cuando celebramos la entrada mesiánica de Jesús En este Domingo de Ramos, cuando celebramos la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén y con él dar comienzo a su Pasión y Muerte en la cruz, preparemos el corazón para vivir la semana Santa en oración y recogimiento y así configurarnos con Cristo en su Pasión, Muerte y Resurrección durante estos días santos; y qué mejor forma de empezarla con la bendición de ramos y su procesión, donde lo proclamemos nuestro Rey y Señor, y junto a los demás decir con entusiasmo: “!Bendito el que vienen en nombre del Señor¡!Hosanna en las alturas¡”, pero que no nos quedemos en este momento de triunfo, sino que lo acompañemos en su Pasión, Muerte y Resurrección. Con seguridad los textos que hoy nos trae la liturgia de la palabra nos ayudará a permanecer hasta el final.

Al igual que el profeta Isaías, pidamos al señor, ponga en nuestros labios palabras alentadoras y oídos para escuchar al triste y abatido y fuerzas para ofrecer al Señor mis sufrimientos, con la certeza que no quedaré defraudado, porque el Señor es mí fortaleza, mi fuerza y refugio.

Con el salmo 22 oremos implorando al Señor: “No te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía, ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!: Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel”. La oración confiada en el Señor tiene mucho alcance.

Meditar en este texto de Pablo, lleva el corazón a agradecer al Señor, porque se descubre, que se despojó de todo para salvarnos, para retornarnos a la casa del Padre. “Se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la Muerte y Muerte de Cruz”.

Que al contemplar en Jesús, no sólo la naturaleza humana, sino también la divina, con humildad y entrega, como lo indica el Apóstol Pablo, ante él se doble toda rodilla y confiese que Jesús es el Señor. “Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre”.

La lectura de la Pasión del Señor prepara el corazón para el recogimiento espiritual de esta semana y para la reflexión del dolor y sufrimiento de Cristo, en su hora de retornar al Padre, pero ya con su misión cumplida, de haber dado la vida para rescatar al hombre del pecado.

El texto de la Pasión empieza indicando que faltaba dos días para la pascua y Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso, quizás era alguien que Jesús había curado de lepra, y viene una mujer y enjuga sus pies con un perfume de nardo puro y carísimo, lo que causo indignación a muchos, acusando a la mujer e indicando que había sido mejor utilizarlo para los pobres, pero Jesús sale en defensa de ella diciendo que a los pobres siempre los tendréis, pero al Hijo del hombre no.

En el marco de este acontecimiento, la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es presentada por los Evangelios en diferentes escenas que nos lleva a contemplar este misterio, tales como la preparación para la muerte, la conspiración, la traición de Judas Iscariote, la Cena del Señor, el anuncio de la negación de Pedro, la oración en Getsemaní, el arresto de Jesús, Jesús ante la junta Suprema, la negación de Pedro, Jesús ante Pilato, la Crucifixión de Jesús, la sepultura de Jesús.

Después de leer y reflexionar en la Pasión del Señor, no puedo seguir lo mismo, debe de haber un cambio positivo en mi vida, dejando a un lado toda clase de pecado e injusticia; abandonarme en las manos del Señor y aprender de la mujer que unge con el perfume los pies de Jesús, de Simón el Cirene que ayuda a carga su cruz, de José de Arimatea que ofrece su tumba para sepultar el cuerpo de Jesús, de las mujeres discípulas de Jesús, que están presentes en la cruz, en la sepultura y en la tumba vacía, pero sobre todo aprendamos de la Santísima Virgen María que no lo abandono, que permaneció a su lado y luego al lado de los discípulos para darles fuerza de continuar la misión encomendada por su Hijo.

De esta manera, aunque le hayamos fallado, como Pedro, sus demás discípulos y seguidores que huyeron en su agonía de Cruz, seremos salvados por Él por su infinita misericordia. Prolonguemos nuestra vivencia de este domingo de Ramos, a toda nuestra vida.

Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD

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