18 de marzo de 2018 5º domingo de Cuaresma

JEREMÍAS 31,31-34; SALMO 51,3-4,12-15; HEBREOS 5,7-9; EVANGELIO DE JUAN 12,20-33.

La profecía de Jeremías llega hasta nuestros días a ser vivida, en la medida en que cada corazón se convierta y vuelva a Dios, porque allí habrá una alianza definitiva con el Señor, la cual permanecerá, Por ser una alianza, sellada con la sangre de Cristo, a través de la conversión; experiencia que marca para siempre, dejando una huella indeleble en el corazón, hasta tal punto que se cumplen en mi vida las palabras del profeta: “pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano”, gracias a la experiencia significativa vivida en su corazón.
La invitación en este quinto domingo de cuaresma es a que todos, niños, jóvenes y adultos conozcamos al Señor, volvamos a él, con la certeza que por su misericordia “perdonará mis pecados, y no volverá a acordarme”.
El salmo 51 invita, después de la conversión, a crear un corazón nuevo, que sea puro y con espíritu firme, a tener la alegría en el Señor gracias a su salvación y a enseñarles el camino de gracia y de salvación a los alejados, rebeldes y pecadores, con la certeza que ellos volverán al Señor. Siempre recordar que para Dios nada hay imposible, él todo lo puede y si un pecador se arrepiente será perdonado y sanada sus heridas, por la preciosa sangre de Cristo.
La carta a los hebreos nos presenta todo el dolor y sufrimiento de Cristo, para salvar a la humanidad de la muerte del pecado: “El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen”.
Que este mensaje del apóstol Pablo, vivido en el corazón, lleve hoy mismo a la conversión y que no se espere para el viernes Santo o para el momento de la muerte, conviértete ahora mismo, cuenta con la gracia y misericordia del Señor.
En el Evangelio de Juan, vemos a Jesús que anuncia a sus discípulos y a la gente que ha llegado la hora, la hora de ser glorificado, la hora de subir al Padre, la hora del dolor y junto a este anuncio les muestra la importancia de este momento cuando les dice: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”.
Por otra parte le muestra la importancia de perder la vida por Cristo y el Evangelio. “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará”.
Jesús, además, a pesar que su “alma está turbada”, muestra que sabe hacer la voluntad del padre. “Pero ¡si ha llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu nombre”. Es en ese momento cuando se escucha la voz del cielo: Le he glorificado y de nuevo le glorificaré”. El mismo texto deja ver, que con la pasión, Muerte y Resurrección el príncipe de este mundo será echado fuera y todos, los que aceptemos a Cristo seremos salvos.
Que esta última semana de preparación, para ya iniciar la Semana Mayor o Semana Santa, sea vivida con autenticidad, para poder vivir el misterio pascual.

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