4 de marzo de 2018 3º Domingo de Cuaresma

ÉXODO 20, 1-17; SALMO 19, I CORINTIOS 1,22-25, EVANGELIO JUAN DE 2,13-25:

En este tercer domingo de cuaresma, sin duda alguna, la lectura del libro del éxodo nos deja un sin número de enseñanzas, que con seguridad, si las vivimos seremos auténticos cristianos. Contemplemos al menos tres mensajes de esta primera lectura: 1. Ser autentico en el amor de Dios, donde él sea el único. “No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto”. 2. Ser bueno hace mucho bien en el aquí y en el ahora, pero se prolongará por muchas generaciones, de igual manera el mal, hace daño en el hoy, pero las cadenas se extienden al mañana. “Porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos”. 3. La Santificación del día domingo y la celebración de la Eucaristía, es innegociable para un verdadero hijo de Dios. “Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yahveh, tu Dios”.

Esta primera lectura, no solamente permite reflexionar en los tres puntos ya mencionados, sino que va más allá, ofrece la reflexión de los diez mandamientos, porque en su vivencia se encuentra la armonía en la familia y en la sociedad.

El Salmo 19 ilumina la vivencia de los mandamientos cuando dice: “La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos, apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales”. Amando los preceptos del Señor, dejaran de ser una carga pesada y se mirarán como las palancas más valiosas y eficaces para llegar a la perfección y santidad.

En la segunda lectura, el apóstol Pablo enfatiza que para un verdadero Cristiano predicar sobre la cruz de Cristo, es fuerza y sabiduría de Dios y que supera a la sabiduría de los hombres, pero indica que es superflua y escándalo para los pecadores y los judíos. Que la predicación del Evangelio se lleve impreso en el corazón y los labios, por ser el verdadero tesoro de los que conocen la misericordia del Señor.

El Evangelio de San Juan, ya está anunciando la nueva pascua, con la subida de Jesús a Jerusalén y de manera especial cuando expulsa a los vendedores del templo. “Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado”.

Esta actitud de Jesús, como era de esperar, produjo rabia a los judíos y por ello le preguntaron: “Qué señal nos muestras para obrar así?, a lo que Jesús les respondió: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré”. Los judíos no entendieron que hablaba de su templo, los discípulos recordaron lo que estaba escrito en las escrituras: “El celo de tu casa me devora”, sin embargo, sólo cuando Cristo resucitó, “se acordaron de lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús”.

La obra de Jesús se extendía, muchos creyeron en él al ver las señales que realizaba.

Las últimas frases del evangelio son muy dicientes: “Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre”.

Vale la pena entender que Jesús me conoce y que sabe lo que hay dentro de mí y dentro de cada persona. Nada hay oculto a sus ojos. Por ello la invitación es hacer, todo lo que debo de hacer hacerlo bien y para agradar al Señor.

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