COMPORTAMIENTO ADECUADO DE LOS CATÓLICOS FRENTE A LA POLÍTICA

Los escándalos, la corrupción, el abuso de poder y otras tantas malas prácticas deterioran la imagen que tienen los ciudadanos de la actividad política. Algunos llegan a preguntarse sobre la posibilidad de una dedicación a las tareas públicas y una fe coherente: ¿católico, y político? Sin embargo, esos comportamientos no pueden justificar un rechazo de la política en cuanto tal: denotaría una comprensión defectuosa de la misión de los cristianos en el mundo.

Para entender cuál sería el comportamiento adecuado de un católico frente a la Política, es necesario de manera breve entender, quien es el fiel católico, que es la política y qué propone la Iglesia al respecto. Pues bien, el canon 204 establece que: “Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el pueblo de Dios, y hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo”. Esto vale para quien ostenta el orden sagrado, como para quien permanece fiel laico, ya después el mismo ordenamiento canónico y pastoral de la Iglesia a cada uno le va dando especificad.

Al referirnos a la palabra política, recurrimos al vocablo que deriva de “La Politeia”. Así llamaban los griegos a la “Teoría de la Polis” (ciudad), a su vez está íntimamente ligada a la “paideia” es decir “La Educación”. La política podríamos verla entonces, como la Ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados. La Actividad de los que gobiernan o aspiran a gobernar los asuntos que afectan a la sociedad o a un país. Diríamos también que los políticos al menos en el aspecto teórico, son servidores de los ciudadanos, son personas educadas para organizar y gobernar la ciudad, son los que gobiernan en cualquiera de las tres ramas del poder público, buscando siempre el bien común de la humanidad. Es más podríamos decir que servirse del estado sin buscar el bien común, es politiquería, es llevar la contraria al quehacer propio del político.

Ya a finales del 2017, la conferencia Episcopal de Colombia, nos invitó a todos, a no ser indiferentes frente al acontecer del país, nos recordaron que “Fe y política no son incompatibles”. La Iglesia nos invita a que evaluemos de manera responsable las propuestas que en tiempos electorales se hacen buscando ser elegidos, evitando elegir a quienes con propuestas engañosas dañan la vida moral y religiosa de los pueblos, destruyendo de paso la familia y acabando las posibilidades de felicidad para los pueblos. Es necesario estudiar la trayectoria de los candidatos, su composición familiar y social, los servicios prestados a la comunidad, su pensamiento y actitud de adhesión frente a la propuesta de Salvación de Cristo y de la Iglesia.

Sin duda alguna. la relación entre cristianismo y política constituye un verdadero universo, que atraviesa de manera compleja y variada toda nuestra historia; y, no obstante, pocas veces la comprendemos bien. A este propósito escribió Pablo VI en 1969: “Es bien cierto”, decía el Papa Montini, “que los fines de la Iglesia y del Estado son de orden diverso, y que ambas son sociedades perfectas, dotadas de medios propios, e independientes en la respectiva esfera de acción, pero también es verdad que una y otro actúan en beneficio de un sujeto común, el hombre […] en la pacífica convivencia con sus semejantes”. ¿Qué significa esto? Que el rostro concreto e institucional de la Iglesia y la esfera de la comunidad política, del Estado, son, sí, distintos desde el punto de vista específicamente material, o sea histórico y político, pero han de coordinarse con vistas al bien común. Y precisamente de este “coordinarse” emergen con frecuencia los mayores equívocos y prejuicios, tanto en sentido estatalista como en sentido clerical.
Como dijera en su artículo la “ciudad común” el Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, quien aboga a la justicia para indicar como sostener el bien común, y lo hace recordando que en su juventud lo impactó la frase de San Agustín en la cual se podía leer que “Un Estado sin justicia es como una banda de ladrones” San Agustín. Y con ello increpa a que la sociedad elija gobiernos justos. Y en este mismo sentido, en la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI, leemos: “Por un lado, la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos. Se ocupa de la construcción de la «ciudad del hombre» según el derecho y la justicia. Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón”.

Todos, tanto candidatos como electores, tenemos un compromiso. ¿Qué compromiso? El compromiso por el bien común. Como sigue diciendo la encíclica, “desear el bien común y esforzarse por él es exigencia de justicia y caridad. Trabajar por el bien común es cuidar, por un lado, y utilizar, por otro, ese conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que se configura, así como pólis, como ciudad”.

Si se consideran todos estos elementos, se entiende inmediatamente la necesidad y la naturaleza del compromiso político para el cristiano. El cristiano es, desde luego, consciente de la autonomía de la política respecto de una traducción directa de la norma evangélica en norma civil, pero se interesa por cómo van las cosas, no es indiferente ante el estado de las cosas de este mundo. Como cristiano habla el lenguaje de este mundo tanto como el “del otro mundo”, gracias al ejemplo de la Encarnación de Cristo: Dios que, haciéndose hombre, ha unido la tierra con el cielo.

En consecuencia, el cristiano no es un observador pasivo de los asuntos del mundo, sino que está llamado a la acción, a la participación, a la mejora de las condiciones materiales según la justicia y según la libertad: una libertad que es el primer don concedido por Dios al hombre. Tal compromiso requiere tres elementos ulteriores: la conducta, la responsabilidad, la visión general.

Antonio Devia Mendez. Pbro.
Vicario Judicial.

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