“UNA TAREA QUE NO DA TREGUA Y QUE EXIGE EL COMPROMISO DE TODOS”

Los obispos católicos nos hemos reunido para reflexionar sobre la realidad y la renovación de nuestras parroquias, para que cumplan con la misión de ser familias en la fe, comunidades evangelizadoras y semilleros del testimonio cristiano en medio de la sociedad.

También hemos puesto la mirada en las situaciones que vive nuestra nación. La verdadera riqueza de Colombia, como señaló el Papa Francisco, es “la calidad humana de sus gentes, hombres y mujeres de espíritu acogedor y bondadoso; personas con tesón y valentía para sobreponerse a los obstáculos” (7-9-2017). Sin embargo, como pastores enviados por Cristo, nos duelen y preocupan profundamente estas situaciones que hoy nos están haciendo sufrir a los colombianos:
Se están presentando nuevas formas de violencia y de terrorismo, en las ciudades y en los campos, así como el cruel asesinato de líderes sociales, indígenas, mujeres y menores de edad.

Reaparecen estructuras armadas ilegales y bandas criminales como el Clan del Golfo y las Autodefensas gaitanistas de Colombia, que siguen sembrando dolor y muerte.
Sorprende la corrupción generalizada que está minando personas y estructuras de nuestra sociedad.
Continúa el alarmante aumento del microtráfico de estupefacientes y crece la capacidad corruptora de quienes controlan sus redes de distribución, incluso con aberrantes estrategias para inducir a los niños y adolescentes a la drogadicción.

No ceden la polarización y la división por cuenta de partidismos e intolerancia, que impiden llegar al proyecto común que necesita el país.
Se advierte una creciente pérdida de confianza en los órganos que deben administrar justicia y en otras instituciones públicas.
Duele cada vez más la crisis humanitaria que padecen quienes vienen de Venezuela a las zonas de frontera y a otros lugares del país; están afrontando situaciones que urgen una rápida solución.

Se constata que se siguen dando iniciativas legislativas y de otros órdenes que no valoran ni protegen la vida humana y la familia.

Se insiste en una colonización ideológica que da frutos en la implantación de experiencias educativas amparadas en la ideología de género, y que ponen la educación al servicio de proyectos y agendas foráneas.

Avanza la cultura del descarte, que abusa y destruye el medio ambiente, convirtiendo en desperdicio no solamente las cosas y los recursos útiles, sino también a las personas, considerándolas sólo como un bien de consumo.
Es lamentable la indiferencia y pasividad de muchos frente al sufrimiento, la enfermedad, la pobreza, la vulnerabilidad de los niños y los ancianos.

Los obispos sufrimos verdaderamente con estas situaciones y nos sentimos muy cerca de las víctimas que ellas dejan. Construir una Colombia en paz es una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. No podemos decaer en el esfuerzo por lograr la unidad de la nación ni permitir que el odio y la venganza, la inequidad social y la falta de oportunidades sigan truncando la vida de los colombianos; no dejemos que cualquier tipo de violencia acabe con una vida más. Para lograr este propósito, es necesario que todos sembremos y cultivemos en el corazón el mismo amor por la patria, que construyamos un proyecto nacional, que no perdamos la esperanza, que nos comprometamos todos con valentía, y que no dejemos a la improvisación o a la decisión de unos pocos el futuro.
Por esto, a la luz del Evangelio, los obispos católicos hacemos un apremiante llamado:
A quienes persisten en las vías de la violencia, que, de una vez por todas, se den cuenta que la venganza, la mentira, la prepotencia y el terrorismo no resuelven nada y que todo se puede conseguir por los caminos del respeto de la vida humana, del diálogo, de la fraternidad y del perdón.

A nuestros gobernantes, que afronten con un liderazgo claro los problemas urgentes de la nación y la situación de los migrantes que llegan de Venezuela, deponiendo intereses personales y mirando ante todo al bien común.

A los que se están presentando para ser elegidos a los cargos públicos, que, escuchando al pueblo, configuren propuestas que respondan a los desafíos del país.

Al ELN, que, teniendo en cuenta los clamores del pueblo, cese ya amenazas y acciones violentas, para que aparezca la verdad y la buena voluntad en el camino de la paz, y haya condiciones favorables para continuar las conversaciones en busca de la paz.
Al Gobierno, que continúe en el empeño de seguir buscando una salida negociada al conflicto, como un aporte indispensable a un proyecto integral de paz para todo el pueblo colombiano.
A los jóvenes, que no se vayan del país, que mantengan viva la esperanza, que sigan luchando por los grandes ideales personales y de Colombia, que contagien a los demás su sensibilidad y solidaridad frente a los más pobres y necesitados.
A las familias, que se conviertan en santuarios de la vida y no renuncien a la importante misión de educar a los hijos; este es un servicio indispensable para el país.

A todos, que multipliquen las iniciativas de diverso orden para superar, con verdadera solidaridad, la crisis humanitaria y social generada por la situación de Venezuela.

Al pueblo colombiano, que asuma con sensatez y responsabilidad la misión que le corresponde en este momento histórico. En los próximos comicios para el Congreso y la Presidencia de la República, lo invitamos a no dejarse engañar ni desinformar por opiniones irresponsables e infundadas que circulan en las redes sociales, y a seguir los criterios que al respecto hemos dado en el mensaje sobre las elecciones de diciembre del año pasado.

Acercándose el tiempo de cuaresma y la jornada de oración a la que ha convocado el Papa Francisco para el próximo 23 de febrero, recordamos de un modo particular a nuestros fieles católicos la exhortación de Jesús a orar siempre sin desfallecer (cfr. Lc 18,1-8). Por tanto, pidamos a Dios el don de la paz, y mantengamos viva, con nuestro testimonio, la esperanza del pueblo colombiano.

Colocamos el presente y el futuro de nuestro país bajo la protección de la Santísima Virgen María. Estamos seguros de que su intercesión nos ayudará a alcanzar cuanto necesitamos para construir un país que sea patria y casa para todos.

+ Óscar Urbina Ortega Arzobispo de Villavicencio Presidente de la Conferencia Episcopal
+ Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín Vicepresidente de la Conferencia Episcopal
+ Elkin Fernando Álvarez Botero Obispo Auxiliar de Medellín Secretario General de la Conferencia Episcopal
Bogotá, D.C., 8 de febrero de 2018

Conferencia Episcopal de Colombia

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