HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL. ESPINAL 17 DE MARZO DE 2018

Misa Crismal en la Catedral Nuestra Señora del Rosario, de El Espinal - Tolima. sábado 17 de marzo de 2018

Queridos monseñores, sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos en general, los saludo con afecto paterno y fraterno este día en que nos reunimos para celebrar la Santa misa Crismal y para clausurar el año jubilar que hemos vivido con motivo de los sesenta años de creación de nuestra Iglesia particular.
En esta celebración tenemos presente en espíritu también a los sacerdotes enfermos e impedidos, y desde la comunión de los santos, a obispos y sacerdotes difuntos que han servido generosamente a esta querida Iglesia del Espinal.

Nuestra Eucaristía es una expresión visible de comunión eclesial. Cristo es quien nos convoca para recordarnos desde hoy que en el Triduo Pascual se centra la atención en Jesucristo que nos amó, aquel que atravesaron: Jesús, que en los días de su pasión, muerte y resurrección llevó a cumplimiento su misión salvadora, que el Padre le había confiado.

Hermanos, en esta ocasión, en nuestra meditación tengamos presente en primer lugar el mensaje de las lecturas que hemos escuchado. Después la referencia a la Santa Misa Crismal; y finalmente una palabra sobre la clausura de nuestro Año jubilar.

Las lecturas y el salmo nos hablan de los ungidos: El Siervo de Yahvé, el Rey David y Nuestro Señor Jesucristo. El siervo de Yahvé en la lectura de Isaías lo expresa claramente: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”. Escuchamos en el Evangelio que el Señor Jesús es consciente que ha sido ungido y también ha sido enviado para anunciar la Buena Nueva, para dar buena noticia a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos. El Señor ungido, por el Espíritu Santo, lleva la buena noticia a los pobres. Todo lo que Jesús anuncia lo mismo que debemos anunciar nosotros sacerdotes, es Buena Noticia.

Las lecturas se refieren al Año de gracia del Señor. El libro del apocalipsis nos recuerda que Jesucristo el Señor, príncipe de los reyes de la tierra nos ha convertido en sacerdotes de Dios su Padre. El Salmo en el cual exaltamos y cantamos las misericordias del Señor se refiere a David su siervo que ha sido ungido con óleo sagrado.

Hermanos amados, No hay duda que la buena noticia nace de la Unción. La primera, la “gran unción sacerdotal” de Jesús es la que hizo el Espíritu Santo en el seno de María. En aquellos días, la feliz noticia de la Anunciación hizo cantar el Magníficat a la Madre virgen, llenó de santo silencio el corazón de José su esposo e hizo saltar de gozo a Juan en el seno de su Madre Isabel.
Hoy, Jesús regresa a Nazaret y la alegría del Espíritu renueva la unción en la pequeña sinagoga del pueblo: El Espíritu se posa, se derrama sobre él ungiéndolo con óleo de alegría (Sal 45,8).

El Papa Francisco insiste en que la buena noticia, es una sola palabra, EVANGELIO que en el acto de ser anunciado se vuelve alegre y misericordiosa verdad. No podemos separar estas tres gracias del Evangelio: Su verdad, no negociable; su misericordia incondicional con todos los pecadores; y su alegría íntima y exclusiva.

Como Jesús, el sacerdote debe hacer alegre el anuncio de la palabra con toda su persona. Cuando predica la homilía lo hace con la alegría que traspasa el corazón de su gente con la Palabra con la que el Señor lo traspasó a él en su oración. Como todo discípulo misionero, el sacerdote hace alegre el anuncio con todo su ser. Recordemos queridos sacerdotes que tenemos en nuestras manos la tarea de LA NUEVA EVANGELIZACIÓN a lo largo y ancho del territorio diocesano. Se trata de predicar el Evangelio con entusiasmo, con verdad, alegría y misericordia, con generosidad y sin ahorrar esfuerzos en la entrega, a pesar de los sacrificios que implique la misión.

Nuestro NUEVO PLAN DE PASTORAL nos compromete a todos: Obispo, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y laicos en general; estamos llamados a asumir con responsabilidad esta primera etapa con énfasis kerigmático. El desafío es para todos nos compromete a todos y por lo tanto ninguno debe sentirse excluido de la misión. Los exhorto a familiarizarse con los contenidos del Plan de pastoral tan pronto llegue a sus manos.

Vayamos ahora al significado de la misa Crismal. Es la misa que celebra el obispo con todos los presbíteros y diáconos de su diócesis. Es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo, que ha de ser tenido como el gran sacerdote de su grey, y como signo de la unión estrecha de los presbíteros con él.

Hoy se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos. También podemos decir que hoy en la diócesis del Espinal es la fiesta del sacerdocio porque se renuevan las promesas sacerdotales.
La palabra crisma proviene del latín chrisma, que significa unción. Así se llama ahora al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra en esta misa. Con estos óleos serán ungidos los nuevos bautizados y se signará a los que reciben el sacramento de la Confirmación en las comunidades parroquiales de nuestra diócesis. También son ungidos los obispos y los sacerdotes en el día de su ordenación sacramental.

Con el óleo de los catecúmenos se extiende el efecto de los exorcismos, pues los bautizados se vigorizan, reciben la fuerza divina del Espíritu Santo, para que puedan renunciar al mal, antes de que renazcan de la fuente de la vida en el bautizo.

El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago, remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y conseguir el perdón de los pecados. El aceite simboliza el vigor y la fuerza del Espíritu Santo. Con este óleo el Espíritu Santo vivifica y transforma nuestra enfermedad y nuestra muerte en sacrificio salvador como el de Jesús.

En fin, esta santa misa es, en su sentido más pleno, la celebración del sacerdocio: sacerdocio de Cristo que ofrece su sacrificio en la cruz e instituye su memorial en la última cena; sacerdocio de los obispos y presbíteros que anuncian el evangelio del Señor, conducen a los cristianos, celebran con ellos la eucaristía y les perdonan sus pecados; sacerdocio del pueblo cristiano encargado de instaurar el Reino de Dios con el cumplimiento de sus trabajos temporales.

Recordemos que hoy queridos hermanos sacerdotes, renovamos las promesas que hicimos el día de nuestra ordenación sacerdotal. El pueblo fiel es testigo de que sus sacerdotes asumen con gozo el don y el compromiso de seguir al Señor, de ser fieles a su llamada, porque recuerdan el día en que sus manos olían a Crisma y sentían el amor de Cristo que los llamó, los consagró y los envió. De antemano sinceras felicitaciones para todos; pido al Señor en mis oraciones los asista permanentemente con su gracia, los mantenga fieles a los compromisos adquiridos desde el día de su ordenación sacerdotal; los libre de todo mal y de todo peligro y s obre todo les conceda el don de la perseverancia en su vocación.

Finalmente, una breve referencia a nuestro Año Jubilar. De él también nos habló la Palabra de Dios cuando leímos que el Señor ha enviado a su Ungido para anunciar el Año de gracia del Señor. Realmente hemos vivido un Año de gracia en nuestra Iglesia particular del Espinal.

Todavía está presente en nuestra mente la celebración del 18 de marzo del año pasado con la Eucaristía presidida por el señor Nuncio Apostólico Ettore Balestrero y con la participación de los obispos de nuestra Provincia Eclesiástica y de otros que llegaron desde distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. Con la presencia de los sacerdotes de la diócesis, y otros que vinieron a compartir nuestra fiesta de acción de gracias a Dios por los sesenta años de vida diocesana. Fue multitudinaria la participación de nuestros fieles llegados por delegaciones de todas las parroquias de la diócesis.

El año de gracia se hizo patente en las bendiciones que muchos recibimos ganando las indulgencias plenarias por la peregrinación a nuestra Catedral, a los santuarios del Carmen de Apicalá y de Nuestra Señora de la Candelaria en Purificación, a la parroquia San Juan Bautista de Chaparral, Santa Ana del Guamo y Nuestra Señora de Fátima en Flandes. Aún hoy, en esta celebración somos bendecidos por el Señor para ganar indulgencia plenaria, siempre cumpliendo los requisitos indicados desde el año pasado por el Vaticano: que nos confesemos, que nos acerquemos a recibir la comunión, que oremos por las intenciones del Papa Francisco y del Obispo diocesano, y que en nuestras oraciones no falte una plegaria especial por las vocaciones y por la paz.
Al clausurar en esta celebración este AÑO JUBILAR nuestra oración no deje de expresar una verdadera acción de gracias a Dios.

Amado Dios, Padre todopoderoso, hoy en nombre de todos y cada uno de tus hijos que peregrinan en el sur del departamento del Tolima, te damos gracias porque eres un Dios bueno y bondadoso. Nos regalas la vida, nos das talentos y virtudes. Día tras día llenas de bendiciones nuestra vida.

Padre Santo te damos gracias por este AÑO JUBILAR que hemos vivido en nuestra diócesis del Espinal, para conmemorar los sesenta años de creación de nuestra querida Iglesia particular. Te agradecemos porque eres un Dios lleno de amor, gracia e infinita bondad. Por favor mantennos siempre seguros, fieles a la fe en nuestra Iglesia Católica y Apostólica, aléjanos de todo peligro, líbranos de todo mal, protégenos de los enemigos y de las tentaciones, pues estamos dispuestos a dar todo para ser útiles a ti y a tu obra. Señor, Tú siempre estarás en nuestra vida y en nuestro corazón.

Permítenos estar alertas ante todo mal que se nos presente y enséñanos a escucharte siempre, pues tus sabios consejos son el norte que nuestra vida necesita.

Y así como por tantos años nos has colmado de bendiciones, esperamos seguir contando con tu cercanía, compañía y presencia divina.
Nuestra vida es para servirte a Ti, Señor. Danos la dicha de servirte y permítenos seguir dando testimonio de tu bondad en el mundo. Esta es nuestra oración de agradecimiento, y aunque nace de los más profundo de nuestro corazón, sabemos que las palabras no bastan para demostrarte nuestro amor y nuestra fidelidad. Amén.

+Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo de la diócesis del Espinal

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*