FIESTA EN HONOR AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Transcurría 1675, días después de la fiesta del Corpus Christi en una aparición de Nuestro Señor Jesucristo con su corazón abierto a Santa Margarita María de Alacoque, quedó para siempre en el alma de todo cristiano la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. No obstante el llamado que hizo Nuestro Señor a la humanidad a través de esta santa mística:
“He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud.”

Siglos después, luego que lo hiciera Ecuador y Perú, gracias a los Jesuitas que sembraron la devoción en España, llega a Colombia esta noble tradición de consagrar el país al Sagrado Corazón de Jesús. Se hizo por primera vez el 22 de junio de 1902 en un hermoso templo capitalino llamado el Voto Nacional, construido como voto de los colombianos pidiendo el fin de la llamada “Guerra de los Mil Días” y como homenaje de todo el país al Corazón Sacratísimo de Jesús, significando que los intereses del Corazón de Jesús y de Colombia son los mismos:

“Dignaos aceptar, Corazón Santísimo, este voto nacional como homenaje de amor y gratitud de la nación colombiana; acogedla bajo vuestra especial protección, sed el inspirador de sus leyes, el regulador de su política, el sostenedor de sus cristianas instituciones, para disfrutar del don precioso de la paz…”

Sin colores políticos, el Sagrado Corazón de Jesús es acogido como “emblema” de todo un pueblo, y en señal de amor a Él, se lee entre múltiples escritos, los versos de la Epopeya de la Espiga, del santandereano Martínez Mutis :
“… sobre Colombia exagüe y doloridael Corazón de Jesucristo impera; por caminos de gloria hacia la vida. Él llevará la tricolor bandera y la paz como una aura bendecida presagia los orientes del futuro …”.
Rápidamente se expandió la devoción al Sagrado Corazón de Jesús gracias a la misión de Órdenes Religiosas: dominicos, agustinos, franciscanos, o de señores Obispos como fray Ezequiel Moreno, Santo, Obispo de Pasto (†1906), quien tildó la guerra de los Mil Días de asonada al Corazón de Jesús y Mons. Bernardo Herrera Restrepo (†1928) Arzobispo de Bogotá quien propuso la construcción de la basílica menor del Voto Nacional, al presidente de la república José Manuel Marroquín. A partir de ese momento y en la primera mitad del siglo XX creció el amor y devoción al Sagrado Corazón de Jesús, gracias a movimientos y apostolados católicos que, entre otras cosas, impulsaron las “entronizaciones del Sagrado Corazón de Jesús” a la familia, instituciones públicas y privadas.

En 1951, en las conferencias del padre Jesuita Félix Restrepo (†1965. Escritor, filólogo, pedagogo, orador y humanista antioqueño, una de las personalidades más destacadas e influyentes del país en el siglo XX) con el título de “Colombia en la encrucijada” y transmitidas por la Radiodifusora Nacional en los meses de junio y julio, se plasma un propósito que viene desde el siglo XIX impulsado por el papado, enunciado muchas veces en Colombia y consagrado en las leyes de la República. Se trata del planteamiento del reinado social de Jesucristo. El símbolo que reúne este planteamiento de la Iglesia universal, es Cristo rey y su himno, muy conocido, “Tú reinarás”.

En el cincuentenario del voto nacional, el papa Pío XII lee un mensaje para Colombia por radio y en medio del regocijo de todo un pueblo, el gobierno promulga la Ley 1ª de 1952, por la cual se ordena al presidente de la república renovar anualmente en fiesta litúrgica, la consagración del país al Corazón de Jesús y declara la fecha fiesta nacional de acción de gracias.

Las cosas cambiaron, y por orden de la Constitución de Colombia de 1991, se establece que éste es un país laico, en el sentido de “no confesional”. Desde entonces “no se puede” consagrar la nación y sus instituciones al Sagrado Corazón de Jesús. Sin embargo, el pueblo colombiano, en su mayoría católico, lo sigue haciendo postrándose a los pies del Rey del Universo, y en los tiempos actuales con mayor razón, ante la confusión y caos político, la descomposición social, la interminable guerra que superó hace rato los “mil días”, la pérdida de confianza en las instituciones del Estado, la profunda crisis del aparato judicial, de quienes representan el poder ejecutivo y mucho más el legislativo, con todos sus escándalos de corrupción que alarga sus tentáculos hasta al más anónimo de los ciudadanos, es cuando se concluye que hoy más que nunca, existe un ícono que representa el dolor, el llanto y el sufrimiento de un pueblo y su historia, y es justamente la imagen del Corazón Sacratísimo de Jesús, a quien se ha de consagrar la nación entera, la familia y la vida misma, y no por un protocolo político, sino por convicción y con firme esperanza SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS: EN VOS CONFÍO.

-Giovanni Aguirre. Pbro.
Vicario de Pastoral

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