VIGENCIA DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Cuando a uno le hablan de la Nueva Evangelización, se imagina que le van a proponer un nuevo Evangelio, una nueva noticia, y también le lleva a pensar que antes ya hubo otra evangelización, y algunos podrían pensar que si la hubo y funciona ¿Por qué vuelven a hacer lo mismo?. Se trata de hacer conciencia de lo que ya tenemos, se trata de emplear nuevos métodos para comunicar el mensaje de salvación a tantos que ya no lo reciben con nuestras maneras actuales de evangelizar.

Antes de hablar de Nueva Evangelización, es necesario recordar que la Iglesia fue creada para Evangelizar, para predicar y enseñar, para ser canal de gracia y para reconciliar a los pecadores con Dios, para llevar la buena noticia a los pobres y dar la libertad a los cautivos, y que “Evangelizar es mostrar el camino, enseñar el arte de vivir. Jesús dice al inicio de su vida pública: he venido para evangelizar a los pobres” (cf. Lc 4, 18). Esto significa: yo tengo la respuesta a vuestra pregunta fundamental; yo os muestro el camino de la vida, el camino que lleva a la felicidad; más aún, yo soy ese camino. La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría, el tedio de la vida considerada absurda y contradictoria. Esta pobreza se halla hoy muy extendida, con formas muy diversas, tanto en las sociedades materialmente ricas como en los países pobres. La incapacidad de alegría supone y produce la incapacidad de amar, produce la envidia, la avaricia… todos los vicios que arruinan la vida de las personas y el mundo. Por eso, hace falta una nueva evangelización. Si se desconoce el arte de vivir, todo lo demás ya no funciona. Pero ese arte no es objeto de la ciencia; sólo lo puede comunicar quien tiene la vida, el que es el Evangelio en persona”. (S.s. Benedicto XVI)

Teniendo la conciencia de haber hecho todo bien, pero conocedores de estar frente a una realidad que nos sobrepasa por su complejidad y desafíos, se propone la nueva Evangelización como un proceso, que busca evangelizar a todos para que alcancemos la felicidad y la santidad, respondiendo a la petición de los discípulos “Auméntanos la fe” (Lc 17,5).
San Juan Pablo II, entendió muy bien la necesidad de replantear el modo de Evangelizar. “Desde la cruz de Nowa Hutaha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio”. Estas palabras fueron pronunciadas en 1979, en su histórico viaje a Polonia, en la “ciudad sin Dios” comunista en la que la resistencia de los obreros cristianos consiguió levantar una gran cruz y una iglesia. Pero ya en 1972 en su Diócesis había convocado un sínodo general, incluso arriesgando el castigo de los comunistas polacos, para buscar entre sacerdotes y laicos, caminos para aplicar el concilio Vaticano II y salir al paso al desangre del pueblo que era por ideologías, olvidando la “Comunión” y la hermandad y curar sus heridas con el amor de Cristo y calor humano de su Iglesia.

Esta evangelización, nueva en sus métodos, nueva en su ardor y en sus expresiones, sigue buscando la comunión y la salvación de todos. Debemos usar de modo razonable los métodos modernos para lograr que se nos escuche; o, mejor, para hacer accesible y comprensible la voz del Señor. No buscamos que se nos escuche a nosotros; no queremos aumentar el poder y la extensión de nuestras instituciones; lo que queremos es servir al bien de las personas y de la humanidad, dando espacio a Aquel que es la Vida.

Debemos dar un paso más. Jesús predicaba de día y oraba de noche, pero eso no es todo. Su vida entera, como demuestra de modo muy hermoso el evangelio de san Lucas, fue un camino hacia la cruz, una ascensión hacia Jerusalén. Jesús no redimió el mundo con palabras hermosas, sino con su sufrimiento y su muerte. Su pasión es fuente inagotable de vida para el mundo; la pasión da fuerza a su palabra.

San Agustín dice lo mismo de modo muy hermoso, interpretando el texto de san Juan donde la profecía del martirio de san Pedro y el mandato de apacentar, es decir, la institución de su primado, están íntimamente relacionados (cf. Jn 21, 16). San Agustín lo comenta así: “Apacienta mis ovejas, es decir, sufre por mis ovejas” (Sermón 32: PL 2, 640).

Los contenidos esenciales de la nueva evangelización: Conversión, el Reino de Dios, Jesucristo, la Vida Eterna. Se requiere que todo esto se articule y sea integral, integrar testimonio y anuncio, Palabra de Dios y Sacramentos, Cambio interior de cada persona y trasformación social.

Pues bien, nuestra Diócesis del Espinal, ha abrazado desde hace unos años como método fundamental para Evangelizar, el SINE (sistema Integral de Nueva Evangelización), sin cerrar la puerta a otras experiencias de nueva evangelización o métodos tradicionales de evangelización que, durante años, incluso siglos han asegurado la vida de la Iglesia y la Salvación de las almas. Todo esto con el fin de llegar a todos: si ir a todos, a todo hombre y mujer, involucrarlos a todos, y darles todo, esto es, Palabra de Dios, Comunión (unidad de hermanos), Sacramentos, y trasformación social.

Este método tiene unas etapas, iniciando por el Kerigma, pasando a coinonía y luego ya en vida de comunidad se sigue una formación permanente a través de los diversos niveles de catequesis, encargos ministeriales y vivencia de la fe, contacto con la Palabra de Dios, vida sacramental y por su puesto la vivencia de la caridad (el amor).

En el momento nuestro Obispo y el consejo de Pastoral, siguiendo las enseñanza de los Papas, incluyendo toda la renovación espiritual propuesta por nuestro Papa Francisco, han lanzado el proyecto de pastoral para nuestra Diócesis, en él propone una etapa Kerigmática de 3 años, una etapa de Coinonía de 3 años y una etapa de misión de tres años. La idea es que el Evangelio llegue a todos.

Antonio Devia Mendez. Pbro. Vicario Judicial

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