Editorial

No hay duda que el mes de julio es de gran significado mariano para nuestra Iglesia particular del Espinal. Ya hemos mencionado en otras ocasiones el elenco de parroquias creadas bajo el patrocinio de Nuestra Señora la Virgen del Carmen. Suman nueve a lo largo y ancho del territorio diocesano, y eso sin recordar otras cuantas advocaciones marianas bajo cuyo patrocinio otras parroquias fueron creadas. Tenemos para completar el Santuario Nacional de Nuestra Señora la Virgen del Carmen de Apicalá que recibe miles y miles de peregrinos todos los días del año, pero muy especialmente en los días de la fiesta.

No sobra recordar que la Santísima Virgen del Carmen es patrona de las fuerzas armadas, de los transportadores y de los comerciantes.

Su nombre viene del monte Carmelo, en Israel o Tierra Santa. A este monte se retiraba a rezar el profeta Elías, y en una ocasión en que el pueblo rebelde había sido castigado con un verano de tres años, Elías estando rezando en la cima del monte Carmelo envió a su secretario a que observara en el horizonte para ver si veía algo. El otro volvió a contarle que se veía una pequeña nube. Con esto entendió Elías que ya iban a llegar las lluvias. Y en efecto la nube fue creciendo y se convirtió en una inmensa y muy provechosa lluvia que alegró enormemente a aquellas gentes que llevaban 36 meses sin agua.

La Iglesia Católica ha creído que esa nubecilla que apareció en el Monte Carmelo era anuncio o imagen de María, la cual al aparecer en este mundo nos trajo la más bella noticia: la de que con ella, por medio de su Hijo Jesucristo, nos llegaría la más grande y provechosa lluvia de gracias sobre todos nosotros, pobres pecadores (Carmen significa: tierra fértil que produce muy buenos frutos).

Se cuenta que desde hace muchos siglos se reunieron en el monte Carmelo varios monjes a rezar y hacer penitencia, y la gente los llamaba Los Carmelitas. Estos religiosos le tenían una gran devoción a la Santísima Virgen y le erigieron un templo en esa hermosa montaña.

Pero en el siglo XI llegaron los mahometanos, y destruyeron todo a sangre y fuego. Muchos monjes murieron mientras cantaban himnos a la Santísima Virgen, pero algunos lograron huir y embarcarse hasta llegar a Italia. Allá empezaron a propagar la devoción a la Santísima virgen María y las gentes los seguían llamando Los Carmelitas.

Dice la tradición que el 16 de julio de 1251 La Santísima Virgen se apareció a San Simón Stock y le prometió conceder ayudas muy especiales a quienes lleven el santo escapulario como un acto de cariño y devoción en honor de la Madre de Dios y con deseo de convertirse y llevar una vida más santa.
Los efectos del escapulario muy pronto empezaron a notarse en todas partes. Incendios se detenían; inundaciones se calmaban; tentaciones se alejaban y muchos pecadores se convertían. Ya sabemos que lo que salva de peligros no es el escapulario en sí, sino la Santísima Virgen que protege y defiende a quienes llevan esa insignia como señal del aprecio y la devoción que sienten por ella. La Santísima virgen María sigue haciendo prodigios cada día en favor de quienes llevan con devoción el santo escapulario o su medalla y se esfuerzan por volverse mejores creyentes.

Antiguas tradiciones narraban que la Santísima Virgen había prometido visitar en el purgatorio a sus devotos, el sábado próximo a la muerte de ellos y concederles descanso. Por eso la devoción a la Virgen del Carmen está muy ligada a la devoción a las benditas almas.

Que Nuestra Señora la Virgen del Carmen de Apicalá siga protegiendo a nuestro pueblo, a nuestra comunidad diocesana del Espinal y le consiga la gracia de convertirse y llegar a la santidad. Que nos ayude y asista especialmente en la tarea de la Nueva Evangelización tal como la concebimos en nuestro nuevo plan de Pastoral.

+Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo de la diócesis del Espinal

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