SACERDOTE: ¿CÓMO VIVE EL MINISTERIO DE LA PALABRA?

Pbro. José Orlando Salazar Duque, Padres de familia, niños de catequesis y catequistas de la parroquia María Inmaculada Concepción de Melgar - Tolima

Sacerdote: Para que nuestro ministerio de la palabra sea fecundo, no podemos menos que volver nuestra mirada a Jesús: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó y sus discípulos se acercaron; tomando la Palabra, Jesús les enseñaba” Mt 7,28-29

Todos los cristianos estamos llamados por Cristo y por la Iglesia a anunciar el Evangelio a todas las gentes, pero recae de manera especial y directa en los obispos, quienes en compañía de sus sacerdotes, busca que el anuncio llegue a todos los hombres, para que Cristo y su Iglesia sea conocida y amada.

En el seminario aprendimos, gracias al profesor de catequesis o de derecho canónico, que en el ministerio de la palabra se destaca tres momentos importantes: 1. La predicación. 2. La catequesis. 3. Las misiones. En una buena planeación pastoral, bien integrados y complementados con los tres momentos del ministerio de la palabra, se tendrá como resultado agentes de pastoral comprometidos, capacitados, formados, pero sobre todo testigos vivos del evangelio, que estarán siempre en comunión con la Iglesia, con su parroquia y su diócesis.

La bondad de Dios, de la Iglesia y de nuestro obispo al concedernos la licencia y la facultad de predicar, ha de ser considerado por nosotros los ministros “UN PRIVILEGIO”, que nos permite ser fecundos en la extensión del Reino de Dios. El espacio de la predicación u homilía es querido, esperado y acogido con esperanza por la mayoría de nuestros fieles. De ahí la importancia de una buena preparación Bíblica, Moral, Ética, pastoral y espiritual, para que el mensaje sea fecundo, que trasforme corazones, no sentimientos.

Hace algún tiempo, preparándome para una de mis predicaciones me encontré con una frase, que me llevó a reflexionar, la cual deseo compartir con mis hermanos sacerdotes:

Si revivimos la importancia de la predicación y todo el bien que con ella podemos hacer, de seguro haríamos violencia con todo los obstáculos que nos impiden prepararnos lo suficiente para dinamizar esta área importante de nuestro ministerio sacerdotal, la cual es envidiada por publicistas, políticos, pastores protestantes, ideólogos, entre otros, por su impacto y trascendencia.

Hace algunos años, en las parroquias se veía un aire nuevo, después de la celebración de las primeras comuniones: Niños; jóvenes, padres, madres, familias que con fervor, entusiasmo, esperanza, fe y amor seguían el proceso de acompañamiento a ese niño o niña que había tenido la dicha de recibir por vez primera el Sacramento de la confesión y de Jesús Eucaristía en su primera comunión. Ciertamente es el fruto de una catequesis integral, sistemática, programada y vinculante a la acción sacramente y pastoral de la parroquia.

Viendo la catequesis de esta forma, es una maravilla fortalecer nuestro ministerio de la palabra, por encontrar allí, espacios preciosos para formar y capacitar en la vivencia y comunión Eclesial en nuestras parroquias. Así nuestras parroquias siempre serán vivas, dinámicas y comprometidas.

A título personal, invito a los párrocos, vicarios, comité parroquiales, comunidades parroquiales, catequistas, padres de familia a prestar todo el interés para que cada catequesis en su parroquia sea desarrollada integralmente, buscando superar el concepto de enseñanza, por “ANUNCIO DE LA PALABRA”, para conocer, seguir y amar a Jesús, a través de su Iglesia.

En nuestra experiencia cristina, en el discernimiento vocacional y en el ministerio, las MISIONES, han dejado una experiencia significativa, que no sólo revive la fe, sino que nos lleva a ser “discípulos misioneros” de tiempo completo.

El gran de safio, en el ministerio de la palabra y sacerdotal, es reconocer que las parroquias tienen necesidad de renovación profunda y urgente y que sólo a través de la misión permanente se logrará parroquias eclesiales con capacidad de vivir en comunión, ya que la misión renueva la Iglesia, fortalece la fe y da nuevas motivaciones.

Que el espíritu Santo nos impulse a ser misioneros, para que en todos los rincones de la parroquia, reciban el anuncio del Evangelio, ya que su origen, fundamento y fin de Dios Padre, es la salvación de todos los hombres. 1Tim 2,4-6.
José Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*