5 DE AGOSTO DE 2018.

DOMINGO 18º DEL TIEMPO ORDINARIO

DEL LIBRO DEL ÉXODO 16,2-4.12-15:

“EN SU MARCHA HACIA LA TIERRA PROMETIDA, EL PUEBLO DE DIOS DE ISRAEL TIENE QUE APRENDER A CONFIAR EN DIOS”.

La vida es un don de Dios, pero es prestada, porque de él viene y a El vuelve. Desafortunadamente, por la poca fe, la vida la hacemos nuestra, hacemos lo que queremos, renegamos de ella cuando sentimos que nos va mal, añoramos muchas cosas y muchas veces le hechas la culpa a Dios cuando no las podemos conseguir, pero a pesar de todo el Señor no nos abandona, al igual que al pueblo de Israel, el Señor siempre nos da lo necesario, el pan de  cada día. Convenzámonos de la necesidad de confiar en el Señor, de hacer su voluntad y de marchar en esta vida, siempre mirando a Cristo, porque sólo en él y a través de su Iglesia, llegaremos a la tierra prometida, el cielo.

SAL 77. “EL SEÑOR LES DIO UN TRIGO CELESTE”

El salmo nos invita a trasmitir a las nuevas generaciones lo que hemos oído y aprendido de  nuestros padres y de nuestra Iglesia, tanto con las palabras como con nuestro ejemplo. De esta manera conocerán, como lo dice el Salmo, “un trigo Celeste”, es decir: El cielo nuevo y la tierra nueva.

 

DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS (4,17.20-24).

“LOS CRISTIANOS NO DEBERÍAN DEJARSE LLEVAR YA MÁS NI POR SUS CAPRICHOS NI POR DESEOS DE INMEDIATA GRATIFICACIÓN PERSONAL, PORQUE HAN LLEGADO A SER NUEVOS EN CRISTO”.

El mensaje del Apóstol es claro: No vivir en el pecado, porque este trae pensamientos mezquinos, sino vivid de acuerdo al Evangelio de Cristo, el cual nos lleva a tener una vida nueva y esta nos lleva a la verdad. Por ello nos pide “despojarnos de nuestra vieja naturaleza, que está corrompida  por los malos deseos engañosos y renovarnos en nuestra mente y en nuestro espíritu, y revestirnos de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios y que se manifiesta en una vida recta y pura, fundada en la verdad”. Esto lo podemos hacer con la gracia que el Señor nos da, pues para el Señor, “nada es imposible”.

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6,24-35).

“JESÚS LES DICE A LA GENTE  QUE LE BUSCAN: QUE ÉL ES EL VERDADERO PAN BAJADO DEL CIELO”.

Jesús siente tristeza de la gente que lo sigue, porque aún no habían entendido su misión Mesiánica, pues sólo lo buscaban por el pan que les daba, más no por ser el hijo de Dios, por ello les dice a sus discípulos: La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado, y les dijo: “Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed”. Permitamos que toda nuestra vida esté contagiada del amor a Cristo, porque sólo en él tendremos vida eterna, tendremos paz y seremos felices.

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