CONOZCAMOS NUESTRO PLAN PASTORAL DIOCESANO

Cada día el mundo, que no se detiene, plantea nuevos desafíos a la sociedad. La Iglesia siempre atenta, para reflejar la luz de Cristo en el mundo, como lo hace la luna con la luz del sol, pensando en la salvación de los hombres, anuncia sin descanso el mensaje de Dios. Partiendo de este principio, en tiempos actuales, la Diócesis de El Espinal, renueva y actualiza sus directrices pastorales, teniendo en cuenta ante todo, el mandato misionero de Jesucristo y la realidad de su sociedad. La unidad de criterios y la manera como se ha de realizar esta misión es lo que se conoce como Plan Pastoral Diocesano. Debido a su gran importancia, se dedicará en el periódico “LA MISERICORDIA”, un espacio para dar a conocer dicho Plan.

Lo primero es la “misión pastoral” de la Diócesis de El Espinal:
Luego de comprender la naturaleza propia de la Iglesia: evangelizar, cada una de sus piedras vivas deben saber hacia dónde se proyecta la diócesis, a través de la “visión”:

Como el pueblo de Israel a través del desierto con la esperanza de llegar a la tierra prometida, así se pone en marcha toda una Iglesia, con la esperanza de sembrar los valores del reino en cada una de sus parroquias, a través de la fascinante tarea de la Evangelización.

En primer lugar la labor pastoral de la Iglesia debe sembrarse en una tierra específica, particular, conociendo toda su historia, idiosincrasia, economía, realidad social y culturar, para lograr así aquello que el Magisterio de la Iglesia llama inculturación del Evangelio.

ASPECTO SOCIOCULTURAL DE LA DIÓCESIS DE EL
ESPINAL

En el Tolima se ubica la Diócesis de El Espinal, ocupando el centro, sur y oriente del departamento con una extensión de 12.535 Km2. Esta Iglesia Particular emerge en medio del Valle del Magdalena, custodiada por las imponentes alturas de la Cordillera Oriental y Central, bañada por las frescas aguas del Magdalena, del Saldaña, del Atá, del Cucuana e innumerables quebradas y riachuelos.

De los 47 municipios que conforman el Tolima, 23 corresponden a la Diócesis de El Espinal: Alpujarra, Ataco, Carmen de Apicalá, Chaparral, Coyaima, Cunday, Dolores, Espinal, Guamo, Flandes, Icononzo, Melgar, Natagaima, Ortega, Planadas, Prado, Purificación, Rioblanco, Saldaña, San Antonio, San Luis, Suárez, Villarrica y el corregimiento de Gualanday, con un número aproximado de 506.462 habitantes, dentro de los cuales bien cabe resaltar su población indígena, que representa el 3,28 % de esta población en todo el país, con un total de 25.722 indígenas, con sus respectivos resguardos: en Coyáima, Natagaima, Ortega, Rioblanco, San Antonio y Planadas.

La situación social de los municipios de la Diócesis no ha sido fácil, en medio de un país, en el que, desde 1.948 luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, se desencadenó la llamada “época de la violencia”. Triste protagonista de esta infortunada página de la historia colombiana, ha sido el sur del Tolima, ya que, como consecuencia de estos hechos, el 18 de mayo de 1.964 el gobierno de Guillermo León Valencia, buscando la pacificación del territorio nacional, envió a 16 mil hombres que se tomaron a Marquetalia, vereda del corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, para enfrentar a un grupo de campesinos insurrectos, que serían después los fundadores de uno de los grupos terroristas más grandes del país, prolongando esta guerra a más de medio siglo.

Veredas, corregimientos y municipios como: Planadas, Gaitania, Puerto Saldaña, Dolores, La Arada, Prado, San Antonio, Ortega, San Luis, Rioblanco, Herrera, Bilbao, Suárez, Natagaima, Alpujarra, Cunday, Villarrica, Tres Esquinas, Ataco, Santiago Pérez, Chaparral, tuvieron días y noches enteras de verdadero espanto y dolor, ante el abandono del Estado y a causa de acciones bélicas, provocadas por grupos terroristas de extrema izquierda o derecha, dejando a su paso muerte, destrucción y desplazamiento de humildes pobladores, que se suman a la ya difícil vida del campo, condición de la mayor parte del territorio diocesano.

Cada día crece la esperanza de construir un mejor presente, que deje atrás el amargo dolor de la guerra, y permita contemplar con paz tantos hermosos lugares, con los cuales el Creador engalanó al Tolima: el cerro de Pacandé, las cuevas de Tuluní, las cuevas de Cunday, la represa de Prado “mar del interior de Colombia”, el Páramo de las Hermosas, la región de Marquetalia en Gaitania, el cerro de Calarma en los municipios de Chaparral, San Antonio y Ortega, e incontables balnearios y paisajes tanto de cordillera como de la llanura del Tolima, que recuerdan a cada instante miles de razones por las cuales es una bendición vivir en esta parte de Colombia.

Pero no faltan motivos por los cuales los tolimenses se levantan cada día, muchos con el azadón al hombro para cuidar sus cultivos, imponentes como las grandes arroceras de Saldaña y Purificación, en donde se produce casi el 30% del arroz del país; o cafetales que varias veces han ganado el certamen “Taza de la Excelencia”, confirmando que el mejor café del mundo se está produciendo en estas tierras, específicamente en Gaitania, corregimiento de Planadas, sin desconocer muchos otros municipios cuya economía depende del café y que posicionan al Tolima como tercero en producción nacional.

También los magníficos cultivos de algodón que en su florescencia causan una ilusión óptica de sembrados cubiertos de nieve bajo el inclemente sol de las llanuras espinalunas, además del maíz, sorgo y ajonjolí; o los hermosos hatos ganaderos que llenan de vida montañas y valles; también en las orillas de los ríos no es raro encontrarse con vegas sembradas de plátano, además de la producción piscícola en la represa de Prado, y en los grandes ríos como el Magdalena y el Saldaña. Se suma también la producción minera en el municipio de Ataco, e hidroeléctricas en Prado y en el Cañón de las Hermosas en Chaparral.

Giovanni Aguirre. Pbro.
Vicario de Pastoral

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*