Domingo, 23 de septiembre de 2018

25º del Tiempo Ordinario

DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA 2,12.17-20:

“La fe del justo es una silenciosa acusación contra los de poca o de ninguna fe. Por eso los justos son ridiculizados y perseguidos”.

“La sangre de Mártires, semilla de Santos”. Con frecuencia, nos abordan jóvenes o fieles que quieren seguir al Señor y ser parte activa de un grupo apostólico de nuestra parroquia, pero que en su colegio, universidad, empresa donde trabaja, amigos o familia, no encuentran apoyo o ambiente propicio para ello, sino burlas, desprecios, trampas y tropiezos para vivir conforme al Evangelio y las enseñanzas del Evangelio y de nuestra Iglesia Católica. Para ellos va la respuesta en este hermoso texto: Para el pecador somos incómodos y por ello se dicen: “Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada”. Ante esta realidad no debe desanimarse, ni confundirse, ni desesperarse, ni retirarse, sino seguir adelante con paciencia, con la confianza puesta en el Señor que lo sostendrá y no permitirá que se confunda.

SALMO 53,3-4.5.6 Y 8:

“El señor sostiene mi vida”:

Al tener la certeza que el Señor es mi auxilio, que sostiene mi vida, que me salva, no temeré a mis enemigos y ofreceré a El mi vida, fatigas, angustias y sufrimientos con la certeza que el señor sostiene mi vida, porque él es bueno y su misericordia es eterna.

DE LA CARTA DEL APÓSTOL SANTIAGO 3,16–4,3:

“¡Cuánta más paz habría en el mundo si los cristianos no cediéramos al mal en nuestros corazones!”

Ante un mundo sin Dios, sin fe, sin amor, sin paz, sin esperanza, fácilmente nos dejamos confundir, cayendo en las tentaciones del mundo que nos habla el Apóstol Santiago, tales como: Envidias, rivalidades, desordenes y toda clase de males. Para poder contrarrestar a los males, se necesita en la oración pedir la gracia y sabiduría de Dios, pero al mismo tiempo nuestro querer y voluntad para no dejarnos seducir. De esta manera, recibiremos pureza, paz, capacidad de comprender a los demás, docilidad al Señor, misericordia y gracia para hacer buenas obras, que redundarán en gracia para los demás. Que el Señor nos ayude a hacer lo grato a Dios y no a nuestros intereses.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9,30-37:

“¿Quién es el mayor? ¡en el reino de dios, los pequeños!”

En esta sociedad, todos queremos ocupar los primeros puestos, ser el centro de atracción de los demás. No así, para los que buscamos el Reino de los cielos. Jesús dedico gran tiempo instruyendo a sus discípulos, no sólo sobre su muerte, Pasión y Resurrección, sino también sobre sus preguntas, discusiones e interrogantes. Y es precisamente en este texto del Evangelio de San Marcos donde les explica quién se merece ser el más importante en el Reino de los cielos, con dos cualidades que están cargadas con un fuerte contenido teológico, que se constituye en norma y ley: La primera: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. La segunda: “Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”. Si queremos ser importantes en el Reino de los cielos y estar inscritos en el libro de la vida, seamos los primeros en servir y en tener el corazón puro como el de un niño.

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