El amor y la amistad en la era de las contradicciones.

Encuentro de realidades parroquiales, Cámara de Comercio - Espinal Tolima

Septiembre ha sido generalmente promovido por el comercio para celebrar la fiesta del amor y la amistad, conmemoración muy criolla para expresar una cantidad de buenos sentimientos y gratitud a aquellos que nos rodean, si bien últimamente se ha venido promoviendo por partida doble otra celebración importada del extranjero para duplicar las ventas con la fiesta de San Valentín en el mes de febrero; vale la pena que revisemos el sentido de ese tipo de campañas más allá de los intereses lucrativos que las lanzan y que les opacan su sentido original.

Nuestro tiempo lleno de paradojas y contrastes marca el desarrollo de una sociedad con unas características particulares en la que, queramos o no, nos desenvolvemos y a veces nos dejamos llevar sin mayor esfuerzo de análisis aceptando lo que ella nos proponga, nos vamos a referir en esta ocasión solamente a dos aspectos de ello.

El diccionario Oxford hace la selección de palabras anualmente según el número de citaciones y uso, lo cual refleja el espíritu, el estado de ánimo y las preocupaciones de la sociedad en esos 365 días que toman como corte de la información:

En el año 2013 se seleccionó como palabra del año al vocablo “selfie” ganador según este criterio indicado anteriormente, un vocablo anglófono pero que en tan pocos años ha ganado reconocimiento mundial en todas las lenguas actuales; esta palabra se construye a partir de la raíz “self” que viene a expresar el sentido de “mismidad” de “individualidad”, palabra acuñada en el contexto de las fotografías que uno mismo se toma solo. Suena muy de moda tomarse un autorretrato, pero cuando se convierte en la experiencia del “selfie” en subir fotos de uno mismo a las redes sociales, se va transformando poco a poco en el llevar a vivir viéndonos solamente a nosotros mismos, pero no siempre con el fin evaluarnos para mejorar, sino porque quisiéramos (inconscientemente) que todo gire a nuestro alrededor, vivir con la tendencia infantil de querer ser el centro de todo, llamando la atención, hacer cualquier cosa con tal de tener “likes” o de tener la imagen “viralizada” en el sentido que muchas personas “me están mirando”.

La gran contradicción está en que al mismo tiempo que se dedican horas y horas a editar, subir y mantener las fotos de las redes sociales, no se mira a los seres queridos que están ahí justo frente o al lado nuestro, descuidando los amigos reales o potenciales y quedándose en el mundo de la fantasía infantil casi de tipo narcisista que se conforma con los centenares de amigos virtuales y la distancia con las personas reales que tiene alrededor.

Para el año 2017 hubo otra palabra en las nominaciones del diccionario al que nos referimos arriba, se trató del vocablo anglófono “youthquake” lo cual proviene de la raíz que traduce juventud y movimiento telúrico para significar un cambio cultural, político, social surgido por la influencia de las acciones y motivaciones de los jóvenes.

Aquí viene el otro contrasentido, los jóvenes anhelan los cambios positivos para el mundo, algunos se comprometen y se unen para buscar esa construcción transformativa como lo hemos visto en muchos países en donde la juventud en los años recientes ha sido protagonista de grandes cambios incluso de tipo político, pero también social y cultural (Nicaragua, – Venezuela, Estados Unidos, Turquía, Egipto, son algunos ejemplos recientes); pero mientras todo eso ocurre muchos otros se escudan detrás de una computadora o de un “teléfono inteligente” huyendo del compromiso. Se van “enredando” cada vez más profundamente, la era del internet y las adicciones que puede generar, muestran otra juventud que quiere “conectar” con tantos otros, pero en realidad no quiere “relacionarse” con ellos, la falta de compromiso a un amor duradero y estable como nos lo presenta en el libro Amor líquido el sociólogo polaco Zymunt Bauman (2003) quien nos enfatiza la realidad (de hace ya buenos 15 años) y en la que nos encontramos a un solo click de desconectarnos de quien queramos, de evitar el diálogo, de bloquear a las personas cuando hay el más leve problema o de simplemente “dejarlos en visto” sin ningún remordimiento.

En este mundo de conexiones, esta llamada “realidad virtual” nos va haciendo más normal cada día esa vida ficticia donde se encuentra de todo, pero no se posee nada, donde cualquiera puede aparentar ser lo que le venga en mente, pero en realidad estar lejos de serlo. Este modo diario cada día más frecuente va desgastando la identidad personal y relativiza todo lo esencial para atrapar y retener en un ambiente de falsedad de uno mismo, de los demás y del mundo entero. Pensemos por ej. En el éxito de las “selfies” gracias al modo “embellecedor” que diluye los mal llamados defectos físicos de la persona, los cuales hacen parte de la identidad y del ser, pero que no se quieren asumir como parte de la realidad y se llena de satisfacción a la hora de poner o quitar digitalmente atributos de uno mismo para figurar en las redes sociales de acuerdo al gusto que la sociedad dictamine.

La falta del encuentro real entre las personas, el encuentro físico, el diálogo más allá de reenviar mensajes infinitos de amor, de buenos deseos, de oraciones y bendiciones virtuales, esa falta de contacto real y de mirarnos a los ojos directamente va haciendo que se pierda de vista el valor que cada persona tiene, su realidad y su particularidad, nos puede hacer que olvidemos incluso su dignidad o finalmente nuestra propia dignidad.

Ahora bien, esta era tan avanzada y sobreabundante en información cómo está influyendo nuestro estilo de vida, nuestra manera de relacionarnos, nuestro modo de aproximarnos a la realidad, tanta confusión entre avances tecnológicos que hacen pensar que todo es permitido y hasta debido, la confusión de la identidad en donde se hace énfasis en el egocentrismo permanente que degenera en el individualismo pragmático; se vislumbra con mayor fuerza la necesidad de rescatar los valores de la Verdad, la Bondad y la Belleza como principios claros de acción y de decisión.

Es esencial que podamos encontrar y ayudar a los demás a descubrir las pautas que nos ayuden a “construir la casa sobre roca firme” y no “sobre la arena” para renovar la familia, la sociedad y el país.

Celebrar el amor y la amistad en esta era del individualismo y la superficialidad tiene que ir mucho más allá de los regalos, las frases bonitas y alguna que otra celebración con regalos sorpresas y amigo secreto; nos debe mover a revisar ante todo cómo estamos favoreciendo la presencia de ciertas virtudes que hoy por hoy parecieran en peligro de extinción:
• Pureza: ante tantas imágenes que hoy nos aturden con su desparpajo, imágenes que nos quitan la paz, busquemos tener mayor pureza en nuestro corazón, limpieza de pensamiento para no convertir en objetos a las personas; no permitir la superficialidad, las comparaciones competitivas ni la envidia.
• Verdad: se han puesto de moda también la difusión indiscriminada de las llamadas “fake news” con las cuales se juega con el nombre de las personas, la buena fe, se aterroriza y se confunde; una manera siniestra que el antiguo chisme ha encontrado en las redes sociales; antes de creer absolutamente todo lo que allí aparece, es necesario actuar con el criterio de la verdad, hacer lo posible por verificar, no actuar de manera impulsiva solo porque estamos “conectados” pero quedamos al final solo “medio informados”.
• Cortesía: no hay que conformarse con los likes, es necesario volver al encuentro verdadero, al saludo en la calle, a la visita en casa, al diálogo cercano, a la discusión saludable, al comunicarnos personalmente para demostrar el cariño y la ternura de modo productivo.
Ante tanta gente que sucumbe a esta tragedia del individualismo superficial, no podemos permitir que nuestras familias sean campo de cultivo del sinsentido del “esnobismo” esta es otra palabra interesante que proviene de raíces latinas anglofonizdas como “snob”, del latín sine nobilitatis es decir sin nobleza, persona que busca copiar e imitar el estilo, la apariencia, las costumbres y las opiniones de las personas a las que considera mejores, pero que va diluyendo su propia identidad en aras de aparecer él mismo como perteneciente al grupo “especial” copiando el modo de hablar, la vestimenta y los consumos. De manera simultánea, el esnob intenta diferenciarse de los individuos a quienes toma como parte de grupos inferiores, despreciándolos. Así es como nos salen “de mejor familia” renegando de sus orígenes y aparentando, virtualizando y relativizando toda su realidad..

Roberto José Guzmán Villanueva. Pbro
Rector de Institución Universitaria FUNDES

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