¿COMO SER MISIONERO EN NUESTRO TIEMPO?

Fieles de la parroquia de la Santa Cruz. de Barrios Unidos. Melgar - Tolima

La Iglesia, con el deseo de no perder su esencia de su fundador, de ser misioneros de la fe, ha llamado al mes de octubre, el mes de las misiones, para recordarnos que cada cristiano está llamado a ser misionero, en primer lugar a ejemplo de Jesús, quien nos mostró que lo más grande era el amor, vivido por él, hasta la muerte de Cruz, por bondad y misericordia para con nosotros.

María es un ejemplo de Misionera. Ella, fue elegida por Dios, para ser santa en el amor, y a pesar de su incertidumbre, cuando el Ángel Gabriel le anuncia el Nacimiento de Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo, exclamó ¡he aquí la esclava del Señor, hágase en mi según su palabra¡. Gracias a María que aceptó la misión de ser la Madre del Salvador, pudo realizarse la redención de la humanidad.

Los apóstoles fueron fundamentales en su obra misionera. Al igual que Jesús anunciaron el reino de Dios y su justicia, siendo luz del mundo y sal de la tierra y después de anunciar el Evangelio, la iglesia primitiva conoció su verdadera misión.

Los primeros padres de la Iglesia, casi todos obispos, consolidaron la fe y la doctrina a través de sus escritos testimoniales, los cuales aportaron un sin número de mensajes que nos encamina a buscar el Reino de los cielos a través de la oración y la acción misionera, desgastando la vida por Cristo, por la Iglesia y por los pobres, sumergidos siempre en el amor a Dios.

Sin duda alguna, los dos patronos misioneros que la Iglesia nos ha regalado, San Francisco Javier y Santa Teresita del Niño Jesús, nos ayudará en este mes de octubre a ser verdaderos misioneros, según el corazón de Cristo y de la Iglesia.

San Francisco Javier, llamado el gigante de la historia de las misiones, quien movido por el amor a salvar almas recorre india, Japón y llega hasta las puertas de china, predicando el reino de los cielos, donde lo sorprende la muerte. El papa Pio X, lo nombra patrono de las misiones.

Santa Teresita del Niño Jesús, que sólo vivió veinte tres años y quien murió en olor a santidad se destacó por su amor a la Iglesia. Ella decía: “En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor”. Su niñez fue feliz, la cual se vio interrumpida a los cinco años de vida cuando muere su madre, pero sus hermanas y de manera especial su papá le brindó todo su amor y de él aprendiendo a amar la naturaleza, a rezar y a socorrer a los pobres. A la edad de quince años estaba convencida de su vocación y fue un tiempo de maduración silenciosa en donde meditaba en la infancia de Jesús y en su muerte de cruz. El Papa Pio XI la declara patrona de las misiones, a pesar que nunca salió de su país, pero toda su vida la ofreció en amor a Dios, por la santificación de los sacerdotes y la conversión de los que no aman a Cristo. Ella no se cansaba en decir: “quisiera ser misionera ahora y siempre y en todas las misiones”.

El Papa Francisco, según su Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en su numeral 20, dice: “La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. Se trata de salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. Y dice además: “Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor”.

El Papa Francisco nos da la luz de cómo ser misioneros en nuestro tiempo, primero, saliendo de la propia comodidad y atreviéndonos a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio y segundo trasmitiendo la fe por contagio del amor.
Que estas dos indicaciones del Papa nos lleve a ser verdaderos discípulos misioneros del Evangelio, no solamente en el mes de octubre, sino siempre.

José Orlando Salazar Duque. Pbro
PhD

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