¿QUIEN NO PUEDE COMULGAR?

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día”  (Jn 6:54) .

El sacramento más augusto, en el que se contiene, se ofrece y se recibe al mismo Cristo Nuestro Señor, es la santísima Eucaristía, por la que la Iglesia vive y crece continuamente. El Sacrificio eucarístico, memorial de la muerte y resurrección del Señor, en el cual se perpetúa a lo largo de los siglos el Sacrificio de la cruz, es el culmen y la fuente de todo el culto y de toda la vida cristiana, por el que se significa y realiza la unidad del pueblo de Dios y se lleva a término la edificación del cuerpo de Cristo. Así pues, los demás sacramentos y todas las obras eclesiásticas de apostolado se unen estrechamente a la santísima Eucaristía y a ella se ordenan. (Cf. CIC 897)

SER BUEN CRISTIANO ME DA EL BENFICIO DE PODER
COMULGAR

Todo bautizado a quien el derecho no se lo prohíba, puede y debe ser admitido a la sagrada comunión. Es necesario recordar que, en consonancia con esto, la Iglesia enseña y exige que quien ya ha sido admitido a recibirla, cumpla algunas condiciones: estar en Gracia de Dios (recientemente confesado), saber a quien recibe (ser consciente de estar recibiendo al mismo Cristo en su cuerpo, alma y divinidad), guardar el ayuno eucarístico (no haber comido una hora antes, a excepción sólo del agua y de las medicinas. El sacerdote que celebra la santísima Eucaristía dos o tres veces el mismo día, puede tomar algo antes de la segunda o tercera Misa, aunque no medie el tiempo de una hora. Las personas de edad avanzada o enfermas, y asimismo quienes las cuidan, pueden recibir la santísima Eucaristía, aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior. (cf. C. 919)

“Para que pueda administrarse la santísima Eucaristía a los niños, se requiere que tengan suficiente conocimiento y hayan recibido una preparación cuidadosa, de manera que entiendan el misterio de Cristo en la medida de su capacidad, y puedan recibir el Cuerpo del Señor con fe y devoción” (cf, canon 913,1). En este sentido, en la Diócesis esta establecido que se trabaje con el catecismo del SINE (Sistema Integral de Nueva Evangelización) y la edad mínima son los 10 años para ser admitido a la preparación. Los padres de familia o quienes hagan las veces, los pastores de almas y los catequistas deben velar para que se preparen bien. Puede, sin embargo, administrarse la santísima Eucaristía a los niños que se hallen en peligro de muerte, si son capaces de distinguir el Cuerpo de Cristo del alimento común y de recibir la comunión con reverencia.

Todo fiel, después de la primera comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año. Este precepto debe cumplirse durante el tiempo pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año (cf. Canon 920).

La Iglesia manda que “se debe administrar el Viático a los fieles que, por cualquier motivo, se hallen en peligro de muerte. Aunque hubieran recibido la sagrada comunión el mismo día, es muy aconsejable que vuelvan a comulgar quienes lleguen a encontrarse en peligro de muerte. Mientras dure el peligro de muerte, es aconsejable administrar la comunión varias veces, en días distintos. (cf. Canon 921)

¿QUIENES NO PUEDEN
COMULGAR?

La posibilidad de comulgar la pierde, quien pierde la gracia de Dios. No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave (canon 915).

Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave, no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; y en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes (canon 916)
Quienes se han casado y se separan, y hacen divorcio civil, y comienzan una nueva relación de pareja, se excluyen a si mismos de la comunión eucarística, al comenzar una vida en adulterio. Conviene que quienes han incurrido en esa situación, sometan su matrimonio católico a estudio de nulidad y si se encuentran las causales tal vez por esa vía, podría recuperar la oportunidad de ser nuevamente admitido a la comunión eucarística. Sin embargo, hasta que la autoridad eclesiástica competente, bien sea el Tribunal Eclesiástico o el Obispo diocesano, no hagan una declaración de nulidad, nadie puede ser admitido nuevamente a la comulgar. Se debe tener en cuenta que, si el matrimonio fue celebrado válidamente, ninguna autoridad eclesiástica le dará nulidad matrimonial y no será nuevamente admitido a comulgar hasta que cese el adulterio.

De otra parte, “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae (cf. Canon 1398). Es decir que, sin que haya declaración de la excomunión, ya queda excomulgado. Y este obviamente no puede recibir los sacramentos incluyendo la comunión eucarística, hasta que no haya hecho un verdadero camino de arrepentimiento y reparación de acuerdo a su responsabilidad y realidad personal, y, se le haya removido la pena canónica de excomunión. Dicha pena cobija a quienes de manera consciente eligen abortar, a quien lo practica y a quienes sabiendo el mal que hacen participan activamente para que se lleve a cabo.

El Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica de la Santa Sede, Arzobispo Raymond L. Burke, En una entrevista concedida a la revista Radici Cristiane (Raíces Cristianas) en el año 2008, precisó que los católicos, especialmente los políticos que públicamente defienden el aborto, no deben comulgar. Se refirió también a la responsabilidad de caridad que tienen los ministros de la comunión, de negársela si es que la solicitan “hasta que haya reformado la propia vida”.

Tras comentar además que entre los fieles se ven a veces actitudes de irreverencia al recibir la Comunión, el Arzobispo destacó que “recibir indignamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo es un sacrilegio. Si lo hace deliberadamente en pecado mortal es un sacrilegio”.

“Si tenemos un pecado mortal en la conciencia, debemos primero confesarnos de ese pecado y recibir la absolución, y sólo después acercarnos al Sacramento Eucarístico”, resaltó.

“Si una persona que ha sido amonestada persiste en un pecado mortal público y se acerca a recibir la Comunión, el ministro de la Eucaristía tiene la obligación de negársela. ¿Por qué? Sobre todo, por la salvación de la persona misma, impidiéndole realizar un sacrilegio”, agregó.

El Prelado vaticano indicó luego que negar la Comunión en estos casos impide que se genere el escándalo; ” un escándalo referente a nuestra disposición para recibir la Santa Comunión”. Es decir, dijo, “se debe evitar que la gente sea inducida a pensar que se puede estar en estado de pecado mortal y acercarse a la Eucaristía. En segundo lugar, podría existir otra forma de escándalo, consistente en llevar a la gente a pensar que el acto público que esta persona está haciendo, que hasta ahora todos creían que era un pecado serio, no lo es tanto si la Iglesia le permite recibir la Comunión”.

Antonio Devia Mendez. Pbro.
Vicario Judicial

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