EL MATRIMONIO DE LOS MORIBUNDOS, ¿ES POSIBLE?, ¿ES VALIDO?

Eucaristía de celebración del sacramento del matrimonio en la parroquia El Señor de los Milagros de Chaparral - Tolima

Es algo complejo, para un sacerdote o para una familia cuando surge la posibilidad de que alguien con una enfermedad terminal, o ya en muy avanzada edad, pide contraer matrimonio con quien convive quizás desde hace mucho tiempo, mas grave sería que el enfermo o el anciano decidiera casarse con una persona que lo cuida desde hace poco o que conoció en épocas muy recientes. Uno podría preguntarse y ¿por qué casarse ahora, y no lo hizo cuando tenía fuerzas? ¿Es realmente consciente de la decisión que toma? ¿es realmente libre para poderse casar? ¿se casa por miedo a la condenación eterna? ¿no le basta la confesión y la unción de los enfermos, visto que ya esta en la ultima etapa de la vida? ¿es necesario casarse para alcanzar la misericordia de Dios? ¿qué significa que la ley suprema de la Iglesia sea el bien de las almas? ¿y si alguien lo está manipulando?, ¿aparte del bien espiritual del enfermo quién saldría ganando o perdiendo si se celebra o no la boda?, etc.

El código de derecho canónico, en el canon 1055 determina que el matrimonio es “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados. Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo sacramento”. Para contraerlo válidamente se exige cumplir las normas establecidas por la Iglesia tanto en el derecho universal como en el derecho particular. Se exige demostrar el estado de libertad, la capacidad para contraer matrimonio, hacer la preparación próxima al sacramento, contraer matrimonio delante del sacerdote o el diacono, cumplir la forma canónica y no solo litúrgica para poderse casar. El párroco, o el testigo que presencie el matrimonio debe tener criterio para reconocer que estas circunstancias se cumplan.

Ahora bien, si miramos el matrimonio in extremis o por causa de muerte, habría que considerar que hace referencia al matrimonio en el que uno de los contrayentes está a punto de morir, por lo cual las legislaciones permiten acelerar los trámites necesarios. Esta circunstancia de que uno de los contrayentes esté en peligro de muerte o próximo a ella, autoriza omitir inicialmente determinadas formalidades exigidas normalmente. Sin embargo, para celebrar el sacramento del matrimonio, no se omita corroborar de algún modo que la persona es bautizada, que goza de libertad y capacidad para casarse, de ahí que se deba levantar un acta en la que consten estos elementos, generalmente es el expediente matrimonial.

Según la forma canónica, se requiere que esté presente un testigo cualificado puesto allí por la Iglesia, para recibir el consentimiento de los esposos, es decir el diácono, el presbítero o el obispo. El mismo derecho canónico establece, que cada uno se case en su propia parroquia. Sin embargo, también el mismo Derecho, concede la excepción y la dispensa a la forma canónica. En el Canon 1116 establece que “§ 1: Si no hay alguien que sea competente conforme al derecho para asistir al matrimonio, o no se puede acudir a él sin grave dificultad, quienes pretenden contraer verdadero matrimonio pueden hacerlo válida y lícitamente estando presentes sólo los testigos: 1. En peligro de muerte; 2. Fuera de peligro de muerte, con tal de que se prevea prudentemente que esa situación va a prolongarse durante un mes. § 2. En ambos casos, si hay otro sacerdote o diácono que pueda estar presente, ha de ser llamado y debe presenciar el matrimonio juntamente con los testigos, sin perjuicio de la validez del matrimonio sólo ante testigos”. Es necesario si según el canon 1117, que al menos uno de los contrayentes haya sido bautizado en la Iglesia católica o recibido en ella y no se haya apartado de ella por acto formal, sin perjuicio de lo establecido en el canon 1127 § 2.

En el caso de las excepciones, visto que se salta las formalidades, nace la pregunta sobre la prueba escrita al respecto de la celebración, ¿Dónde se inscribe la partida de matrimonio?. Al respecto, el canon 1121 dispone que § 1: Después de celebrarse el matrimonio, el párroco del lugar donde se celebró o quien hace sus veces, aunque ninguno de ellos hubiera asistido al matrimonio, debe anotar cuanto antes en el registro matrimonial los nombres de los cónyuges, del asistente y de los testigos, y el lugar y día de la celebración, según el modo prescrito por la Conferencia Episcopal o por el Obispo diocesano. § 2. Cuando se contrae el matrimonio según lo previsto en el canon 1116, el sacerdote o el diácono, si estuvo presente en la celebración, o en caso contrario los testigos, están obligados solidariamente con los contrayentes a comunicar cuanto antes al párroco o al Ordinario del lugar que se ha celebrado el matrimonio.

Es conveniente que, en las anotaciones, se deje constancia, de la excepcionalidad del matrimonio, por ejemplo, escribir del siguiente modo: “Este matrimonio fue celebrado “in extremis” o “in articulo mortis”, debido al grave estado de salud del contrayente y a solicitud de ambos contrayentes, por cuestiones de fe y de conciencia.” O puede redactarse de otro modo de tal manera que conste la dispensa, que en este caso es concedida por el mismo derecho. Esto a raíz de que en la posteridad se puede poner en dudas, y se puede olvidar cual fue el procedimiento, abriendo camino a demandas y querellas de quienes pudieran verse afectados o beneficiados por la boda.

El Estado de acuerdo con el concordato vigente aprobado mediante la ley 20 de 1974, y la ley estatutaria 133 del 94 mediante la cual regula la libertad religiosa en Colombia, y demás normas complementarias sobre la materia, reconoce plenos efectos civiles al matrimonio celebrado conforme las normas del matrimonio católico, es decir basta hacer el registro civil, para que queden reconocidos los efectos civiles.

El procedimiento de reconocimiento de los efectos civiles es fácil. El párroco expide una certificación igual que en el resto de casos de matrimonios celebrados según la forma canónica, la cual para que sea tenida como prueba, debe la autoridad eclesiástica competente certificar la autenticidad del acta, esto generalmente lo hace en la curia el notario eclesiástico o el Delegado Episcopal para las Causas de Partidas, seguidamente el acta ya con sello de autenticidad y competencia, se lleva al Registrado del Estado Civil más cercano quien deberá inscribir en el registro civil, esto en conformidad con la Ley 25 de 1992.

Dicho registro lo puede hacer cualquier persona incluso ajena a los cónyuges, con copia del acta y su cédula de ciudadanía. Algunos se preguntan: ¿Qué sucede si el matrimonio católico no se registró?. La respuesta es nada, no pasa nada, lo puede registrar cualquiera, y el matrimonio es perfectamente válido, la sociedad conyugal nace, los hijos serán legítimos o ilegitimados, y los efectos de ley se mantienen.

¿Para qué se necesita el Registro Civil de Matrimonio en Colombia?

El Registro Civil de Matrimonio es la única prueba legal de la existencia de una unión conyugal sea civil o religiosa. Este documento es indispensable para adelantar, entre otros, procesos tales como: Sucesiones, Sustitución de pensión, Divorcios, Cesación de los efectos civiles del matrimonio, Solicitar cualquier auxilio o beneficio al que tenga derecho el cónyuge.

Antonio Devía. Pbro.
Vicario Judicial

“AMOR ETERNO, TE HE AMADO, POR ESO HE RESERVADO GRACIA PARA TI” (Jer.31.3)

Pbro. Edwin Mauricio Murillo Galeano en celebración Eucarística en la Parroquia Santa Margarita María. Espinal – Tolima

Recordando la Meditación Pastoral sobre la Fe, unida a la Meditación sobre la Esperanza, el Amor toma asiento en el podio de las Virtudes INFUSAS: donde hay Fe hay Amor y donde hay Esperanza hay Amor.
El Amor es Eterno, ya que desde toda la Eternidad misma el Padre Ama a su Hijo y el Hijo Ama al Padre con la gran consecuencia Eterna del Maravilloso Concierto de la muy Augusta Trinidad y este Don Inefable del Amor, tiene sus raíces profundas en el tiempo con la participación Divina en la Persona Humana.

La gran Perla Fina hay que buscarla (El Amor) (Mt. 13.46) y no se encuentra en la Antigüedad de los Pueblos Asiáticos: sobresale el gran Legislador HAMMURABY, Rey de Babilonia, siglo XVIII a.C., quien se inmortaliza en la Humanidad Primitiva, en las grandes ciudades de Babel, Susa y Persepolis. Es una Legislación Dura y sin embargo las graban en la gran placa de bronce que hoy es recordatorio, del gran museo LOUVRE (Francia). Las Normas de este Código muy Celebres, se Sintetizan en la misma “Sangre Humana”: el que derrame la Vitalidad de la Sangre de un Prójimo, que le abran las Venas y se las sustraigan, con razón: “EL OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE”. Es la Venganza donde no hay Perdón y no se conoce todavía el futuro Amor del Hombre por el Hombre y el Gran Principio que se hizo conocido por todos: “El que a Cuchillo mata a Cuchillo Muere”. Era la Norma del Desquite y del pago de la ofensa.

Entre los Árabes, todavía se conservan varias Normas de Vida y de Muerte de los antiguos principios de este Rey de Macedonia.
En la Primitiva Roma se hizo muy famoso Dracon (S. IV a.C.) por sus Leyes que tomaron el nombre de “DRACONIANAS”.
Cual sería la sorpresa de los Apóstoles, cuando Jesús les dice: “OS DOY UN MANDAMIENTO NUEVO, QUE OS AMEIS LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO OS HE AMADO” (Sinópticos: Mt., Mr. y Lc.) y este gran suspenso llega a plenitud con las palabras de Juan: “NADIE HA VISTO JAMAS A DIOS” (Jn. 1.18) y por esta razón nadie puede decir que Ama a Dios si no Ama al Prójimo a quien ve.

La Sagrada Escritura esta Rebosante en textos del Amor, como un Cofre lleno de Novedades y Tesoros (Mt. 13.52).
La Paz con Dios es Amor y trae Prosperidad (Job. 22.21).
La Confianza en el Ser Supremo acarrea el Amor. (Ps. 91.14)
El Amor cubre todas Nuestras Imperfecciones. (Pr. 10.12)
El Cantar de los Cantares de Salomón refleja la Ternura del Amor Humano unido al Amor Divino de la Criatura con su Creador.
El Amor al Prójimo y el Amor al Dios Poderoso, no termina con la Muerte (Cnt. 8.6).
El Amor de un Hijo es como un Amarre con el Ser Supremo (Cfr. Os.)
El Católico autentico debe luchar contra la Maldad porque es el Glacial del Amor (Cfr. Mt. 24.12)
Según la Ley del Nuevo Testamento antes de la declaración del Amor, la Sangre daba Impureza, como en el caso del Buen Samaritano que auxilia al Cubierto de Sangre, que viajaba de Jerusalén a Jericó y con este gran Mandamiento del Amor, la Sangre se convierte en Vida y en Amor. (Cfr. Lc. 10.29).
El Gran Amor del Redentor se centra en su Sangre, que nos devolvió la Vida cuando agonizábamos por falta de Sangre y muestra su Amor primero (1Jn. 3.16) para hacer el ejemplo a todos sus Hijos, no nacidos de la Carne, ni de la Sangre de una existencia Humana sino de Dios. Su existencia Divina unida a lo Humano, se hace Carne Divina y Humana para que el Católico renazca a una Vida Nueva sellada en el Amor y Redención a precio de Sangre: “Esto es mi Cuerpo y esta es mi Sangre para la Vida del Mundo” (Cfr. Ultima Cena).

Se habla mucho del Corazón como centro del Amor y esta atribución se centra en que el Corazón como Órgano Vital es el gran Motor de regadío de su Sangre que nutre todo el Organismo y limpia de Impurezas todo lo que no convenga al Cuerpo Humano. Se puede afirmar que se une de una manera Misteriosa a la Voluntad e Inteligencia Humana, en una SIMBIOSIS estrechísima de la Criatura, como Imagen y Semejanza de Dios. La Voluntad, la Inteligencia, unida al Corazón dan la importancia al Amor. Es el gran TRÍPTICO de la Grandeza del Hombre.
Todo en la Vida pasara: Todos lo dones que Dios le ha dado a cada uno terminaran, solo quedara la Ley del Amor (1 Co. 13.1 y siguientes). Todo lo que se aleje de este centro del Amor, son como los platillos rotos que ensorden nuestros sentidos.

El Católico – Cristiano, con la Gracia Divina y su Voluntad, le urge conservar las gracias adquiridas por los Sacramentos de la Iglesia, su Magisterio, su Fe, su Esperanza con el Podio del Amor, y no perder “SU PRIMER AMOR” (Ap. 2.4). En el Mundo Divino y Humano, todo se transformara y permanecerá la gran Virtud del Amor.
El que canta ora dos veces y declara su Amor al Todopoderoso coronado en la Celeste Sion y a la Reina Coronada a su derecha y sentir una egolatría, a estos Seres Soberanos:
…”Con las Fuerzas de los mares.
…con el ímpetu del viento.
… en la distancia y en el tiempo.
…Con mi alma y con mi carne…
…como el hombre a su recuerdo.
…te amo a puro grito y en silencio.
…te amo de una forma sobrehumana.
… te amo en la alegría y en el llanto.
… te amo en el peligro y en la calma”.
(Cfr. Dn. 3.51 – Raphael- Como Yo Te Amo).

Ricaurte Guerra Jaramillo. Pbro.

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