21 de abril Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

PRIMERA LECTURA HECHOS 10:34,37-43:

La experiencia de esta Semana Santa nos debe llevar a decir con el Apóstol Pedro: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas” y que como testigos del amor y la Resurrección de Cristo, cumplamos la misión y mandato de predicarle a los demás que Cristo ha Resucitada y está en medio de nosotros, con la certeza que “todo el que cree en él alcanza, por su nombre, el perdón de los pecados”.

SALMO 118:

El salmo nos invita a: “Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor” y a entender que “no he de morir, que viviré, y contaré las obras del Señor”. Además, comprenderé que “la piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido; esta ha sido la obra de Señor, una maravilla a nuestros ojos”. Que Cristo Resucita nos impulse a dar gracias y proclamar la Resurrección.

SEGUNDA LECTURA COLOSENSES 3:1-4:

Interioricemos esta cita bíblica: “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él”.
Que el encuentro con Cristo Resucitado en este domingo de Resurrección y el mensaje de esta lectura, nos lleve a desprendernos de las cosas terrenales y a aferrarnos y buscar insistentemente las del cielo.

EVANGELIO DE JUAN 20:1-9:

Cuando tengamos la experiencia de Cristo Resucitado, como María Magdalena, como Simón Pedro y los demás discípulos del Señor, entenderemos y valoraremos el domingo como día del Señor y se nos haría fácil consagrar, como creyentes, el día Domingo, como día del Señor y anunciaríamos a todo los hermanos que Cristo ha Resucitado, que está vivo y en medio de nosotros.

Así lo atestigua el Evangelio de San Juan, cuando María Magdalena, compungida de dolor va a visitar al sepulcro, a su Señor y lo encuentra vacío, quien de inmediato se lo hace saber a Pedro y al discípulo a quien Jesús quería, diciéndoles: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”. Ante la noticia, “salieron corriendo, entraron, vieron las vendadas en el suelo y el sudario que cubrió su cabeza”. Al ver que era verdad creyeron, “pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”.

Que Cristo Resucitado trasforme nuestra vida, y junto a los discípulos de Emaús decir: “En verdad, Cristo ha Resucitado”.

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