DIOS NOS INVITA A RECIBIR SU AMOR

Imposición de albas de los integrantes del curso propedéutico. Seminario Mayor La Providencia

Con gran alegría el Seminario Mayor La Providencia, junto a la demás familia diocesana celebró el pasado 30 de marzo la imposición de albas de los integrantes del curso propedéutico, la admisión canónica a las ordenes sagradas de los estudiantes del primer año de la teología y el ministerio de acolitado y lectorado de los estudiantes del cuarto año del ciclo teológico.
Por lo tanto cabe explicar estimados lectores lo que significa cada uno de ellas:


El Alba: Vestimenta blanca utilizada por los ministros en la celebración litúrgica. Tiene un sentido bautismal; La pureza del alma lavada por el bautismo. El sacerdote ora con esta plegaria: «Blanquea, Señor, y limpia mi corazón, para que, purificado con la sangre del Cordero, disfrute de los gozos eternos» del mismo modo quienes inician su etapa de discipulado reciben esta vestidura básica del ministro en la liturgia, además debe distinguir a quien la porta. La bendición que reciben en esta vestidura litúrgica significa que ella será de ahora en adelante destinada de modo exclusivo al culto divino.


Cíngulo: Cordón con que se ciñe el alba. Simboliza la castidad. El sacerdote ora con estas palabras: «Ceñidme, Señor, con el cíngulo de la pureza y extingue en mi cuerpo el fuego de la sensualidad, para que posea siempre la virtud de la continencia y de la castidad».


En este mismo sentido, vemos que quienes empiezan su proceso de configuración en la etapa formativa del ciclo teológico, también deben expresar libre, consiente y responsablemente, la aspiración a las órdenes sagradas, por lo que implica que cada uno de los formando, deban expresar mediante un escrito de su puño y letra este deseo al señor Obispo.


Por otro lado, podemos ver tal como lo indica el ritual para instruir lectores y acólitos, que la Iglesia considera muy oportuno que los candidatos a las órdenes sagradas, tanto por el estudio como por el ejercicio gradual del ministerio de la palabra y del altar, conozcan y mediten a través de un íntimo y constante contacto esta doble vertiente de la función sacerdotal, de modo que los candidatos podrán acercarse a las sagradas Órdenes plenamente conscientes y convencidos de su vocación.


Por ello, quien recibe el Ministerio de la Palabra, debe saber que uno de sus oficios principales será proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica a excepción del Evangelio, dirigir el canto y la participación del pueblo. Instruir a los fieles para recibir dignamente los sacramentos, preparar a todos los fieles que ocasionalmente hayan de hacer la Lectura de la Sagrada Escritura en los actos litúrgicos, faltando el salmista, recitar el salmo interleccional, en la ausencia del diácono o cantor, proclamar las intenciones de la oración universal.


De igual modo, cabe aclarar que estos ministerios no son netamente reservados para los aspirantes a las sagradas Órdenes, tal como lo estima el Canon 230, del Código de Derecho Canónico en sus parágrafos I y II.
§ 1. Los varones laicos que tengan la edad y condiciones determinadas por el decreto de la Conferencia Episcopal, pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo, la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia. § 2. Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector en las ceremonias litúrgicas; así mismo, todos los laicos pueden desempeñar las funciones de comentador, cantor y otras a tenor de la norma del derecho


En este orden de ideas, pasamos a ver el ministerio del acolitado o también conocido como ministerio del altar, quien es instituido acólito le compete ayudar al diácono y servir al sacerdote en las funciones litúrgicas, principalmente en la Santa Misa. También es de su oficio instruir a los fieles que ocasionalmente ayuden al sacerdote o diácono en los actos litúrgicos.
Y de igual modo, como ministro extraordinario, distribuir la Eucaristía en las siguientes ocasiones: a) a falta o por imposibilidad, enfermedad o edad avanzada del ministro ordinario (presbítero o diácono); b) en ocasiones de elevado número de fieles; y exponer el Santísimo Sacramento, reservarlo, excluida la bendición con el mismo, en ocasiones especiales, de acuerdo con las determinaciones de la Conferencia Episcopal.


Finalmente este evento nos permite ver la acción del Espíritu de Dios dentro de ésta Iglesia particular, y nos motiva a seguir dando una respuesta al amor de Dios que se hace presente cada día.


Elkin Wbeimar Carvajal Palacios
Estudiante de II de teología

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