Domingo, 23 de junio De 2019 Santísimo Cuerpo Y Sangre De Cristo

LECTURA DEL LIBRO DE ÉXODO 24,3-8:

A través de Moisés, el puedo de Israel se entera de todo lo que había dicho y hecho el Señor y de lo que le pedía al pueblo de cumplir sus mandatos”.
El pueblo, agradecido, eleva un sacrificio de acción de gracias, al Dios todo poderoso. Así nos lo narra el libro del Éxodo cuando dice: “Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos. Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos”.
Todos nosotros hemos recibido muchas bendiciones del Señor, y la mejor forma de agradecerle es con la celebración Eucarística, ojala todos los días, pero si no puedo, por lo menos, sí, todos los domingos.

SALMO 115:

En esta solemnidad de la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, siguiendo el buen ejemplo del Salmista, nosotros también debemos preguntarnos ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Y respondernos de la misma manera. “Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 9,11-15:

El día en que entendamos, que Jesucristo es el Sumo y eterno Sacerdote por excelencia, y que su “tabernáculo es más grande y más perfecto”; no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado”, sino entregado por el Padre, ese día amaremos profundamente el Sacrificio sublime de la Eucaristía y comprenderemos, que Cristo se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha, para perdonarnos nuestros pecados.

Cristo, con su Sacrificio de Cruz, nos llevó al “culto del Dios vivo”, y, “por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna”.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 14,12-16.22-26:

Cristo, antes de partir al Padre, se queda con nosotros en la Eucaristía, y entrega este gran tesoro a sus Apóstoles y en ellos a la Iglesia, para que sea cuidado, custodiado y amado. Así nos lo narra hoy el Evangelio de San Marcos, cuando sus discípulos le preguntaron: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”. Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: “Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena”.

“Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios”.

Hemos de recordar en este día, que un católico sin su Eucaristía, no sería católico, sería sólo de nombre, pero sin vivir su auténtica fe católica.
La invitación en esta solemnidad de la fiesta de la Eucaristía, es a vivir con fe, con amor y entrega, cada Eucaristía que celebramos, ya que ella es la esencia de la vida Cristiana.

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