Domingo, 9 de junio de 2019 Domingo de Pentecostés

LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2,1-11:

La solemnidad de la fiesta de pentecostés, nos debe llenar de alegría y gratitud, al saber que se cumplió la promesa del Hijo, cuando le promete a sus discípulos y a todos los creyentes el don del Espíritu Santo, el cual nos daría sus dones para poder proclamar la buena nueva del Reino de Dios y que cada año la Iglesia revive con inmenso entusiasmo, tan sublime acontecimiento. Así lo deja ver el texto cuando dice: “AL cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse”.

SALMO 103,1AB.24AC.29BC-30.31.34:

De manera especial, en esta fiesta de pentecostés, a una sola voz hemos de decir con insistencia: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, ¡qué grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.”

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 12,3B-7.12-13:

El Apóstol Pablo indica que sólo quien tenga el Espíritu Santo podrá decir: “Jesús es Señor”. Además, nos hace comprender la diversidad de Dones que derramo el Espíritu Santo sobre su Iglesia. “Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común”.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20,19-23:

La tradición de la Iglesia y la misma palabra de Dios nos da a conocer, cómo fue la venida del Espíritu Santo: “AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

Oremos por nuestra Iglesia católica, para que siga cumpliendo con la Misión que Cristo su fundador le confió, de salvar a los almas y llevarlas al cielo, a través del anuncio del Reino de los cielos y por medio de la celebración de los sacramentos.

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