LA IGLESIA COMO UNA MADRE AMOROSA, CUIDA A LOS NIÑOS

Monseñor Orlando Roa Barbosa en una Institución Educativa - Gaitania al sur del Tolima

En los últimos años, la humanidad ha tomado muy en serio, el proyecto humanístico de cuidar a los niños de diversos males entre ellos el del abuso sexual. La Iglesia, experta en humanidad, consciente de la necesidad de santificar al pueblo, ha asumido una posición bastante radical en la defensa de la niñez.

Sin duda, es vergonzoso que, en el abuso sexual de menores, también han caído algunos ministros que, llevados bien sea por sus incapacidades psíquicas, o por su vida libertina y pecaminosa, han dañado la vida de personas, afeando la cara de la Iglesia, y, enterrando con ello la fecundidad de su ministerio. Sin bien es cierto, son muy pocos, el ruido es grande, porque de un ministro de Dios se espera un ángel protector de los niños y no un depredador. Ello, ha llevado a la Iglesia a tomar medidas radicales de cero tolerancia con los victimarios, reformando sus normas canónicas referente a la materia procesal y punitiva, haciendo campañas de protección a las víctimas, y apostándole a un cambio de mentalidad incluyendo por su puesto una reparación integral.

Independientemente de quién sea el abusador, el abuso sexual es un delito que requiere correctivos más efectivos que los conocidos hasta hoy y sobre todo medidas de carácter preventivo. Se necesitan no solamente leyes duras, sino que además se genere una cultura basada en el respeto a la persona humana, valorando al ser humano sin ninguna clase de discriminaciones. Todos los estamentos de la sociedad deben aportar para salvar a los niños de perder la oportunidad de ser felices, de tener infancia, de gozar de inocencia, y sobre todo la posibilidad de llegar a ser un adulto sano.

La Iglesia por su parte tiene un compromiso muy serio con la protección de los niños, niñas y adolescentes. A nivel universal, cuenta con el Código de Derecho Canónico, Motu Proprio «Sacramentorum sanctitatis tutela» promulgado por S.S Benedicto XVI, la carta “Como una madre Amorosa” de S.S. Francisco, las indicaciones de los papas y de los diferentes dicasterios de Curia Romana, para proteger a los menores y castigar a los abusadores. Por su parte las conferencias Episcopales han normativizado al igual que las Diócesis, para garantizar que los menores sean protegidos y si algún clérigo u otro ministro es abusador sea castigado con justa pena tanto en lo eclesiástico como en su responsabilidad penal y civil.

Recordemos que el Papa Francisco, el 21 de septiembre 2017 en el Palacio Apostólico del Vaticano en una audiencia a los miembros de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores, aseguró que, no firmará jamás una petición de gracia para un sacerdote que abuse de un menor. Dijo el Santo Padre “Permítanme decir con toda claridad que el abuso sexual es un pecado horrible, completamente opuesto y en contradicción con lo que Cristo y la Iglesia nos enseñan”. El Santo Padre, lo considera una alta forma de “traición” a la misión. Además, afirmó el Santo Padre, “Reitero hoy una vez más que la Iglesia, en todos los niveles, responderá con la aplicación de las más firmes medidas a todos aquellos que han traicionado su llamado y han abusado de los hijos de Dios”. Las leyes son para todos.

Recientemente, el Papa Francisco endurece las leyes para proteger los menores, reitera que la prescripción de estos delitos es de 20 años, quedando a salvo la facultad de levantar la prescripción, impone sanciones a quienes omitan o retrasen una denuncia y crea un servicio de acompañamiento para las víctimas.

Con la publicación del 9 de mayo de 2019, y que entra en vigencia el 1 de junio de 2019, busca la Iglesia ser modelo en el afrontamiento ante conductas delictivas que dañen a los niños y jóvenes por parte de sacerdotes y servidores de la Iglesia. El nuevo ‘motu proprio’ del sumo pontífice ‘Vos estis lux mundi’ (Ustedes son la luz del mundo) obliga a los sacerdotes, religiosos y monjas a denunciar a sus superiores todos los episodios de abusos de los que tengan conocimiento y simultáneamente obliga al episcopado colombiano y a todos los episcopados del mundo a tener abierta, en un plazo no mayor a un año, una oficina especial dedicada a recibir y tramitar todas las denuncias contra religiosos acusados de delitos sexuales y a brindar apoyo a sus víctimas.

La Iglesia, ofrecerá, «atención pastoral adecuada a las víctimas y sus familias, apoyo espiritual, médico, psicológico y legal adecuado y el derecho a un juicio justo e imparcial». Además, «la persona condenada por abusar de un menor o una persona vulnerable será removida de su cargo», pero se le garantizará una rehabilitación psicológica y espiritual, para que sin seguir ejerciendo el ministerio en la Iglesia, pueda aspirar a una vida de santidad. Mientras que se hará todo lo posible para «rehabilitar la buena fama de quien ha sido acusado injustamente».

La Diócesis del Espinal por su parte, mediante decreto 077 del 14 de diciembre de 2013, adoptó medidas sobre la protección promulgando el MANUAL DE CONDUCTA PARA LA PROTECCION DE LOS MENORES: NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES. Todo servidor de la Iglesia en cualquiera de sus dependencias de la jurisdicción eclesiástica debe conocerlo y asumirlo, es así que, en cada parroquia se les debe hacer firmar acta de conocimiento y responsabilidad individual a todos los agentes de Pastoral, empleados y servidores. El compromiso es aplicar la normatividad canónica, colaborar con las autoridades estatales en caso de una queja verosímil, apoyar a la víctima y ante todo capacitar a todo el personal de la Iglesia para que cuiden de su buena conducta y denuncien ante cualquier eventualidad.

Estaremos como Diócesis atentos a implementar medidas que hagan cercana y posible la voluntad del Papa FRANCISCO para proteger los menores. A corto plazo se organizará la oficina de protección de menores y de atención a las víctimas de los abusos sexuales. Nuestro compromiso es radical, “de cero tolerancia”. Para ello, es oportuno que, en caso de conocer situaciones delictivas, se presente la denuncia, en la curia diocesana ante el Obispo diocesano o ante quien el delegue, basta preguntar en las oficinas de la curia diocesana y se le indicará qué hacer. Es bueno, denunciar si se tiene certeza o al menos duda probable de la ocurrencia de los hechos, tanto por la vía canónica como por la vía civil. En Colombia quien tenga conocimiento de hechos delictivos contra los menores está en la obligación de denunciar ante las autoridades.

Antonio Devia Mendez. Pbro.
Vicario Judicial
Presidente del Tribunal Eclesiástico

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