CUÍDESE MIJO QUE LOS AÑOS NO LLEGAN SOLOS

Para nadie es un secreto que cada vez la gente está viviendo más años, pero llegando a la vejez muy solos. Y como decían en otro tiempo, “los años no llegan solos”, de ahí la necesidad de aprender a cuidarse uno mismo, sin que esto conlleve a prescindir de la ayuda de otros. Para ello es necesario pensar, qué clase de viejo quiero ser, o qué clase de viejo soy ya y aprender a cuidarme.

Es bueno pensar que el único responsable del cuidado personal es uno mismo en cualquier etapa de la vida, especialmente después de la juventud, cuando en muchos casos los padres van despareciendo por muerte, por alejamiento, etc. La gente a uno lo ayuda, unos por dinero, otros por amistad, otros por cariño, otros por caridad, ojalá que no sea por lástima. Sin embargo, las enfermedades y los dolores los soporta el que los padece. Hay que tener en cuenta que cada vez hay menos personas que se comportan como buenos samaritanos, de ahí que en cuanto dependa de uno, no queda más remedio que cuidarse.

Sí, no queda más remedio que cuidarse uno mismo, pero la pregunta es ¿Cómo hacerlo?, pues bien, empecemos por considerar que el ser, lo conforma el alma, a la que no se le puede negar la trascendencia especialmente su unión con Dios, el espíritu, que envuelve todo lo que tiene que ver con las emociones que logran el equilibrio con un ambiente sano y aseguran el bienestar de la persona, y el cuerpo que es la casa común donde se encuentran los tres aspectos que distinguimos pero que no podemos separar al menos mientras peregrinamos en la tierra.

Mientras vamos de camino por este mundo conviene cuidarnos del siguiente modo:

Manteniendo nuestra unidad con Dios, especialmente mediante la oración, la meditación y las prácticas sacramentales y por su puesto la vida espiritual con una dimensión comunitaria.

Manteniendo viva la fe: pa ello es indispensable celebrar y vivir la fe, de manera personal y en comunidad.

Haciendo buenas obras por los demás. La filantropía y mejor si es caridad nos llenan de satisfacción, pues hay más alegría en dar que en recibir.

Cultivando sanas relaciones interpersonales, madurando cada día, aprendiendo a perdonar a los otros y a nosotros mismos, esto es un acto de amor que nos beneficia siempre, pues es inevitable que nos hieran y herir a otros, pero la medicina está en el perdón y la reconciliación.

Realizando actividad física por lo menos 4 veces por semana, por mínimo 40 minutos. Esto puede ser practicando algún deporte, haciendo una caminata, danzando, nadando, etc. Todo de acuerdo con las capacidades.

Manteniendo limpio el cuerpo, por esto, conviene bañarse diariamente, vestirse bien y cómodamente, cuidando la presentación personal y la imagen de sí mismo como la apariencia ante los demás, no solo hay que ser sino aparecer bien.

Manteniendo limpio y ordenado el lugar donde se vive o se trabaja, eso genera tranquilidad, da paz, y hace atractivo el lugar para que otros prefieran venir a vernos.

No fumando, no consumiendo alcohol, los vicios deterioran y acortan la vida, ponen en aprietos a la persona y a su entorno.

Preservando la salud oral. Una dentadura limpia y bien organizada ayuda a tener no solo buena apariencia sino también confianza en uno mismo, y por su puesto a mastigar y disfrutar de variedad de alimentos.

Asistiendo a los controles médicos de acuerdo al estado de salud, o por lo menos un chequeo anual si no hay sospecha de enfermedades. Tomando los medicamentos que le sean recetados para el manejo de las enfermedades. La automedicación no es buena, pues se consumen medicamentos innecesarios que pueden atentar contra la salud y contra el bolsillo.

Teniendo un sueño adecuado de acuerdo con la edad, especialmente entre las 9 de la noche y las 5 de la mañana.

Comiendo bien, en la justa medida, comidas sanas, que incluya una dieta integral, por ejemplo, consumir dos comidas grandes y 3 pequeñas para un total de 5. No comiendo después de las 6 p.m. y habiendo dejado 3 horas entre el momento de la cena y el momento de ir a dormir

Llevando una sexualidad de acuerdo con su estado de vida (casado, consagrado, soltero), respetando el propio cuerpo y el de los demás.

Empleando el tiempo libre en esparcimiento sano, teniendo en cuenta que mucho trabajo es perjudicial, pero estar desocupado por mucho tiempo puede ser nocivo.

Enfrentando de manera adecuada el estrés.

Para estar bien se requiere tener buena voluntad, aprender a tomar decisiones que nos favorezcan y nos preserven del mal. No hay algo más cruel que tener mala salud, por eso hay que cuidarla mientras se goce de ella. Pues si bien es cierto uno puede recuperarse de muchas enfermedades, otras son crónicas, no se curan con la medicina actual y no queda más remedio que aprender a sobrellevarlas y tomar medicamentos de por vida.

Las enfermedades, sin embargo, tampoco son el final de todo, pues mientras uno tenga la decisión de vivir, de mejorar, y quiera volver a intentar cuidar de si mismo, puede autocuidarse, de tal modo que mejore las condiciones de salud y evite la aparición de nuevas enfermedades que pongan en peligro la calidad de vida.

A quienes gozan de buena salud, el llamado para que cuiden de si mismos, entre menos forcemos el ser con malos hábitos de vida, estaremos más en capacidad de ser una ayuda y no una carga. A quienes ya perdieron su equilibrio en salud, y los aquejan los males, la invitación a no caer en la desesperación, sino más bien a trabajar una mente positiva, hacer un balance de lo que se puede hacer por uno mismo, a buscar la ayuda necesaria para recuperar el equilibrio perdido, y afrontar la situación por dura que sea, sin renunciar a vivir y cuidar de sí mismo.

Antonio Devia Méndez.Pbro
Delegado Diocesano de Pastoral de la Salud.

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