Mi compromiso en la escuela

Libro Semillas Educativas del Pbro. José Orlando Salazar Duque

«Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo lo que mi padre me ha dicho. Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca.»
San Juan: 15, 14-16.

La escuela es el lugar donde el niño como Misionero puede prolongar su celo por la extensión del Reino de Dios, en una interrumpida práctica de los valores cristianos, que le permiten una relación de respeto, solidaridad y diálogo entre maestro – alumno y alumnos entre sí.

El niño al encontrarse en un lugar de aprendizaje por excelencia como es la escuela, espera de sus maestros conocimientos no solo académicos, sino espirituales; tarea que exige de los educadores un auténtico testimonio de vida, para que el niño descubriendo la coherencia entre palabras y acciones, asuma con mayor eficacia y responsabilidad su pequeña y a la vez gran misión de contribuir a la Evangelización y forjar un ambiente de fraternidad con Jesús amigo y compañero de los niños.

Los encargados de orientar y formar a los niños tienen la enorme responsabilidad de enseñarles a conocer la verdad y trabajar desde la escuela por el mejoramiento tanto personal como social del niño. Esta orientación se realiza con el ejemplo de vida, con la educación en valores y fundamentalmente en el conocimiento de Cristo, de su obra y de sus acciones.

El niño al verse acogido, dará una respuesta de aceptación y hará lo mismo, definiéndose a la escuela como el segundo hogar de la persona en la continuación de formarlo integralmente a la luz del evangelio, siendo una semillita que empieza a germinar y que promete frutos abundantes para el bien de la comunidad.

En la escuela, el niño o el joven debe ser un misionero, cómo el faro que da luz para el mundo, sirviendo de guía, esperanza y entusiasmo a otros niños, como quién dice: Los niños son como el fuego que arde, que enciende corazones y los acerca al gran mandamiento del amor, que es el servicio a los demás.

Al ser un miembro de la Infancia Misionera se podrá irradiar en la escuela el contenido de lo aprendido, haciendo que los demás practiquen dichas enseñanzas y esto se hará mediante el testimonio, el buen ejemplo y la disponibilidad necesaria para anunciar el amor que se fortalece en el rostro de Jesús que anda con nosotros a todo momento, muchas veces sin que nos demos cuenta.

El niño Misionero en la escuela se ha de distinguir, amando a los demás sin excluir a nadie, siendo generoso y disponible para cuando lo necesiten, como el testigo de aquello que decimos, siendo pregonero del mensaje del amor, la verdad y la justicia, en una palabra, auténtico.

José Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD
Tomado del libro Semillas Educativas págs. 153 y 154

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