8 de septiembre de 2019 Domingo 23º del Tiempo Ordinario

The Sermon on the Mount Carl Bloch, 1890

LECTURA DEL LIBRO DE LA SABIDURÍA 9,13-18:

Todos los días debemos pedir a la Santísima Trinidad que nos envía el Espíritu Santo y con él el don de la Sabiduría para poder entender los designios de Dios, ya que el cuerpo mortal y las cosas del mundo nos hace frágiles e inseguros para entender la trascendencia del alma. Es lo que nos indica el texto: “Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra y con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, ¿quién rastreará lo que está en el cielo?, ¿quién conocerá tus designios, si tú no le das sabiduría y le envías tu santo espíritu desde lo alto?
Así se enderezaron las sendas de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y se salvaron por la sabiduría”.

SALMO 89:

Junto al Salmista hemos de decir, que el Señor es nuestro refugio y nuestra fortaleza; que es misericordioso y compasivo y que a él siempre debemos acudir y buscar, ante todo, el Reino de los Cielos, entendiendo que en la vida eterna es un eterno presente, definido por el salmista cuando dice: “Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna. Además, el Salmista nos invita a pedir al Señor que nos “enseñe a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A FILEMÓN 9B-10.12-17:

La experiencia de Pablo, después de su conversión fué núnica; permanecío fiel al Señor hasta la ancianidad, a pesar de las prisiones, persecuciones y sufrimientos en general y lo vemos en este texto recomendando a Onésimo, a quien lo considera como a su propio hijo, para que sea acogido por la comunidad cristiana, entendiendo que haría más bien en la comunidad que permaneciendo a su lado. Que el Señor nos dé su gracia, para que a ejmplo de Pablo, ya anciano y en prisión, pensemos más en el bien de la Iglesia, que en nuestro propio bien.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 14,25-33:

Uno de los problemas graves de los católicos es la superficialidad, la mediocridad y poco o nada comprometidos con Cristo y el Evangelio. El día que seamos auténticos cristianos, podremos vivenciar lo que nos indica hoy Cristo en su Evangelio. “En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. Que el Señor nos de la gracia de renunciar a todo y todos con tal de acoger a Jesucristo.

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