BODAS DE PLATA DEL SEMINARIO MAYOR LA PROVIDENCIA Espinal 15 de agosto de 2019

Monseñor Orlando Roa Barbosa, grupo de formadores y egresados del Seminario Mayor La Providencia

Para iniciar este momento de nuestra celebración me apropio de los primeros versículos del salmo 138 que dice: “Te daré gracias, Señor, de todo corazón; te cantaré himnos delante de los dioses. Me arrodillaré en dirección a tu santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu nombre y tu palabra por encima de todas las cosas… Grande es la gloria del Señor… Señor, tu amor es eterno; ¡no dejes incompleto lo que has emprendido! (Sal 138, 1-2.5b.8b).

Indudablemente, al celebrar las bodas de plata de nuestro Seminario Mayor la Providencia de la diócesis del Espinal, nuestro primer sentimiento es dar gracias a Dios de todo corazón, por esta obra en pro de las vocaciones sacerdotales. Son tantos los motivos y razones para esta acción de gracias que apenas alcanza el tiempo para mencionar unos pocos.

Gracias Señor por el don de la vida; gracias por nuestra condición de hijos de Dios, por nuestra fe cristiana, católica y apostólica, gracias por el don del ministerio sacerdotal. Infinitas gracias te damos por esta casa de formación que por inspiración de mi venerable predecesor, monseñor Abrahán Escudero Montoya, de grata recordación, fue creada hace veinticinco años; él puso su alma, su corazón, sus esfuerzos y su vida para sacar adelante, a veces contra viento y marea, la construcción de esta empresa Seminario Mayor La Providencia. Hoy le pedimos que nos mande su bendición, desde la casa de nuestro Padre celestial; Gracias por las personas que colaboraron de una u otra forma en la consolidación de esta magna obra. Por quienes aportaron ideas, conocimientos, tiempo y dinero para su construcción, omito mencionar nombres porque la lista es interminable. Gracias a obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que durante este tiempo se han vinculado de manera generosa y desinteresada para que el Seminario crezca según la voluntad de Dios.

También agradezco de corazón su presencia, en este día de fiesta, a mis hermanos en el episcopado. Gracias mons. Flavio Calle Zapata, nos alegra enormemente su presencia, nos gusta tenerlo entre nosotros porque siempre lo sentimos nuestro en esta querida iglesia particular, también recordamos con gratitud sus dos períodos como administrador Apostólico de nuestra diócesis. (Gracias mons. Pablo Emiro Salas Anteliz, todos agradecemos y valoramos sus esfuerzos por brindar formación permanente a sacerdotes y laicos con entrega generosa); agradezco que estén con nosotros mis queridos hermanos en el episcopado: mons. Fabio Duque Obispo de Garzón, mons. Froilán Casas, obispo de Neiva, mons. Jaime Muñoz P. Obispo de Girardot, mons. Juan Carlos Barreto B. Obispo de la diócesis de Quibdó, ud. También tiene historia importante en este seminario, gracias por todos sus aportes a la formación de nuestros sacerdotes que actualmente sirven a lo largo y ancho del territorio diocesano; mons. Eulises Obispo emérito de San Andrés, mons. Miguel Fernando González Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Ibagué; nos llena de gozo que compartan con nosotros la alegría de esta celebración. Gracias P. Diego Luis … Provincial de los Padres Vicentinos en Colombia y a los sacerdotes de la Congregación de la Misión que le acompañan, valoramos su aporte a la formación de nuestros sacerdotes en estos, casi, cuatro años que llevan al frente de la dirección de nuestro Seminario Mayor.

Gracias queridos monseñores y sacerdotes del presbiterio de la diócesis del Espinal, qué bueno verlos en esta concelebración porque uds. todos han tenido que ver con la historia de nuestro Seminario, más de cuarenta son exalumnos y todos han sido benefactores directos y generosos de esta casa de formación, muchos de uds. han sido profesores y un buen número de nuestros presbíteros han hecho parte del equipo formador. Cómo me gusta escucharlos referirse al Seminario Mayor La Providencia con sentimientos de gratitud, con gran sentido de pertenencia y con propósitos firmes de seguir colaborando en la formación de nuestros futuros sacerdotes. El Señor les siga bendiciendo. Gracias también para los sacerdotes que vinieron de otras jurisdicciones eclesiásticas a nuestra fiesta; gracias queridas religiosas porque muchas de uds. han estado vinculadas desde el inicio a nuestro Seminario y siguen acompañando con sus oraciones y apoyo incondicional a nuestros seminaristas, menciono de manera especial a las hermanas dominicas de la Divina Providencia; mil gracias queridos benefactores, aquí presentes, quisiera llamarlos por su nombre pero temo faltar a su modestia, uds. saben cuánto agradecemos su generosidad, en nuestras oraciones siempre están presentes y pedimos al todopoderoso multiplique las bendiciones que uds. constantemente, reciben desde el cielo. Gracias a sacerdotes y laicos que vinieron de distintas partes a participar en esta celebración, nos complace su presencia entre nosotros. Gracias padre Rector y equipo de formadores, gracias jóvenes seminaristas y personal administrativo por todos sus esfuerzos encaminados a organizar de la mejor forma posible la celebración de las bodas de plata de nuestro Seminario Mayor La Providencia. Con razón dije desde el principio como el salmista: “Te daré gracias, Señor, de todo corazón”.

Quiero ahora, referirme a la Palabra de Dios que hemos escuchado. El texto del Apocalipsis presenta la visión de Juan. “Se abrieron las puertas del Santuario de Dios en el cielo, y dentro del Santuario vi el arca de su alianza. Y apareció una figura grandiosa en el cielo: una mujer revestida con el sol…” Es la figura de María como la nueva arca que nos invita a contemplar a María Santísima que lleva Jesús en su vientre. Ella lleva al Salvador dentro de sí, en ella la palabra se ha hecho carne, tiene la carne del Hijo en su vientre. Aunque San Pablo en la primera carta a los Corintios no menciona a María Santísima, se puede deducir, que la primera persona, después del Hijo, que conoció la victoria sobre la muerte, es La Virgen María. Dice el texto: “Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando Él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su Reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza” (1Cor 15,20ss). María es la primera en participar de este triunfo y por lo tanto, se convirtió en modelo de la Iglesia y en camino seguro que todos estamos llamados a recorrer. Pues entre los que son de Cristo se destaca la Santísima Virgen María, la más excelsa criatura humana, que adquiere cuerpo glorioso y ocupa en el cielo un lugar especial por ser la Madre de Dios. En el Evangelio se hace patente que toda la grandeza que contemplamos en la virgen tiene origen en su humildad: “Porque Dios ha mirado la humildad de su esclava”. Esta cualidad le dio el mérito para ser la Madre de Dios, y habiéndose acrisolado a lo largo de su vida terrenal, la hizo digna de la Asunción al cielo.

No hay duda hermanos que tanto la Palabra de Dios como la liturgia de este día nos hablan de la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo. El Papa Pio XII, el primero de noviembre de 1950, definió el dogma de la Asunción de la Virgen en la constitución Apostólica Munificentissimus Deus en los siguientes términos: “La inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Queridos hermanos, en verdad este hecho nos llena de esperanza, porque también nosotros, aunque concebidos en el pecado, hemos sido creados con vistas a la resurrección y llamados a gozar un día de la gloria del Cielo, de esa sublime realidad que hoy contemplamos con los ojos de la fe.
No dejemos de pedir al Señor como le expresamos en la oración colecta de esta santa misa: “Dios todopoderoso y eterno, que llevaste en cuerpo y alma a la gloria del cielo a la Inmaculada siempre Virgen María Madre de tu Hijo, concédenos tender siempre hacia los bienes eternos para que merezcamos participar de su misma gloria”.

Lleno de gozo en el Señor, nuestro Seminario Mayor la Providencia celebra cada año, en este día su fiesta patronal y no cesa de repetir todos los días, con María Santísima: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”. Que tu misericordia, Padre Santo llegue a esta casa de formación, y a todos tus fieles, de generación en generación.
Quiero ahora hacer reminiscencias con relación al Seminario Mayor La Providencia. Fundado hace 25 años, el 15 de agosto de 1994, por monseñor Abrahán Escudero Montoya, gracias al resurgir de las vocaciones sacerdotales en nuestro territorio diocesano, en la última década del siglo pasado. Era muy importante que los candidatos al sacerdocio desde su etapa de formación inicial fueran conocedores de la realidad del territorio diocesano. Era también fundamental tener experiencias pastorales en las parroquias donde más tarde ellos iban a servir como vicarios o párrocos. Se justificaba, por tanto, que los aspirantes al sacerdocio se concentraran todos en la misma casa de formación.

Entonces se nombró el primer equipo de formadores: rector, mons. Jorge Enrique Correal Ortiz; director de estudios Pbro. Pedro Bersal Guzmán Villanueva; director espiritual, Pbro. Álvaro Rey Sefair y diácono Roberto José Guzmán Villanueva.

El Seminario inició labores académicas el 28 de febrero de 1995, en la entonces llamada casa social diocesana y hoy universidad FUNDES; con 7 alumnos en primero de filosofía y 9 en primero de teología.
El 18 de julio del mismo año, el seminario se traslada para su sede actual. No faltaron dificultades e incomodidades que representaban para la comunidad educativa esta obra en construcción.

El 17 de enero de 1999, asume como segundo rector el Pbro. Pedro Bersal Guzmán Villanueva. Es el rector que en estos veinticinco años más tiempo ha permanecido en el cargo y a quien le correspondió poner el Seminario en sintonía con el Plan de pastoral que tiene como hilo conductor el sistema Integral de Nueva Evangelización, con la consigna: “Seminario comunidad en camino”.

El tercer rector designado por mons. Pablo Emiro Salas A. en 2009, es el Pbro. Juan Carlos Barreto Barreto, quien en ejercicio de sus funciones fue nombrado Obispo de la diócesis de Quibdó en el Chocó. La espiritualidad y sencillez del padre Barreto, su gusto por la liturgia sobresalieron en su tiempo como rector.

Desde su llegada mons. Salas, puso los ojos en el seminario e inició la remodelación de la planta física. En el año 2013 asumió la rectoría del Seminario Mayor y culminó la obra material iniciada con el anterior rector.
En 2014, fue nombrado rector el Pbro. Jesús Ernesto Ramírez Vásquez, de personalidad sencilla y generosa, con clara visión de Iglesia y de su papel de formador. Fue al mismo tiempo, rector, ecónomo y profesor.

En 2016, al llegar el Obispo actual (Mons. Orlando Roa B.) se firma un convenio con la Congregación de la Misión de modo que ellos asumen la dirección del Seminario Mayor y se nombra como rector al Pbro. Johan Sebastián López León, C:M., quien se desempeñó como tal por un período de tres años. Lo sucedió el actual rector Padre John Jairo Valencia Marín C:M. En este tiempo de administración con los padres Vicentinos se remodelaron las instalaciones del propedéutico y de las cocina según las exigencias de la secretaría de salud del departamento.

Vale la pena mencionar sacerdotes de nuestro presbiterio que desde el inició han estado vinculados a la tarea de la formación que imparte el Seminario Mayor la Providencia: Mons. Álvaro Rey Sefair, padres: Roberto José Guzmán V., Pedro Bersal Guzmán V., Aquiles Trujillo Buendía y Eduardo Cubillos Calderón, la mayoría de los cuales se han desempeñado como profesores externos de la Institución. Menciono también al padre Sabas Meneses Vergara y al padre José Saúl Speck quienes nos acompañan desde la eternidad.

Mil gracias para todos ellos y para quienes se han destacado como benefactores especiales: el Pbro. Elías Durán Sánchez, porque gracias a su generosa donación el Seminario tiene una finca en el Municipio de Icononzo que sirve para encuentros, convivencias y retiros de nuestros seminaristas. Digna de mención es la señor Celmira …… que con sus donaciones piensa en un mejor futuro para esta casa de formación. Como ya lo dije la lista de benefactores sería demasiado extensa, no menciono más con nombre propio.

A todos Uds. mis queridos sacerdotes y profesores que a lo largo de estos veinticinco años han aportado su granito de arena en la ardua labor de la formación sacerdotal, mi saludo sincero de gratitud y admiración. Dios que todo lo ve les ha de recompensar.

Quiero terminar recordando el segundo considerando del Decreto de creación de nuestro Seminario que a la letra dice: Considerando “Que el Decreto “Optatam Totius” del Concilio Vaticano II establece la necesidad del Seminario Mayor: “Los seminarios mayores son necesarios para la formación sacerdotal; en ellos toda la educación de los alumnos ha de tender a la formación de verdaderos pastores de las almas y ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor”, eríjase el Seminario Mayor de la diócesis del Espinal de acuerdo a las normas y disposiciones y con todos los privilegios y prerrogativas del Derecho Canónico, de la Santa Sede y del Conferencia Episcopal colombiana”. Amados hermanos: Hoy, cuando han pasado veinticinco años, en una sana, responsable y objetiva evaluación se puede ver en la realidad, que a lo largo de este tiempo, con el esfuerzo y aporte de muchas personas, se ha hecho lo posible por responder de manera efectiva a esta necesidad de nuestra Iglesia particular.
Vuelvo a decir con el salmista: “Me arrodillaré en dirección a tu santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu nombre y tu palabra por encima de todas las cosas… Grande es la gloria del Señor… Señor, tu amor es eterno; ¡no dejes incompleto lo que has emprendido!”

Que Dios Padre siga haciendo realidad su Divina Providencia en esta obra inspirada por su gracia y bendición. No dejemos de encomendar la formación de nuestros sacerdotes a la protección maternal de la Santísima Virgen María en su advocación de nuestra Señora del Rosario patrona de esta iglesia particular del Espinal, de la Santísima Virgen del Carmen de Apicalá Patrona del Tolima y que San José interceda siempre por nosotros. Amén

+Mons. Orlando Roa B.
Obispo de la diócesis del Espinal

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*