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La Virgen de La Providencia

La presencia de Nuestra Señora en la historia de la Iglesia siempre ha sido advertida en su preocupación constante por todos sus hijos, especialmente por aquellos más necesitados.

La advocación de la Providencia ha sido representada en una doble faceta: primero como Madre: con el niño en su regazo, es decir: la Madre de la Divina Providencia que es Jesús mismo; y luego como de la Virgen de la Providencia en una generosa actitud de ofrenda en su otra mano, generalmente un pan o un manojo de espigas de trigo.
La escultura para el Seminario del Espinal

En el año 2000, estando en la mitad de mis estudios en Roma, tuve la oportunidad de regresar por un mes al Seminario en Espinal y ver que ya las estructuras precarias en las que habíamos iniciado labores formativas en 1995 daban paso a nuevos edificios y mejores condiciones, sobresalía la proyección central de la capilla como corazón de todo el conjunto arquitectónico.

El impacto de esta visita a mi retorno a Italia para finalizar mis estudios era contagioso, el P. Gianni Damini en aquel entonces párroco de San Vito en Bassano del Grappa, al norte de Italia, a quien había conocido desde mi llegada en septiembre de 1997 en la parroquia de Stroppari di Tezze, y que por varios años me había recibido en generosa fraternidad sacerdotal en los tiempos fuertes de la liturgia, emocionado por los relatos sobre la iniciativa del Sr. Obispo, las circunstancias y necesidades de la obra, atesora en su corazón este afecto por nuestra diócesis.

Al acercarse mi regreso a Colombia me sorprende gratamente el P. Gianni anunciandome que la parroquia de San Vito quería hacerle un regalo al sr. Obispo y al Seminario del que tanto le había hablado y que reconocía como una obra de la misericordia de Dios y de la confianza en la Virgen María y él mismo me preguntó si ya teníamos la imagen de la Advocación de Nuestra Señora en la denominación de nuestro Seminario La Providencia, así pregunto en el Espinal para confirmar que no la teníamos aún.
Entusiasmado aquel párroco contacta a uno de los mejores escultores de la región del Alto Adige al norte de Italia: Matthias Resch a quien fuimos a buscarle en octubre del 2001 y se le encomendó esta cuidadosa labor de producir una imagen con el tema de la Virgen de la Providencia para la nueva capilla Jesucristo Evangelizador del Seminario en Colombia, el artista naturalmente conocía el tema de la Virgen de la Providencia, la cual tradicionalmente ha sido representada ofreciéndole un pan a un necesitado pero; en una conversación tripartita entre el Párroco oferente, el artista y yo mismo, inspirados en la mejor de las intenciones, decidimos que la figura del mendigo sería sustituida por la de un joven seminarista y que además incluiría una pequeña niña que completaría la armónica escena de la Virgen para el Seminario La Providencia.

Le tomó un par de meses al artista producir una figura en miniatura de solo unos 40 cms. de altura moldeada en plastilina para nuestra aprobación, con los comentarios y ajustes finales a partir de las fotografías de las fiestas tradicionales en el Espinal, se decidió vestir a la niña en traje tradicional tolimense y ofrendándole una flor a la Virgen, era el enero del 2002.

Con estas indicaciones finales comenzó el verdadero trabajo de esculpir de ese único trozo de madera especialmente cortado, curado y conservado para tal encargo, y así comenzara a ver la luz la preciosa imagen solicitada.
Fue un largo proceso de cuidadoso trabajo artesanal, más de once meses le tomó al escultor terminarla y cumplir con sus altos estándares personales de estilo y calidad; y como ya en agosto del 2002 el Sr. Obispo Escudero Montoya a mi regreso a la diócesis, me había designado nuevamente miembro del equipo formador del Seminario, solamente hasta cuando el P. Gianni fue a recibirla a satisfacción e hizo todos los tramites de los certificados, autorizaciones y embalajes para el envío a Colombia en la primavera del 2003, fue que volvimos a tener noticias de la escultura.
La llegada a Colombia

Finalmente llegaría la anhelada imagen, todo era expectativa y gozo, era cuestión de días que el barco llegase y luego pudiese ir a Bogotá para reclamarla… todo parecía un sueño, y así lo era en verdad, porque la realidad fue bastante diferente a causa de los papeleos, licencias, impuestos de importación, seguros y tantas otras formalidades que yo ignoraba, se debían cumplir para las obras de arte; fue un proceso largo y dispendioso en los cuales hasta licencia de importador me exigían, pero finalmente La Virgen misma se abrió camino y fue disponiendo rutas para facilitar y reducir todos los costos y trámites… era ya junio del 2003.

Entronización en el seminario

En ceremonia solemnísima presidida por Mons. Abraham, se bendijo la imagen el día 23 julio del 2003, los jóvenes seminaristas de aquel entonces, el equipo formador, los sacerdotes y profesores externos, benefactores del seminario, tuvieron la oportunidad de participar en esta celebración de fe y de gozo especial.

Simbolismos

La escultura de la Virgen en el Seminario conserva la esencia de la generosidad providente y de la pronta respuesta caracterizada en el episodio de las bodas de Caná (Jn, 2,1-11) Ella diligente, extiende su mano ofreciendo alimento con una sonrisa colmada de ternura y una mirada cariñosa.

El joven seminarista está justo al lado de la Madre de pie, pero no estático, está en el camino de la formación simbolizado hábilmente en la escalera ascendente que pasa por el lado de la Virgen; lleva en sus manos los instrumentos de estudio y oración: un lápiz y un libro, y observa confiado la serenísima actitud de su Madre.

La niña en el otro costado de la Virgen está en el vestido tradicional tolimense y lleva en su mano un cesto de flores del cual ha sacado la mejor de ellas para ofrecerla a la Virgen; representa así la sencillez y la pureza de la fe de nuestras gentes, el obrar desprendido de nuestros pueblos que con tanto fervor han contribuido con su granito de arena en la consolidación de la obra del Seminario Mayor la Providencia de la Diócesis del Espinal.
Personifica entonces la niña a nuestras gentes, que con la misma naturalidad de aquella mujer cananea (Mateo 15,21-28) pide insistentemente y tiene acceso “al pan de los hijos” y logra el favor de Dios con la fuerza de su fe; encarna esta niña a los fieles todos, entusiasmados al paso de la Santísima Virgen María peregrina por cada parroquia y vereda de nuestra diócesis, en aquel utópico recorrido de 1994 que, bajo la advocación de la Virgen del Carmen de Apicalá, fue cristalizando los proyectos de aquel Obispo que soñó con restituirle a esta Diócesis, una casa de formación digna para sus sacerdotes, retomando el antiguo nombre de “La Providencia”, poniendo para ello su confianza en Aquella que protege, que se adelanta a cuidar y socorrer, que forma y acompaña, que convoca y anima en momentos de angustia y oscuridad.

In Memoriam Mons. Abraham Escudero Montoya. R.I.P.
Roberto José Guzmán Villanueva. Pbro.

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