Mi compromiso hacia la familia

“La familia sabe leer y vivir el mensaje explícito sobre los derechos y deberes de la vida familiar. Por esto, denuncia y anuncia, se compromete en el cambio del mundo en sentido cristiano y contribuye al progreso, la vida comunitaria, al ejercicio de la justicia distributiva, a la paz.”
Puebla. 587

Nuestro compromiso diario para con la familia es la de hacerla crecer, protegiéndola de los múltiples enemigos que la acechan y haciendo que mediante un servicio a la humanidad, ayude a descubrir en la mayor medida posible, la verdad sobre la persona y sobre la familia.
Son compromisos inmediatos para con la familia los siguientes:
Hay que valorarla, haciendo grande en ella hasta los más mínimos detalles, para que alimente en las inagotables riquezas que nos ofrece Jesús y pueda vencer todo enemigo oculto que lo rodea, inclusive los presentados en el mismo seno familiar.


A la familia hay que alimentarla en un clima de amor para que se produzca un ambiente de buenas relaciones en donde el diálogo sea la mejor fórmula para hallar las soluciones a los problemas, por más difíciles que sean, así mismo en la familia se debe propiciar un ambiente de entendimiento personal que ayude a que sus miembros se descubran a sí mismos, en sus dimensiones humanas, espirituales, morales, religiosas y sociales, para llegar a una vida cimentada en la fe, que esté siempre dispuesta a defender los principios cristianos.

La familia ha de intensificar el respeto al otro, educando a los miembros que la conforman en la acogida de la vida, el amor fiel, en el perdón y en la paz. La familia tiene que luchar unida para lograr un auténtico crecimiento humano, specialmente llamada “cultura de la muerte”, haciendo que la vida florezca y se conserve, infundiendo respeto, caridad, acentuación del bien común, conciencia de su propia dignidad, de sus propios valores, que sus miembros son agentes, protagonistas en la defensa y promoción de sus propios derechos.

Llevar a cabo estos compromisos, significa rodear a la familia con las capacidades posibles y hacer que crezca, se fortalezca y se unifique por siempre, venciendo a sus enemigos y acatando el llamado que le hace Dios, de ser la célula de la sociedad, o primera escuela de virtudes humanas y cristianas.

Una familia comprometida es signo de que vive una realidad permanente en el diálogo, la comprensión, la verdad; y entonces sus miembros comparten los compromisos que Dios quiere que asumamos frente a ella, como son el defenderla, cuidarla y promocionarla continuamente como la mejor de las joyas, para que el futuro rime con la unidad de un hogar seguro y firme, que no tambalee en ninguna circunstancia del tiempo y la distancia.

José Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD
Tomado del libro “Semillas Educativas. Pags. 21 y 22

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