Soy misionero para el mundo

«Cuando el hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la tierra, fue enviado el espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia. Es entonces cuando la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud; se inició la difusión del Evangelio entre los pueblos mediante la predicación .»

Catecismo de la Iglesia Católica. 766.

Cada uno de nosotros estamos llamados a fundar y continuar con el reino de amor en los demás, no sin antes, descubrirnos a nosotros mismos para hallar las múltiples respuestas al mandato de la Salvación, instaurado por Dios para los hombres, en cuyo camino debemos encontrarnos, para aliviar las cargas y promover el espíritu de servicio.

Tenemos la gran tarea de regar semillas de esperanza, de promulgar el mensaje del Evangelio a los hombres y pueblos del mundo, de encauzar noblemente a quienes están extraviados y atraerlos por el sendero del bien. Somos misioneros para el mundo, gente que va con Cristo en su interior y afronta las dificultades, venciendo las ignominias, los descalabros y aceptándose tal cual es, como un ser con ideas, que se deja iluminar por la acción del Espíritu Santo.

Como bautizados, estamos llamados a ser luz para el mundo, a vibrar con fortaleza y a brillar participativamente con los demás, anunciando el mensaje Evangelizador, para que este se proyecte y llegue más allá de las fronteras, para que los niños, jóvenes y adultos puedan vibrar con Jesús que es la eterna salvación, el camino que conduce a una sola meta: Dios, Ser misionero es sentir la presencia viva y original de Cristo en los actos y hechos que hagamos a diario.
El mundo actual necesita, que seamos verdaderos misioneros, que no nos dé miedo enfrentarnos a la ignorancia y al secularismo, y que tracemos derroteros claros y precisos, para llegar con sencillez y pulcritud a los demás, especialmente a aquellos pueblos en que el mensaje de Cristo no ha llegado, porque no ha habido quién lo anuncie.

Se necesita de hombres decididos, que vayan sin temor, de puerta en puerta, a abrir los corazones, afrontando las realidades de pobreza, miseria y ausentismo espiritual. Hombres valientes, misioneros con proyección, invadidos del carisma de la misericordia para que lo irradien a los demás y así podamos darnos un abrazo tendido, una mano fraternal, no importando las razas, o los colores políticos, porque Cristo está con nosotros, si lo sabemos encontrar.

José Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD

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