“CADA SANTO ES COMO UN RAYO DE LUZ QUE SALE DE LA PALABRA DE DIOS”

Esta bella afirmación la podemos leer en la exhortación apostólica postsinodal “Verbum Domini”, (La Palabra del Señor) sobre la Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia, del papa emérito Benedicto XVI, publicada el 30 de septiembre de 2010, numeral 48. Vale la pena que reflexionemos dicha afirmación, a propósito de la solemnidad del primero de noviembre, día de todos los santos.


El papa desea señalar con esta frase que los santos son hombres y mujeres que han sabido configurar su vida de acuerdo a la Palabra de Dios: “La interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura y la meditación asidua”, dice el pontífice en el mismo numeral.
Tres verbos usa el papa para describir la relación que los santos han tenido con la Palabra de Dios: escucha, lectura y meditación. Cada una apunta a una acción y a unos momentos de la vida espiritual diferentes y complementarios entre sí: es necesaria la escucha, lo es también la lectura y más aún, no podría faltar, la meditación. Y agrega una característica: ello debe ser asiduo, es decir frecuente, constante…, en otras palabras: se trata de un asunto cotidiano.


También dice el papa que esa escucha, esa lectura y esa meditación, han llevado a muchos hombres y mujeres a una interpretación profunda de la Escritura, dejándose “plasmar por la Palabra de Dios”, llegando así a ser santos. En otras palabras: los santos son aquellos que han sabido vivir su vida de acuerdo con la Palabra de Dios; han configurado, o han organizado…, sus pensamientos, sus acciones, sus voluntades… en conformidad con esa Palabra Divina.


El mismo papa, en el mismo documento, afirma algunos párrafos más adelante que “la santidad en la Iglesia representa una hermenéutica de la Escritura de la que nadie puede prescindir” (No. 49). Cuando se habla de “hermenéutica” se está hablando de “interpretación”. Por lo que esta afirmación del papa, nos está indicando que cada santo ha comprendido e interpretado la Palabra de Dios y la ha hecho vida de muy diversas maneras.


El 19 de marzo del año pasado, 2018, el papa Francisco publicó la exhortación apostólica “Gaudete et Exsultate” (Alégrense y regocíjense), sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. En este documento, su santidad Francisco, nos recordó que todos, sin excepción, estamos llamados a ser santos (No. 10): «Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (cita tomada de Constitución Dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, No. 11).
Dice el papa Francisco en el mismo documento: “Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (No. 14).


En otra parte comenta el pontífice que cada uno debe descubrir la manera propia para llegar a la santidad: “Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él” (No. 11). No se trata de “fotocopiar” a los que ya alcanzaron tan grande dignidad. Se trata más bien de ser auténticos, originales tal vez. De encontrar esa manera o camino único y particular por el cual cada uno pueda ir avanzado hacia esa meta propuesta.


Pues bien, la mejor manera posible para que cada uno descubra ese camino único y particular para llegar a la santidad, es, retomando el pensamiento del papa emérito Benedicto XVI, “la escucha, la lectura y la meditación asidua” de la Palabra de Dios.


Ojala que el amor a la Palabra de Dios sea nuestra guía para encontrar el propio camino a la santidad que cada uno debe recorrer. Que los santos que ya llegaron y alcanzaron el premio prometido nos acompañen, nos ayuden e intercedan por nosotros.

John Jairo Valencia Marín, C.M. Pbro.
Rector. Seminario Mayor La Providenci
a.

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