ESTUVE ENFERMO Y VINISTE A VERME

“Señor mío, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor” Gn. 18,3

La enfermedad por diversas circunstancias puede llegar a la vida de una persona, afligir a una familia y con ello requerir la asistencia, los cuidados de otros para el que la padece. Los escenarios para prestar la ayuda o recibirla son distintos: la casa, el hospital, el ancianato, etc. El enfermo en todo caso independiente de la enfermedad, de su raza, de sus creencias, de su estrato socioeconómico es una persona que pasa a ser un asistido. La intensidad y la duración de la atención depende de la gravedad de la enfermedad, de la disponibilidad de los cuidadores, del sistema sanitario y de la organización de la Iglesia para que también oriente, acompañe y guie tanto al enfermo, como al cuidador y al entorno en el que se mueven.

En el Evangelio se San Mateo 25, 36ss en el juicio a las naciones, entre la lista de obras que el señor señala como atenciones hacia él dice, “estuve … enfermo y viniste a verme”. Es decir que estamos llamados entre otras exigencias para alcanzar la salvación visitar al enfermo. No visitar al enfermo luego se encuentra en la lista de las circunstancias que llevan a la condenación eterna.

Visto así, es nuestra Obligación mientras sea posible, ser los buenos samaritanos para el que sufre, de modo especial para el enfermo. No hacerlo sería muy grave, es algo que no solamente es injusto, sino que además retarda la llegada de la Gracia de Dios y después de la muerte acompañar a la familia en el luto, especialmente los primeros 3 meses, para que puedan continuar en su cotidianidad entendiendo que las cosas ya no son iguales, pero estarán mejor.

Al respecto de la atención pastoral a los enfermos conviene puntualizar lo siguiente:

En las ciudades donde hay varias parroquias y hay hospital y centros de salud con internado, es necesario que los fieles y los párrocos se repartan los turnos de atención por semana.
Visitar al enfermo bien sea en casa o en el hospital que requiere asistencia especial es una obra de caridad que nos compromete a todos. Servir a los enfermos ocupó gran parte del ministerio de JESUCRITO, no puede ser algo ajeno a nuestra acción de cristianos.
Es indispensable que haya en cada parroquia dentro los ministerios, el Comité Parroquial de Pastoral de la Salud, el cual debe tener una cabeza de ministerio o coordinador. Lo integran los que atienden enfermos, los ministros extraordinarios los cuales su principal misión no es repartir comunión en el templo sino la visita al enfermo, personas conocedoras de temas de salud que tengan formación cristiana, como también aquellos que muestran especial vocación por atender a los enfermos. Debe reunirse una vez por mes, para orar, estudiar un tema, revisar las tareas asignadas el mes pasado y establecer nuevas tareas.
El sacerdote por más ocupaciones que tenga debe en su agenda, tener espacio para atender enfermos, dará cuentas a Dios por no cumplir ese sagrado deber.
Tener un banco de datos de personas enfermas. Llevar el historial de visitas y el servicio pastoral ofrecido al enfermo.
No está bien, que le dejemos la pastoral de enfermos a los protestantes.
Tenemos el ejemplo de los santos: San Pio de Pietrelcina, San Camilo de Lelis, etc.

La Pastoral de la Salud como todas las pastorales las dirige el Párroco, pero no es el único responsable del apostolado. Se requiere personas que le digan padre “Aquí estoy” yo quiero ayudarle, dígame qué debo hacer, cómo debo hacerlo, cuándo, dónde, con quiénes. A otros el sacerdote, discerniendo los carismas los puede llamar a este servicio, es necesario dejar el miedo y escuchar la voz del pastor.

Sea oportuno recordarles LA VISITA PASTORAL AL ENFERMO: ¿CÓMO HACERLA?:

El contacto inicial: Cuando se visita a un enfermo es conveniente presentarse y motivar la visita. Una presentación sencilla, en la cual se da a conocer el propio nombre, sirve para personalizar el encuentro y para crear un clima favorable al desarrollo de la relación. En esta fase inicial la capacidad de observación por parte del agente de pastoral cumple una función significativa. Puede observar el ambiente que rodea al enfermo (tal como el clima físico y los objetos particulares presentes: flores, periódicos, fotografías, rosario, Biblia…) y captar las informaciones valiosas que tal ambiente puede proporcionarle. Aún más importante es observar al paciente mismo: las expresiones de su rostro, los sentimientos que deja entrever, para utilizarlos cuando se considere oportuno, con el fin de alimentar el diálogo. Además, el visitante tiene que poseer la capacidad de observarse a sí mismo y de valorar en qué modo su comportamiento y sus reacciones pueden favorecer u obstaculizar el diálogo.

El desarrollo de la conversación: Los primeros dos minutos de una visita son cruciales. Los interlocutores se estudian mediante el uso de distintos mecanismos verbales y no verbales.
Generalmente la conversación se orienta hacia uno de estos dos campos:

-conversión social: Se habla del «tiempo», de «fútbol”, de “política”, de las «últimas noticias”, como método para explorar el terreno o para disipar un poco la ansiedad. Pero también puede ser un método para evitar un verdadero encuentro. A veces el paciente prefiere mantener el contacto a este nivel, hablando de cosas que se refieren al mundo externo, no a su mundo. El problema nace cuando el agente no sabe captar las aperturas pastorales del paciente y concentra su atención en la conversación “social”;

Conversación pastoral: El diálogo se centra en el paciente: éste habla de “miedo”, de “condiciones físicas», de “preocupaciones familiares», de «necesidades religiosas» y otros temas similares. La conversación adquiere un tono personal. La capacidad de captar estas inquietudes y de contestar a ellas define el estilo pastoral.

La escucha es un factor determinante en el planteamiento de la relación.

Conclusión del diálogo La conclusión de la visita constituye un último e importante momento. Hay agentes de pastoral que no ven el momento de poner fin a un encuentro; otros tienden a concluirlo demasiado rápidamente; otros a quienes el enfermo no tiene más remedio que despedir de la mejor manera posible; y otros naturalmente, que saben calcular sabiamente el tiempo y la forma de llevar a su término una visita pastoral.
El estilo de la conclusión de un encuentro varía de persona a persona y de acuerdo con las situaciones. Son elementos recurrentes:

  • un sencillo saludo formal;
  • la promesa de volver o de un recuerdo especial en la oración;
  • una breve síntesis de los temas surgidos, subrayando progresos y metas;
  • una reflexión personal sobre la conversación mantenida;
  • una oración que resuma las preocupaciones y las esperanzas del enfermo.

Antonio Devia Mendez.Pbro.
Delgado Diocesano de Pastoral de la Salud
Vicario Judicial

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