María Santísima es Madre de Dios

La Santísima Virgen María, mujer por excelencia, la nueva Eva, exaltada no solamente por el catolicismo, sino por los musulmanes y otros tantos, es verdaderamente la madre de Dios. Es madre de Dios, porque es la madre de Jesucristo y Jesucristo es verdadero Dios y es verdadero hombre, luego María es Madre de Dios. María mujer predilecta, es venerada, no adorada, por los cristianos que saben de su papel importantísimo en la redención de la humanidad, la han percibido cercana, han entendido que Dios todo poderoso la podía preservar si mancha, siempre virgen, y luego su cuerpo incorrupto fue llevado al cielo al terminar su peregrinación en la tierra. Esta verdad, es defendida por la iglesia a través de los 4 dogmas marianos: 1.-María es verdadera Madre de Dios; 2.-María fue concebida sin mancha de pecado original (Inmaculada Concepción); 3.-María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto (Perpetua Virginidad); 4.- María fue asunta al cielo en cuerpo y alma (Asunción de María).

Recordemos que el «dogma» puede ser definido como una verdad revelada definida por la Iglesia. El concepto de dogma, abarca una doble relación: con la revelación divina y con la enseñanza autorizada de la Iglesia (Cfr. Núm. 85-95 del Catecismo de la Iglesia católica). Por ello un dogma es una verdad absoluta, definitiva, inmutable, infalible, irrevocable, incuestionable y absolutamente segura sobre la cual no puede flotar ninguna duda. Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Por eso, los dogmas constituyen la base inalterable de toda la Doctrina católica y cualquier católico está obligado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable.

Los dogmas tienen estas características porque los católicos confiamos que un dogma es una verdad que está contenida, implícita o explícitamente, en la inmutable Revelación Divina o que tiene con ella una «conexión necesaria». Para que estas verdades se tornen en dogmas, ellas necesitan ser propuestas por la Iglesia Católica directamente a su fe y a su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia (Papa o Concilio ecuménico con el Papa a la cabeza). Pues bien, los dogmas marianos antes mencionados gozan de este respaldo. Esta vez quisiera proponerles que miremos la formulación de dogma de: María es verdadera Madre de Dios.

Enseña la Iglesia de Dios, que María es verdadera Madre de Dios, esto lo muestra el símbolo apostólico (EL CREDO), muestra la base en el artículo que “nació de María Virgen” al referirse a Cristo. Por su parte, el Concilio de Éfeso (431), proclamó con San Cirilo líder de la ortodoxia católica, en contra de Nestorio un hereje que vivió entre el 381-451, que enseñaba que Jesús es dos personas (y dos naturalezas) en un cuerpo y que María es solo la madre del Jesús humano y que no debería ser llamada «Madre de Dios», “Si alguno no confesare que Emmanuel es verdaderamente Dios, y que, por lo tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Logo de Dios hecho carne. Sea anatema”, Dz. 113. Luego los diversos concilios ecuménicos que trataron este punto confirmaron esta doctrina.
Los soportes Bíblicos y magisteriales y o/o documentales que podemos citar son: Juan 2:1, Lucas 1:43, Gálatas 4:4, San Ignacio de Antioquia (Eph. 18:2), Orígenes, Eusebio de Cesárea, Atanasio, Epifanio y los Capadocios, entre otros, ya usaban el término, San Gregorio Nacianceno (Ep. 101, 4).
El concilio Vaticano II recogió en un capítulo de la Constitución Dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, el octavo, la doctrina acerca de María, reafirmando su maternidad divina. El capítulo se titula: «La bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia». Este documento presenta la maternidad divina de María en dos aspectos: 1) La maternidad divina en el misterio de Cristo. 2) La maternidad divina en el misterio de la Iglesia. «Y, ciertamente, desde los tiempos más antiguos, la Santísima Virgen es venerada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades…. Y las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los límites de la sana doctrina, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo por razón del cual son todas las cosas, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos» (LG #66). En el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI (1968): «Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y salvador nuestro»

Sea la oportunidad para invitarles a exaltar y honrar con los diversos títulos a MARIA SANTISIMA MADRE DE DIOS, basta leer las letanías pronunciadas al finalizar el Santo Rosario, tener en cuenta por ejemplo que ella es Reina, Madre de la Iglesia, Abogada, etc. Camino que podemos llevar a cabo a través de las diversas advocaciones, especialmente la de NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO. Esto lo hacemos imitando sus virtudes, meditando el Santos Rosario, rezando el ángelus e invocando a MARIA SANTISIMA con estas u otras oraciones compuestas para que los cristianos crezcamos en la amistad con ella y nos acerquemos a DIOS.

Antonio Devia Mendez. Pbro.
Vicario Judicial

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