La penitencia también se expresa en la práctica del ayuno y la abstinencia.

“Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante como hacen los hipócritas… Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para que la gente los vea… Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan”.


Estas frases del Señor Jesús que leemos en el Evangelio de San mateo en el capítulo 6, propias de la santa misa del miércoles de ceniza, son una llamada a vivir el tiempo de cuaresma en actitud de Oración, penitencia y obras de caridad.


Lógicamente un buen creyente hace sus oraciones con frecuencia y alimenta su vida espiritual con la práctica de los sacramentos y con la escucha atenta de la Palabra de Dios. Pero no sobra recordar que en este tiempo estamos llamados a ser más disciplinados y a propiciar más momentos para la oración personal y comunitaria.


No se debe dejar pasar este tiempo de cuaresma sin acercarse al sacramento de la penitencia. Hay que recordar que uno de los mandamientos de la ley de la Iglesia dice: “Confesarse por lo menos una vez al año y ojalá en tiempo de cuaresma”. La recomendación es no dejar para última hora, pues se tienen cincuenta días para la celebración de la pascua, y por lo tanto para prepararse de la mejor manera posible haciendo una buena confesión.


La penitencia también se expresa en la práctica del ayuno y la abstinencia. Se trata de hacer sacrificio que sea agradable a Dios. En el año litúrgico estrictamente hablando, no son sino dos días de ayuno: miércoles de ceniza y viernes santo. Eso sí, los viernes son todos de abstinencia. No echemos en saco roto esta disciplina de la Iglesia que no ha cambiado. El Catecismo nos recuerda que “Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia… y estos tiempos son particularmente apropiados para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, la comunicación cristiana de bienes” (CIC 1438).


La limosna, se expresa a través de las obras caritativas y misioneras. Sin hacer alarde por la ayuda al hermano necesitado, la llamada es para que en este tiempo, se incrementen las obras de caridad que todo buen cristiano pone en práctica regularmente.


Así pues, “el ayuno, la oración, la limosna, expresan la conversión, con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás” (CIC 1434). “La conversión se realiza en la vida cotidiana, mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho, por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución por causa de la justicia. Tomar la cruz y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia” (CIC 1435). Cuaresma es tiempo de penitencia y de reconciliación, tiempo de perdón y amor. Vivámoslo intensamente.


Finalmente, valga la pena recordar que estamos en el año mariano en nuestra Iglesia particular del Espinal. Pidamos por intercesión de la Santísima Virgen del Carmen de Apicalá que Ella entre en el hogar de todo buen cristiano como Reina y Señora; como Madre de Dios y Madre nuestra. Desde ya Felices pascuas de resurrección para todos.

+Orlando Roa Barbosa
Obispo de la diócesis del Espinal
Marzo de 2020

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