19 de abril de 2020 Domingo 2º de Pascua o de la Divina Misericordia

LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2,42-47; SALMO 117,2-4.13-15.22-24; LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 1,3-9; LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20,19-31:

En el marco de la fiesta de la Divina Misericordia, o segundo domingo de Pascua, ante las dificultades de la crisis económica, no sólo nacional, sino también mundial, por causa de la pandemia, es la palabra de Dios en esta primera lectura de los hechos de los Apóstoles, donde la primera comunidad cristiana nos da ejemplo, de manera especial a la familia, de cómo se debe vivir en comunidad, no solamente en lo espiritual, sino también en lo económico, donde todo lo tenían en común. El texto indica, “que perseveraban en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la oración y en la Eucaristía. Además, vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios”.
Que las familias, a ejemplo de las primeras comunidades, se ayuden entre sí, con la certeza que todos saldrán adelante, con la ayuda del Espíritu

Santo, por ello, unidos al salmo 118, en familia, dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia, y que sea la presencia de Cristo Resucitado el que los ayude a entender, que en los momentos difíciles de la vida familiar, es el Señor el que viene en la ayuda de la familia y el que les permite decir con el Apóstol Pedro: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final”.

La invitación a cada familia es, a no dejarse llevar por el pánico, ni por el miedo, aunque es de humanos sentirlo, pero recuerden las palabras de Jesús, en el Evangelio de San Juan, cuando Cristo Resucitado se les presentó a los discípulos, el primer día de la semana diciéndoles: “La paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado”.
Por segunda vez Jesús les dice: “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío” y les envió el Espíritu Santo, dándoles poder para perdonar los pecados, por ello les dice: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”.

Que en cada familia, aprendan a amar a la Iglesia, que creamos en los sacramentos, que no sean incrédulos como Tomás, que no creyó, por más que sus compañero le decían: “Hemos visto al Señor”, a lo que les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Pero el Señor que es misericordioso, a los ocho días se les presentó de nuevo, y después de desearle la paz, le dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Ante el impacto Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío”. Dísele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído”.

Para creer, encomendémonos a la Divina Misericordia, con la certeza que no quedaremos defraudados.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*