26 de abril de 2020 Domingo 3º de Pascua

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2,14.22-33; SALMO 15,1-2.5.7-8.9-10.11; PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 1,17-21; EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 24,13-35.

Cada familia, durante este tiempo, ha fortalecido la fe, el amor, la unidad y la ayuda mutua y, después de recibir el perdón de sus pecados, ha sido ungido por el Espíritu Santo, para anunciar la resurrección del Señor, a ejemplo del Apóstol Pedro, quien “el día de Pentecostés, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: “Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.

Que cada familia, unidos al salmo 15, pueda pedirle al Señor: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Tú eres mi Dios. Mi suerte está en tu mano. Con él a mi derecha no vacilaré; Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada”.

Que cada familia, sienta la ternura y la confianza de papá Dios, que las obras que realicen a lo largo y ancho de la peregrinación en esta tierra, sea para agradarle, como lo indica el Apóstol Pedro, como signo de “conversión”, ya que fuimos comprados por Cristo, no “con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha”. Esta entrega de amor de Cristo a la Iglesia y a los hombres, a ejemplo del Apóstol Pedro y de la primera comunidad Cristiana, debe llevar a todos los integrantes de cada familia, todos los días, a hacer la profesión de fe, a “creer en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y que le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios”.

De esta manera, cada familia caminará en la presencia de Cristo Resucitado, ya que él, los acompaña, les explica las escrituras y les ofrece la Eucaristía todos los días, de la misma manera que a dos discípulos de Jesús, “que iban camino a una aldea de Emaús”. Así lo narra el Evangelio de San Lucas en su capítulo 24: “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?. Ellos se detuvieron con aire entristecido, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?. Cristo Resucitado, después de explicarles las escrituras les dice: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?”.

Vemos como la presencia de Cristo Resucitado cambió la vida de los discípulos, desparecieron los miedos, las tristezas, las discusiones y con la confianza puesta Él y anunciando su experiencia, siguieron el camino del Evangelio.

Para que cada familia, salga de las dificultades, debe decirle al Señor, como los dos discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? . Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.

Que la experiencia en familia: Del aislamiento, de la celebración de la Semana Santa y del Tiempo Pascual; los lleve a amar la vida, la familia, la Iglesia y a celebrar con entusiasmo cada uno de los sacramentos, de manera especial la Eucaristía; pero también a decir con los discípulos: “ Era verdad, ha resucitado el Señor”.

José Orlando Salazar Duque. Pbro. PhD

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