5 de abril de 2020 Domingo de Ramos

TEXTOS BÍBLICOS: ISAÍAS 50,4-7; SALMO 22,8-9,17-20,23-24; FILIPENSES 2,6-11.

En este Domingo de Ramos, a típico, por las circunstancias que vive el mundo, con la pandemia del Coronavirus, donde los templos están cerrados, pero no solos, porque que allí estará su párroco celebrando la Semana Santa y orando por todos sus fieles y en la catedral el Obispo, el párroco, vicario parroquial y los sacerdotes que prestan su servicio, orando y acompañando a todas las familias, para que unidos en un solo corazón, celebremos tan sublime acontecimiento, como es la entrada triunfante de Jesucristo a Jerusalén, y unidos a una voz, con cada una de las familias de la Diócesis del Espinal, gozosos gritemos, como el pueblo de Israel, “Hosanna, Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor”, porque cada familia es “una pequeña Iglesia Doméstica”, que con corazón abierto a Cristo, a la Iglesia y a la trascendencia, no se cansa de agradecer, bendecir y alabar el nombre del Señor, a pesar de los momento en que vivimos, ya que sin duda alguna, estos momentos los permite el Señor, donde la familia saldrá fortalecida en la fe, la unidad, el perdón, la comprensión, y sobre todo en la oración personal y familiar.

La invitación es, que encabeza de papá o mamá, en este domingo de Ramos, celebren la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, y preparen el corazón de toda la familia, para vivir la Semana Santa en oración y recogimiento, aislados de los demás, pero todos muy cerca, para vivir juntos, durante esta semana, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, en estos días santos; y qué mejor forma de empezar, papá y mamá, bendiciendo los ramos en la familia, realizando una pequeña procesión dentro de su casa, como un signo visible para la familia, que Cristo es Rey y Señor de ella.
Después de la procesión, tomen su Biblia y busquen los textos que nos indica este domingo de Ramos y léalos con despacio, meditándolos y sacando el mensaje para la familia.

El profeta Isaías, en su capítulo 50,4-7: Deja escapar palabras alentadoras, en un momento de dificultades y crisis para su pueblo. Pidan a Dios, para que ustedes los padres, puesta la confianza en el Señor, y a ejemplo del profeta Isaías, de sus labios broten mensajes de esperanza para sus hijos, quizás alguno de ellos, sumergidos en la tristeza y la angustia, al escuchar y ver por las redes sociales, el desajuste de una sociedad, nunca vista, por la enfermedad y la muerte de millones y millones de seres humanos, por la pandemia que está azotando al ser humano. Que ustedes padres sean la fortaleza de sus hijos, nietos y familia y que juntos, aferrados a Jesucristo doliente, en pocos días, digan: Cristo Nuestro Señor, escuchó nuestras oraciones.

El salmo 21,8-9.17-18a.19-20.23-24, en familia, deben reflexionar en la angustia del Hijo de Dios, cuando exclama y dice:”Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza”. Que todos aprendan, que ante los problemas, hay que conservar la calma, pero ante todo acudir al Señor, con la certeza, que él es el único que los puede ayudar, y de manera especial, en los momentos más difíciles de la vida. Que los hijos aprendan, que es a Jesús a quien se acude y no a la droga o a cualquier otra clase de vicios, ellos destruyen y mata,, Cristo salva y da vida.

Meditar en la lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11: lleva el corazón a agradecer al Señor, porque se descubre, que se despojó de todo para salvarnos, para retornarlos a la casa del Padre. “Se despojó de sí mismo tomando condiciónde siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la Muerte y Muerte de Cruz”.
Que al contemplar en Jesús, la naturaleza humana y la divina, con humildad y entrega, como nos lo dice el Apóstol Pablo: “Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre”. Que la familia, de rodillas pidan perdón al Señor por haber estado tan apartados de Dios y de la Iglesia, que hagan la profesión de fe y confiese que Jesús es el Rey y Señor, de la familia y de cada corazón.

La lectura de la Pasión del Señor, narrada por el Evangelio de San Mateo en su capítulo 26,14–27,66: prepara el corazón de la familia, para el recogimiento espiritual de esta semana en casa, y para la reflexión del dolor y el sufrimiento de Cristo, en su hora de retornar al Padre, pero ya con su misión cumplida, de haber dado la vida para rescatar al hombre del pecado.
En el marco de este acontecimiento, la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es presentada por los Evangelios en diferentes escenas que nos lleva a contemplar este misterio, tales como la preparación para la muerte, la conspiración, la traición de Judas Iscariote, la Cena del Señor, el anuncio de la negación de Pedro, la oración en Getsemaní, el arresto de Jesús, Jesús ante la junta Suprema, la negación de Pedro, Jesús ante Pilato, la Crucifixión y sepultura de Jesús.

Después de leer y reflexionar en la Pasión del Señor, en familia, no puede seguir lo mismo, debe de haber un cambio positivo, dejando a un lado las divisiones, peleas, tibieza y toda clase de pecado e injusticia; que sin duda alguna, golpea negativamente a la familia, pero cuando ésta, aprende de Simón el Cirene que ayuda a cargar su cruz, de José de Arimatea que ofrece su tumba para sepultar el cuerpo de Jesús, de las mujeres discípulas de Jesús, que están presentes en la cruz, en la sepultura y en la tumba vacía, pero sobre todo, cuando la familia aprende de la Santísima Virgen María que no lo abandona, que permaneció a su lado y luego al lado de los discípulos para darles fuerza de continuar la misión encomendada por su Hijo, entonces la familia, a pesar de las dificultades, seguirá el camino de Cristo, sirviendo sin cansancio.

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