CORONAVIRUS COVID 19, ¿BENDICION O MALDICION?

Frente a la nueva realidad de la cual nadie es patrón, dueño ni señor, ni siquiera administrador, son muchas las páginas que se han llenado describiendo la triste realidad que asusta al mundo y lo tiene en jaque. Muchos quieren explicar lo que no conocen, otros quieren consolar estando desconsolados, otros se dedican a publicar cifras, señalar responsables, buscar culpables, otro tanto busca ayudar a los más necesitados, otros en busca de una vacuna para quitarnos el problema de encima, y poder seguir como antes, etc. Lo cierto es que es una nueva realidad que el mundo entero no esperaba y nos tiene a todos buscando salidas.

Esta pandemia nos guardó de un momento para otro en nuestras casas, sin despedidas, algunos peleados, otros creyendo que lo que pasaba no era nada serio y al día siguiente todo sería igual que ayer. Todo se quedó quieto. Los grandes escenarios quedaron vacíos incluyendo los templos. Esto nos obliga a ser pobres y contemplativos, nuestro quehacer quedó limitado, no nos queda más remedio que ser y hacer lo que se pueda desde la casa.

Después de la cuarentena que estamos viviendo nada será igual. Muchas personas habrán superado la crisis, muchos otros habrán muerto bien sea del miedo o por la enfermedad actual o porque su ciclo normal de vida llega a su fin en este mismo tiempo. Pienso en el desenlace de todo y ojalá no sea fatal, pues si el pecador se arrepiente como el apóstol Pedro se salva, pero si como judas se olvida del amor que Dios le tiene termina perdiendo la vida. Un pueblo encerrado y hambriento no resiste mucho. Un pueblo suelto en semejante pandemia es un riesgo grande. Aquí sale a flote no solo la fe, sino la disciplina que es lo que en últimas nos lleva a triunfar en la vida. De nada sirve la fe sino se sostiene en la disciplina, no se puede jugar a ser un día creyente y al otro día no. No podemos seguir separando la fe y la vida, es hora de vivir lo que creemos.

Algunas personas piensan apocalípticamente, dicen que es el comienzo del final de todo, ya tenemos datos de varias ocasiones en las que algunos creyentes han caído en el milenarismo. Yo no creo que sea el final de todo ni que sea la ira de Dios manifestándose, pero si es justicia Divina que permite que la tierra nos haga un fuerte reclamo y nos exija un nuevo modo de vivir. Ojalá lleguemos a entender la situación, es un tiempo de oro, no es un simple encierro, es la oportunidad para interiorizar y pensar en nuestro modo de ser y de vivir, se llegó la hora de afrontar la verdad, de asumir las consecuencias de los actos de la humanidad dividida y tan herida.

Les invito a reconocer la realidad, no la tenemos fácil si seguimos pensando igual que ayer, si continuamos con la indisciplina y el desorden de siempre, es un tiempo para volver al orden, para recuperar la comunión con Dios y con nuestros hermanos. Les invito a mantener viva la esperanza, por favor si se siente triste busque ayuda por algún medio virtual, ore a Dios, diríjase a él con el método que le sea más fácil establecer comunicación con él.

El virus COVID 19 nos dejó al desnudo como a Adán y Eva (Génesis 3,10), no vale la pena taparnos con una hoja (la mentira, el engaño), nos dejó ver que somos frágiles, que estábamos divididos, que estábamos lejos del creador y destruyendo la creación. Todo se había vuelto un negocio, la corrupción tocó todos los estamentos de la humanidad al punto de querer como cuando el hombre hizo la torre de babel escalar tan alto (Génesis 11) para corromper el cielo y callar incluso a Dios.

Los sistemas de salud de las naciones no alcanzan a contener la pandemia, ellos colapsan sin remedio, el enemigo los supera, los médicos y todo el personal de salud tienen buena voluntad y trabajan sin descanso incluso inmolando sus propias vidas, pero son insuficientes. La pandemia supera todo lo que se tenia presupuestado, todo lo conocido hasta el momento ha quedado pequeño frente a un ser microscópico, pero tan letal. El problema es grande, se requiere mesura, se requiere reflexión para entenderlo y enfrentarlo, se requiere coraje, se requiere amor por Dios y por la humanidad. Es más, el mejor modo de enfrentarlo es quedarse lo más quieto posible.

Quiera Dios que podamos reencontrarnos y con salud sin mucho qué lamentar. Solo esperar que Dios nos proteja. Todo esto lo detiene Dios, en las manos de él estamos. Dejémosle a él lo imposible, y nosotros hagamos lo que es posible. En el momento nos han pedido quedarnos en casa, pues eso haremos, y desde casa ayudaremos con lo que este a nuestro alcance.

El coronavirus COVID 19, es un medio permitido por Dios para domar los corazones indomables, no es un fin, no es una maldición, podría convertirse en bendición, es un enemigo si lo atacamos, no es un amigo, es un compañero que se quedará un tiempo y toca domesticarlo, del modo como se domestica una serpiente. En fin, no quiero hacerme extenso, no quiero sembrar pánico, no quiero darles falsas expectativas, solo quiero animarlos a seguir caminando, esta vez con mucha cautela, acostumbrarnos toma tiempo. Sea la oportunidad para desearles siempre lo mejor, para bendecirlos, para decirles que somos una pertenencia de Dios, en la vida o en la muerte somos del Señor (cf. Romanos 14, 7-9), en él vivimos, nos movemos y existimos.

Antonio Devia Méndez. Pbro
Vicario Judicial

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