Editorial

Monseñor Orlando Roa Barbosa y el sacerdote José Orlando Salazar Duque en el ejercicio de su misión pastoral.

Con estas palabras de nuestro Señor Jesucristo, dirigidas al Padre en su oración sacerdotal, que leemos en el evangelio de San Juan 17,17, inicio este breve editorial del mes de mayo para nuestro periódico diocesano “La Misericordia”.

Estoy pensando en el Obispo, los sacerdotes, las religiosas y religiosos que servimos en el perímetro de nuestra Iglesia particular del Espinal. En este tiempo de coronavirus he hecho el esfuerzo de mantener viva la comunicación, especialmente con los sacerdotes… Me edifica enormemente su actitud. Ninguno se queja, ninguno se lamenta de la situación; ninguno reclama ni pide consideraciones especiales. ¡Qué espíritu de sacrificio y de austeridad!
El gobierno nacional, departamental y municipal; las fundaciones y entidades de beneficencia, los periodistas, noticieros de radio y televisión, las redes sociales, etc. piensan en muchas personas y sectores vulnerables de nuestros pueblos, que sufren por causa de esta situación. Todos los días vemos en las noticias la justa solidaridad, consideración y respecto que estamos llamados a tener con los médicos, paramédicos, enfermeras, enfermeros, personal administrativo de clínicas y hospitales; agentes de seguridad, policías que sirven a lo largo y ancho del país, se nos llama la atención para no descuidar al migrante y habitante de la calle… Y eso está bien; es justo y necesario. En fin, son muchos los que “ponen el pecho” a la situación que se vive en Colombia y en el mundo. En todos ellos debemos pensar. Pero, pocos hablan de los sacerdotes, pocos piensan en ellos. Quiero invitarlos a pensar también en nuestros sacerdotes, en el párroco, en el vicario parroquial, en la religiosa, en el religioso, en el misionero que entrega su vida por la comunidad. Ellos también ahora necesitan, humanamente hablando, experimentar la cercanía de su Obispo, de sus hermanos de presbiterio, de su propia familia y por consiguiente de la comunidad.

Todos los míos están en su base, con el sacrificio que ello significa, tratando de acompañar a sus feligreses de la mejor manera posible, espero y pido al Señor que no se sientan abandonados de su pastor ni tampoco de su comunidad parroquial, de aquellas personas a las cuales sirven y por quienes gastan su vida con entrega generosa y desinteresada.

Los sacerdotes no han dejado de celebrar la Santa misa; ni mucho menos de hacer las oraciones que enriquecen su vida espiritual; algunos han aprovechado para hacer retiro, para estudiar, para fortalecer su respuesta vocacional a la llamada que el Señor les ha hecho. Es decir, siguen tratando de crecer en santidad, haciendo honor a la oración de Nuestro Señor Jesucristo: “Santifícalos en la verdad”.

Queridos feligreses, por favor, pidan al Padre por sus sacerdotes; acompañen también y manifiesten cercanía y gratitud a sus sacerdotes. Miren cómo están y qué necesitan en este tiempo de tantas dificultades. Hermanos de mi querida diócesis del Espinal, no se desentiendan de ellos. En Mayo se celebra la fiesta del Buen Pastor, será el cuarto domingo de pascua… No dejen de saludarlos ni dejen de tener un detalle con ellos. Nuestro Mayoral, el Señor Jesús nos acompañe siempre. Bendiciones para todos en este año, especialmente mariano en nuestra diócesis del Espinal.

+Mons. Orlando Roa Barbosa
Obispo de la diócesis del Espinal

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